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APUNTES ESPIRITUALES

Cómo recuperar vuestras energías.

Frecuentemente os dejáis arrastrar por ese desasosiego que se ha convertido actualmente en el estado habitual de los seres humanos y que es tan perjudicial para su equilibrio físico y psíquico. Debéis velar sobre vuestro sistema nervioso procurándole de vez en cuando un descanso. Por ejemplo, os retiráis a una habitación tranquila, os tendéis boca abajo sobre una cama, o en el suelo sobre una alfombra, con los brazos y las piernas relajados, os dejáis llevar como si os sumergierais en un océano de luz, sin moveros, sin pensar en nada... uno o dos minutos después, os levantáis recargados. Eso es todo; es poca cosa, pero es muy importante.

Seguramente diréis que no siempre es posible acostarse de ese modo. Pues bien, quedaos sentados; lo esencial es que lleguéis a romper esta tensión en que vivimos, Hay que saber detenerse, y no sólo una o dos veces al día, lo cual no es suficiente, sino diez, quince, veinte veces. Aunque esto no dure más que uno o dos minutos, lo esencial es que os acostumbréis a hacerlo con frecuencia. Cada vez que tengáis un momento libre, no importa dónde os encontréis, en lugar de perder vuestro tiempo o de poneros nerviosos porque os hacen esperar, aprovechad esta ocasión para apaciguaros y encontrar vuestro equilibrio: reanudaréis después vuestras actividades con nuevas fuerzas.

 

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La nutrición considerada como un yoga. 

¡Cuántas personas desequilibradas a causa de una vida trepidante buscan algún sistema para equilibrarse! Y practican yoga, hacen meditación trascendental o bien aprenden a relajarse. Eso está muy bien, pero según mi punto de vista existe un ejercicio más fácil y más eficaz: aprender a comer. ¿Os sorprende? ¿Por qué? ¡No es posible comer de cualquier manera, en medio de ruidos, nervios, prisas, e incluso disputas; y luego ir a practicar yoga! ¿No es mejor darse cuenta de que cada día es una oportunidad para hacer dos o tres veces un ejercicio de descanso, de concentración, de armonización de todas vuestras células?

En el momento de sentaros a la mesa comenzad por expulsar de vuestro espíritu todo aquello que puede impediros comer en paz y en armonía. Y si no alcanzáis este estado enseguida, esperad para empezar a comer hasta el momento en el que hayáis conseguido calmaros. Cuando coméis en un estado de agitación, de cólera o de descontento, introducís en vosotros desasosiego, unas vibraciones desordenadas que se transmiten a todo lo que hagáis después. Incluso cuando intentáis dar una impresión de calma, de control, sale de vosotros algo agitado, tenso y cometéis errores, ofendéis a las personas o a las cosas, pronunciáis palabras torpes que os hacen perder amigos y os cierran las puertas... Mientras que si coméis en un estado de armonía, resolvéis mejor los problemas que se os presentan después, e incluso si durante todo el día os veis obligados a correr de aquí para allá, sentís dentro de vosotros una paz que vuestra actividad no puede destruir. Comenzando por el principio, por lo nimio, se puede llegar muy lejos.

No creáis que la fatiga se produce siempre porque habéis trabajado demasiado. No; muy a menudo se produce por un despilfarro de fuerzas. Y precisamente, cuando tragamos el alimento sin haberlo masticado bien, sin haberlo impregnado suficientemente con nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, es más difícil de digerir, y el organismo, que tendrá dificultad para asimilarlo, no podrá beneficiarse totalmente.

Cuando coméis sin ser conscientes de la importancia de este acto, aunque vuestro organismo se fortalezca sólo recibe las partículas más groseras, más materiales, lo cual es poco comparado con las energías de la que os beneficiaríais si supierais verdaderamente comer en silencio, concentrándoos en el alimento para recibir los elementos etéricos y sutiles. Así pues, durante la comida, concentraos en el alimento proyectando en él rayos de amor; en ese momento se produce la separación entre la materia y la energía: la materia se disgrega, mientras que la energía penetra en vosotros y podéis disponer de ella.

En la nutrición lo esencial no son los alimentos en sí, sino las energías que estos alimentos contienen, la quintaesencia aprisionada, pues en esta quintaesencia está la vida. La materia del alimento sólo sirve de soporte, y justamente esa quintaesencia tan sutil, tan pura, no debe únicamente servir de alimento a los planos inferiores, al cuerpo físico, al cuerpo astral y al cuerpo mental, sino que debe también servir para alimentar el alma y el espíritu.

 

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Revisad Periódicamente Vuestra Vida.  

Es saludable para vuestro perfecto desarrollo el acostumbraos a revisar periódicamente vuestra vida ¿Por qué? Porque con demasiada frecuencia, a causa de las actividades y de las preocupaciones con las que os enfrentáis, vuestra vida tiende a tomar una orientación que os aleja cada vez más de vuestro ideal espiritual. Os olvidáis de que permaneceréis sobre la tierra poco tiempo, que tendréis que dejar aquí todas vuestras adquisiciones materiales, así como vuestros títulos y vuestra posición social que tanto os preocupa conseguir. Diréis que esto todo el mundo lo sabe. Sí, todo el mundo lo sabe, pero todo el mundo lo olvida, y vosotros también os dejáis arrastrar por los ejemplos que veis a vuestro alrededor. Por eso es indispensable hacer de vez en cuando una pausa para mirar atrás, analizar la dirección que estáis tomando, las actividades en las que os estáis metiendo, y seleccionar cada vez para no conservar más que lo esencial.

 

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El método de sonreír.

Existe un método formidable para cuando no os encontráis en buen estado porque os habéis abandonado, porque habéis recibido malas noticias o porque os han fastidiado: se trata de serviros del poder de la sonrisa. Incluso cuando estéis solos, procurad sonrreir para mostraros a vosotros mismos que estáis por encima de todas las dificultades. Pensad que sois invulnerables, inmortales, eternos y sonreíd como si pasarais ante un espejo. Esta sonrisa será quizás al principio un poco torcida, pero no importa, supone ya el comienzo de un mejoramiento. Pues detrás de este método de la sonrisa, está el método del amor. Tan pronto como os decidáis por este método os sentiréis inmediatamente mejor dispuestos, y estando mejor dispuestos encontraréis fácilmente soluciones a vuestros problemas.

 

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El método del amor. 

Cuando estáis agitados, angustiados, y os sentís desgraciados, procurad reaccionar. En lugar de corroeros o de ir molestando a los demás por todas partes, quedaos tranquilos y empezad haciendo algunas respiraciones profundas. Luego pronunciad una palabra amorosa, haced un gesto amoroso, enviad un pensamiento amoroso... Constataréis que lo que fermentaba y se pudría dentro de vosotros ha sido expulsado. Llamando al amor habéis abierto una fuente en vosotros; ahora dejadla trabajar, y lo purificará todo. Ved que fácil es, basta con abrir nuestro corazón para desencadenar el amor. Intentadlo y os preguntaréis porqué no utilizasteis este método antes. Oímos hablar de amor, y nos reímos; jugamos con el amor en lugar de servirnos de él como un medio de salud.

Vivir amorosamente es vivir en un estado de conciencia muy elevado que se refleja en todos los actos de la vida, es un estado que lo armoniza todo dentro de vosotros, que os mantiene en perfecto equilibrio, un estado que es fuente de alegría, de fuerza, de salud.

 

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La respiración.

"Masticar" el aire para extraer de él la energía.

En el transcurso del día, acostumbraos a hacer algunas respiraciones. Pero para que realmente os aprovechen, es preciso que estas respiraciones sean lentas y profundas. Porque el aire puro debe tener tiempo de descender a los pulmones para llenarlos, expulsando así el aire viciado. Y no sólo hay que respirar profundamente, sino que de vez en cuando es bueno retener el aire algunos segundos en los pulmones antes de soltarlo. ¿Por qué? Para masticarlo, pues los pulmones saben masticar el aire como la boca sabe masticar los alimentos. El aire que aspiramos es como un "bocado" de comida lleno de energías, y hay que dar tiempo a los pulmones para masticarlo y digerirlo. Cuando respiráis así, hacedlo con la conciencia de que a través del aire, recibís en vuestro cuerpo la vida divina.

 

Dimensión psíquica y espiritual.

Los ejercicios respiratorios actúan beneficiosamente sobre la salud, ciertamente, pero también sobre la voluntad, sobre el pensamiento. Comprobadlo: si tenéis que levantar una carga, lo hacéis más fácilmente después de haber hecho una respiración profunda. En los pequeños acontecimientos que suceden en la vida cotidiana, en vuestras relaciones con los demás, pensad también en respirar, y ello os permitirá dominaros. Antes de una conversación, por ejemplo, para que la discusión no degenere en disputa, acostumbraos a respirar bien. Y si estáis confusos, ¿por qué no pedís ayuda a los pulmones? Están ahí para ayudaros. Durante dos o tres minutos, inspirad y espirad profundamente, vuestros pensamientos se aligerarán y se aclararán. Necesitáis ayuda, lo cual es normal, pero, ¿por qué la buscáis siempre en el exterior, cuando está dentro de vosotros?

Si llegáis a comprender el sentido profundo de la respiración, sentiréis que poco a poco vuestra propia respiración se funde con la respiración cósmica. Espirando, pensad que llegáis a ensancharos, a extenderos hasta alcanzar los confines del universo; después, al inspirar, volved hacia vosotros, hacia vuestro yo, que es como punto imperceptible, el centro de un círculo infinito. De nuevo os dilatáis, y seguidamente os contraéis... Descubriréis así este movimiento de flujo y reflujo que es la clave de todos los ritmos del universo. Al tratar de concienciarlo en vosotros mismos, entráis en la armonía cósmica, realizáis un intercambio entre el universo y vosotros, pues al inspirar recibís elementos del espacio, y al espirar proyectáis algo de vuestro corazón y de vuestra alma.

El que sabe armonizarse con la respiración cósmica, penetra en la conciencia divina. El día en que sintáis esta dimensión, querréis trabajar durante toda vuestra vida inspirando la fuerza y la luz de Dios para dar después esta luz al mundo entero. Porque la espiración no es otra cosa que la distribución de la luz que se ha logrado extraer del ser universal.

La respiración consciente aporta bendiciones incalculables para la vida física, emocional, intelectual y espiritual. Es preciso que observéis los efectos positivos de vuestro cerebro en todas vuestras facultades; es un factor muy poderoso en todos los aspectos de la vida. Nunca dejéis de lado esta cuestión.

 

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Permaneced inquebrantables.

Debéis relacionaros con los demás seres humanos, vivir con ellos, ayudarlos, amarlos, pero cuidad de no compartir sus debilidades. Dadles algunas partículas, algunos rayos de vuestro corazón y de vuestra alma, pero sin perder nada de vuestro ideal, es decir, sin hacer concesiones ni transigir sobre los principios espirituales, permaneciendo siempre honestos, rectos, bondadosos. Dando muestras de flexibilidad, debéis permanecer sólidos e inquebrantables en vuestras convicciones.

Un verdadero servidor del Ser de Luz permanece inconmovible en su amor y en su fe, aunque le corten en pedazos. Pero para llegar a ello, hay que poseer los conocimientos de la Ciencia iniciática. El que se imagina que sin estos conocimientos podrá hundirse en los torbellinos de la vida y salir intacto, se equivoca. ¡Tantas cosas pueden seduciros, perderos, desequilibraros! Si presumís de fuertes, sucumbiréis como los demás. Así pues, instruios, desarrollad vuestra voluntad, y sobre todo esforzaos para mantener vivas en vosotros todas las verdades de la Enseñanza. Decíos: "Sé que no podré escapar nunca a las realidades cotidianas, pero debo estar atento, y ante cualquier cosa que ocurra, no perder mi ardor, mi entusiasmo, mi esperanza". Agarráos a estas verdades, gracias a la meditación y a la oración aspirad algunas bocanadas de oxígeno, y luego, ¡os enfrentáis a la realidad! De esta manera, sí, os volveréis verdaderamente fuertes y poderosos.

 

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Profundizad una verdad antes de hablar

En la vida espiritual existe una regla que exige que cuando recibimos una verdad, comencemos viviéndola antes de querer predicarla a nuestro alrededor. Sí, es una regla importante que hay que tener en cuenta. Tenéis que experimentar una verdad, ejercitaros con ella, y cuando por fin llegue a ser carne de vuestra carne, os sentiréis tan fusionados con ella que nada en el mundo podrá hacérosla perder. Mientras que una verdad que acabáis de aprender y que divulgáis a diestro y siniestro al día siguiente, seguro que os abandonará: la expusisteis en la plaza como una mercancía, y no os pertenece, y enseguida os sentís de nuevo débiles y desgraciados. Por consiguiente debéis comenzar guardándola para vosotros, con el fin de que os aporte fuerzas y os ayude a triunfar en las pruebas que tendréis que atravesar. A partir de entonces, ya no os abandonará.

Mientras no hayáis vivido y experimentado una verdad, no forma parte de vosotros; por esta razón puede abandonaros y deberéis luchar y sufrir para volverla a encontrar. Tenéis que guardarla algún tiempo, vivir con ella para hacerla vuestra; entonces, no sólo no os abandonará, sino que cuando la comuniquéis a los demás, tendrá tal fuerza, tal poder, debido a vuestro acento de sinceridad, que llegaréis a convencerles. El timbre de vuestra voz, las emanaciones que saldrán de vosotros serán realmente persuasivas, porque guardasteis mucho tiempo esta verdad para vosotros mismos y guardándola la habéis reforzado.

 

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