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INTRODUCCIÓN
Estamos
degradando y destruyendo la Tierra. Cuando se produce una cantidad
desorbitada de productos y desechos como papel, vidrio, plástico, materia
orgánica, materia fecal, disolventes, plaguicidas, residuos químicos o
sustancias radioactivas, etc., se afecta de manera directa las
características físicas y químicas del medio y se producen innumerables
efectos sobre seres vivos.
El suelo de la Tierra se erosiona, se degrada el aire,
que se encuentra sucio, y los ríos y los mares se han convertido en
alcantarillas y cloacas. Nuestro planeta atraviesa una crisis ambiental de
proporciones inéditas. El modelo dominante de explotación de los recursos
naturales, la forma –que no se puede mantener- en que malgastamos nuestros
valiosos recursos naturales y la magnitud de las actividades altamente
contaminantes nos están conduciendo a una situación límite. De continuar las
tendencias actuales en la explotación indiscriminada de los recursos
naturales, el mundo se encamina hacia una catástrofe ecológica de
proporciones globales, a la cual no escaparán ni ricos, ni pobres.
La deuda económica de los países subdesarrollados es
prácticamente consecuencia de la hipoteca ecológica, pues el Norte debe gran
parte de su desarrollo a siglos de saquear al Sur, y es el máximo
responsable de la degradación de tierras, el calentamiento global y la
contaminación de la biosfera.
La magnitud de la deuda ecológica es enorme. Los países
ricos olvidan que, tarde o temprano, las consecuencias de la degradación
ambiental y los efectos de la desertificación y la sequía los alcanzarán a
ellos igualmente. Soslayan también que de igual manera sufrirán por los
efectos de los cambios climáticos globales.
Cambio climático, contaminación de los mares y de la atmósfera,
deforestación, excesiva urbanización, agotamiento de las fuentes de agua
potable, reducción de la biodiversidad… La humanidad y el medio ambiente se
encuentran envenenados por productos químicos cuya utilización está aprobada
y consentida por las leyes y las instituciones internacionales. La Tierra se
ha convertido en un gigantesco invernadero en el que todos, hombres,
mujeres, niños y ancianos, se encuentran afectados por las substancias
contaminantes.

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