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LA LIBERTAD

Sólo podemos hacer una cosa: ver las cosas tal como son, tener una consciencia real de las cosas y situaciones que percibimos a través de nuestros sentidos. La comprensión de nuestra situación es el primer paso hacia la libertad. No debemos considerar la libertad como el fin de la vida, sino como el principio (de otra forma sólo querremos llegar a la meta y en verdad, en la vida jamás se llega). Por lo tanto, la clave del vivir es sencillamente vivir en cada momento, en paz y sin crisis. Con el fin de resolver cualquier problema, tenemos que entendernos a nosotros mismos y la forma en que creamos los problemas: nosotros somos el problema. Éste es creado por un estado mental o condición nuestra. Al nacer la comprensión interior el problema simplemente desaparece. De hecho, el problema no puede resolverse, simplemente se disuelve cuando hay comprensión.

La libertad es el auténtico ver, la clara introspección en toda situación que nos suceda. En el instante en que nos sentimos guiados por algo y no tenemos equilibrio, si examinamos esta situación veremos como nace la emoción y como nos domina. Así alcanzaremos consciencia sobre ella, lo que nos dará libertad y nos indicará la forma de proceder.

El ruido está en nosotros, no en el mundo exterior: pensamientos, emociones, recuerdos. Y como tenemos ideas preconcebidas reaccionamos de acuerdo a nuestra mente condicionada. Nuestra mente no es libre y una mente así no puede ver la verdad.

La mente está tan llena que se confunde y complica las cosas. Al no ser sencillos en nuestro interior, no somos libres. La sencillez viene con la libertad y la humildad. No somos humildes si tenemos la sensación de que poseemos algo o alguien, pues entonces tenemos que actuar de acuerdo con la imagen que tenemos, proyectando esta imagen en nuestros actos y comportamientos.

Podemos ser algo más plenos de lo que podemos conseguir con nuestra mente condicionada; el gozo, la bienaventuranza, el éxtasis, la paz, la tranquilidad vendrán cuando exista libertad. El gozo es la bienaventuranza interior, la paz mental, cuando no existe la mente. El gozo no es una creación de la mente; es el fin de la mente el que constituye el comienzo del gozo. En el preciso instante en que tenemos libertad, tenemos gozo, bienaventuranza y paz. Podremos sentir dolor, pero únicamente lo sentiremos, nuestro interior sigue libre, el dolor y el cansancio no entran en él y, de esta forma, en la libertad, sabremos como actuar y no nos plegaremos a las peticiones de la mente. Si no entendemos nos quejaremos y daremos pie a actitudes negativas plegándonos a las demandas de la mente.

Debemos ser libres para observar, contemplar nuestras actividades, sentimientos, actitudes, todo lo que hay dentro de nosotros.

La purificación es una forma de transformación que surge en el proceso de consciencia permanente o durante el mecanismo de constante observación.

No podemos esperar que la libertad nazca sin hacer nada, pero no hemos de hacer nada con el fin de alcanzar la libertad. Si hacemos algo con la esperanza de obtener un resultado ello trae consigo la decepción, la infelicidad, la tristeza y la pena. Se dice que actuamos teniendo fines, pero cuando actuamos realmente, somos realmente libres. No necesitamos la esperanza de la libertad, ésta se presenta.

Ésta es la vía de la meditación. Podemos empezar aquí e ir un poco más al fondo, encontraremos tiempo para sentarnos tranquilamente y ver como reaccionamos al estar en silencio, al estar completamente solos.

Esta es la cuestión central de la vida.

 

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