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  Compensaciones y consuelos.

Estamos aquí, en esta Tierra para vivir espiritualmente. Esto significa vivir en Unidad con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea, con los seres humanos, con los animales y con toda la Tierra en la que nos desenvolvemos. Vivir una vida espiritual significa descubrir la relación personal con el único Ser que es verdaderamente espiritual. Da exactamente igual que lo llamemos Dios, Alá, Gran Espíritu o Ser Supremo de Luz, pues la esencia de este ser es la misma.

Todos los diferentes aspectos de la vida espiritual tienen relación con el conocimiento, el amor y el sacrificio. Pero, a pesar de nuestro deber de vivir espiritualmente, casi toda la humanidad vive de forma materialista, cruel e ignorante. Y, aunque sus formas exteriores lo desmientan, esta manera de ser provoca en el propio ser humano un sentimiento de soledad y un sufrimiento que hace de la vida un peso insoportable. Pocos son los que recorren el camino que les muestra la espiritualidad más elevada y, a la vez, más sencilla, la única senda que permite surgir el gozo y la felicidad. Casi todos, en su tozudez e ignorancia, se obstinan en tropezar por los caminos del error.

Una compensación o consuelo son las cosas que hacemos, o a las que nos dirigimos, para sentirnos cómodos y seguros en momentos de inseguridad o dolor emocional. Es ese cigarrillo que algunas personas fuman cuando están disgustadas o preocupadas. Es el helado de chocolate que algunos comen después de haber roto con alguien; es la cerveza o licor que se toma al final de la jornada para “aliviar” la tensión del día; es el ir de compras a lo loco cuando se tiene un sentimiento de depresión, etc. Se puede intentar encontrar consuelo y compensación con la compra de artículos de lujo, como joyas o ropas caras, o en la compra de artículos cotidianos, como cigarrillos y comida. También se puede intentar encontrar consuelo buscando refugio en recuerdos agradables de la infancia o de la juventud, sencillamente del pasado.

Si se recurre a la comida, a la bebida, al tabaco, incluso podría ser al propio trabajo, para aliviar el disgusto o la incomodidad en la que está sumida la propia vida, se evita ver lo que en realidad produce dolor. Después de que se ha fumado un cigarrillo o comido un trozo de pastel, el problema sigue estando ahí, no ha desaparecido porque se le haya evitado. Nuestros problemas, el problema que hacemos de nuestra vida, sólo puede resolverse desde la espiritualidad. Es necesario asumir la responsabilidad, responsabilizarnos de nuestra vida y de nuestros actos. No podemos pensar que alguien vendrá y se encargará de solucionarnos nuestros problemas.

Siempre tenemos ante nosotros la posibilidad de escoger el camino de las compensaciones y de los consuelos que nos aleja de la Luz. Se busca en él la compensación y el consuelo en un intento de escapar del sufrimiento y de la soledad que causa la propia vida errada. Nos perdemos en compensaciones y en consuelos cuando no queremos ver lo que somos, la razón por la que estamos aquí ni lo que debemos realmente hacer con nuestras acciones y con nuestra vida.

Los deseos obsesivos, el conocimiento de saber lo que tenemos que hacer y lo que realmente hacemos, la lucha interior, las inseguridades y la resistencia que oponemos a cualquier cosa que amenace nuestro sistema de creencias, todo ello representa una fuente de sufrimiento. Cuando nuestras creencias son cuestionadas, amenazadas o se ven agitadas nos angustiamos y deprimimos. Cuando reaccionamos inconscientemente ante las personas o circunstancias, perdiendo la consciencia, también entramos en la esfera del sufrimiento. Entonces buscamos consuelo y compensación, y escondemos la cabeza bajo el ala. Nos ponemos a la defensiva, echamos la culpa a los demás o a las circunstancias y nos negamos a asumir la responsabilidad de lo que nos ocurre en nuestra vida. Casi todos esperamos que la vida nos de siempre lo que deseamos. Las circunstancias no pasan simplemente, sino que somos nosotros mismos los que creamos todas las situaciones por la manera en que reaccionamos ante los problemas y ante todo lo que acontece.

Cuando vivimos espiritualmente nos encontramos con ese sentimiento interior que nos hace sentir bien, felices y con buenas vibraciones. Andaremos el camino espiritual únicamente cuando consideremos cada situación, sin que nos parezca buena o mala, como una experiencia que nos brinda la oportunidad de aprender a ser conscientes y a obrar adecuadamente. Viviremos espiritualmente cuando asumamos la responsabilidad de nuestras acciones equivocadas, cuando seamos conscientes de nuestros viejos hábitos, a los que estamos aferrados por el egoísmo y el miedo y no nos perdamos en compensaciones y consuelos.

 

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