La Página de la Vida / www.proyectopv.org Página Principal

   Recibe tu Boletín            Vídeos             Libros, presentaciones, posts...

 
   
 
 
 
 
Búsqueda personalizada
 
 

 

Dios en el amor.

Sólo la persona espiritual vive el milagro de la Creación. Vivimos rodeados de milagros y no nos damos cuenta. Todo lo que acontece es portentoso. Todo lo que nos parece ordinario es, en realidad, un milagro, el milagro invisible y humilde de todos los días. La Creación no fue un acto aislado de Dios, un acto remoto en el tiempo, sino que es un acto eterno y que está aconteciendo a cada instante ante nuestros ojos. Estamos siendo creados a cada instante, sacados a cada momento de la nada. El Universo entero es un perpetuo milagro, y lo son los acontecimientos más comunes y cotidianos igual que los que puedan parecernos más sorprendentes.

A veces resulta difícil distinguir entre el milagro y la coincidencia. En realidad no existe la casualidad, lo que se suele llamar casualidad no es más que la voluntad de Dios con otro nombre. A veces se hace difícil reconocer la voluntad de Dios porque está inmersa en este plano de la realidad, en las leyes naturales y en la historia, en los fenómenos físicos, los accidentes, la casualidad y la coincidencia. Pero todo esto es la Providencia de Dios.

Sólo llamamos providencial a lo que es extraordinario en nuestra vida, y también sólo a lo que nos conviene o creemos que nos conviene. Consideramos providencial salir ileso en un accidente de tráfico o no haber tomado el avión que se estrelló, pero no nos damos cuenta de que el perecer en un accidente de tráfico o el tomar el avión que se cayó es igualmente providencial. En el fondo esto no es más que creer que hay dos dioses, el bueno y el malo, y que la Providencia es el triunfo del dios bueno sobre el dios malo, el triunfo del dios bueno sobre el dios de la catástrofe y el caos. Pero no hay más que un solo Dios, y nada en el Universo escapa a sus designios, ni siquiera nuestras equivocaciones. Los efectos y las consecuencias de nuestros errores también son providenciales. Providencial no es sólo lo que vemos como favorable, sino también lo que nos parece desfavorable, no es sólo lo extraordinario, sino también lo ordinario, y no sólo lo que acontece, sino también lo que no acontece.

Muchas veces no reconocemos a la Providencia porque nuestra voluntad es contraria a la voluntad de Dios, y contrariamos a la Providencia. Pero si vivimos espiritualmente vemos obrar maravillosamente a la Divina Providencia en nuestra vida y el acaso, lo imprevisto y todo nuestro acontecer diario se vuelve lleno de sentido, toda nuestra vida se llena de coincidencias admirables y de milagros.

La espiritualidad es nuestra verdadera manera de ser. No hay dos hojas iguales, como tampoco hay dos personas iguales. Pero la equivocación nos hace a todos iguales, como presos con un mismo uniforme. En cambio, todas las personas espirituales son distintas, porque la espiritualidad es la realización plena de la personalidad, el reencuentro de esa identidad que tenemos todos los seres.

No sabemos bien qué es un árbol o una ventana. Todas las cosas son muy misteriosas y extrañas y si olvidamos su extrañeza y su misterio es tan sólo porque estamos habituados a verlas. Comprendemos las cosas de manera muy vaga, no sabemos que es la Creación y, ni siquiera, que son las cosas. Pero casi todos se creen el centro del Universo, y por eso viven en un Universo falso, como el Universo de los astrónomos antes de Copérnico. Les interesan las cosas en la medida en que sirven a sus pequeños intereses. Pero sólo se puede recorrer el más elevado camino espiritual si Dios, la Verdad, es el centro del propio Universo. La mayoría de las personas se sienten solas en el Universo y desprotegidos como si vivieran en un Universo gobernado por el acaso. Se sienten solas y desvalidas en un mundo hostil, como niños perdidos en el bosque, y esto es así porque no viven conscientemente ni obran adecuadamente.

 

Menú de este tema

Home