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  FILOSOFÍA: AMOR AL CONOCIMIENTO. REFLEXIONES

Aún a pesar de hacerme reiterativo e incluso pesado, vuelvo a hablar sobre la necesidad de la filosofía en nuestra vida.

En la sociedad utilitaria –y la sociedad siempre está acompañada por un criterio de utilidad- el filósofo, representa un intruso que escapa a la vigilancia de la “guardiana” sociedad. Propiamente dicho, el acceso del filósofo a la ciudadanía es visto como algo innecesario para el discurrir del día a día.

En sí, el filósofo es nada.

Pero la filosofía, -amor al conocimiento- responde a la necesidad de saber. El de saber es una necesidad que brota naturalmente del ser humano. Aristóteles decía que el alma es deseo –orexis-. No es sólo eso, desde luego. La vida es también praxis, acción. Y, como el ser humano es tanto necesidad de saber como de actuar, un saber que no sirva para nada no interesa nada. A algunos filósofos les gusta repetir que la Filosofía no sirve para nada, pero eso solo es cierto cuando nos referimos a una falsa filosofía. Todo conocimiento sirve para mucho. Quizá no de manera inmediata, y desde luego, no para construir puentes, levantar edificios o descubrir nuevas fuentes de energía.

La filosofía no pretende enseñar a hacer zapatos, pero es capaz de descubrir el más profundo por qué es conveniente fabricar buenos zapatos. Sin filosofía no conoceríamos el “sentido” último de la fabricación de zapatos, ni de nada. Porque no es algo que se pueda “ver” u “oír” en modo alguno.

El ser humano es un ser teórico/práctico: no se puede amputar. Para que su acción le satisfaga ha de ser fruto de una buena teoría –reflexión, meditación. No hay nada más práctico que una buena teoría, es decir, un buen conocimiento de porqués últimos. Ganar dinero es un porqué inmediato. Pero no es un porqué último. Por eso no podemos evitar la pregunta ¿Por qué almacenar dinero?

En definitiva, ¿por qué vivir?, ¿por qué trabajar?

¿Qué es lo que pretendo?

¿Qué sentido tiene todo esto?

¿A dónde va mi vida?

¿A dónde puedo ir?

¿A dónde debo ir, para ir bien?

¿Tiene una finalidad?


Si no sé contestar satisfactoriamente a estas preguntas, aunque sepa mucha atemática, biología, economía, etc., no me conozco, es decir, soy un desconocido para mí mismo; y no sé siquiera para qué hago todo lo que hago.

Necesito saber no sólo simplemente para saber, sino saber para qué sirve el aber, eso es el conocimiento.

Sólo el pensamiento filosófico puede responder a la pregunta por el sentido del vivir.
 

 

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