La Página de la Vida / www.proyectopv.org Página Principal

   Recibe tu Boletín            Vídeos             Libros, presentaciones, posts...

 
   
 
 
 
 
Búsqueda personalizada
 
 

 
 

Manicomio y control mental

Los seres humanos damos valor a una serie de cosas que, en realidad, carecen de valor. Olvidamos el verdadero valor de la vida, que es vivir espiritualmente, que es ser consciente y obrar adecuadamente. Creamos entonces, desde nuestro error, una forma de relacionarnos entre las personas, una sociedad insana y perturbada que provoca dolor y sufrimiento. En la sociedad que creamos, la salud mental es simplemente la adaptación de las personas a sus formas determinadas, sin importar para nada si la sociedad está cuerda o loca.

Es cierto que existen enfermedades del cerebro, como envejecimiento cerebral patológico, epilepsia, etc. Pero son una minoría en el campo de las enfermedades mentales. Existe una amplia gama de manifestaciones “patológicas” de la vida psíquica cuyo origen no es biológico, sino ambiental, social, económico y libidinal, a pesar de que la ciencia y la psiquiatría se esfuercen por demostrar el origen físico o químico de las enfermedades mentales.

El Poder se esfuerza por criminalizar la mente humana. Se basa en la culpabilidad para dejar fuera de discusión el Sistema, con sus determinadas relaciones sociales y económicas. El Sistema, en todas sus manifestaciones, nos presiona, nos moldea o nos rompe en mil pedazos. Todo depende de la capacidad de adaptación o flexibilidad que una persona posea. Presos en una arquitectura deshumanizada, el ser humano malvive. Desde hace milenios, la religión ha separado el cuerpo del alma, humillando al primero para “elevar” la segunda. Se ha pisoteado la naturaleza humana hasta desfigurarla. El parto violento transforma nuestra llegada a esta vida en la primera experiencia de muerte. Desde la tierna infancia la frustración organiza el miedo a la carencia, la cual crea la necesidad de tener, de poseer esposo, esposa, hijos y otros juguetes con los que sobrellevar la soledad. No en vano la familia es la base de la sociedad. Todo esto hace que, alienados, vaguemos errantes fuera de nosotros mismos, buscando sentido a la vida, sin comprender que vivimos única y exclusivamente para vivir espiritualmente. El que no pierde la razón por ciertas cosas es que no tiene razón alguna que perder. Es, pues, la cordura del adaptado, del que no tiene voluntad propia ni una saludable vida espiritual, cuyo ser se sostiene por el tener, el “homo normalis”, la que está sometida a serias dudas por cualquier persona que posea un mínimo de inteligencia. Debemos reflexionar sobre si ser un obrero, un policía o ser feliz pilotando un bombardero no son manifestaciones patológicas.

“Loco” es una persona que se encuentra en una triste situación, bloqueado en un viaje interior que le sitúa frente a sí misma y al margen y contra una sociedad enferma, conflictiva y mal estructurada. Con determinadas condiciones existenciales y una terapia y cuidados apropiados, podría iniciarse un proceso en el que él mismo disuelva los bloqueos emocionales y los mecanismos de autorrepresión desarrollados dentro del Sistema. Así se inicia la formación de un carácter autorregulado, capaz de amar, de emplear la razón y de estar en contacto con una realidad exterior e interior sin desfigurarla.

Aquí es donde entra en juego la tecnocracia psiquiátrica, y su cruel papel carcelario. Vivimos en una época en que la ciencia proporciona la sensación de seguridad que en otra época la proporcionaba la religión. Así se identifica la consulta médica con el confesionario, donde por nuestros “malos” pensamientos nos recetan penitencias químicas cuyo efecto psicológico es más devastador que rezar cincuenta “padres nuestros”. Muchas de las drogas que tan alegremente se recetan son auténticas camisas de fuerza psicológicas, adictivas y con graves efectos secundarios. No en vano la poderosa industria farmacéutica financia sus estudios clínicos y subvenciona “el manual de diagnóstico de enfermedades mentales”, para que cada ”enfermedad” se corresponda con su debido fármaco y se suprima así un examen clínico en profundidad.

El control social dice: el delincuente a la cárcel y el loco al manicomio. Por ejemplo, en el Estado español el secuestro legal está repartido en unos 50.000 presos en cárceles y unos 50.000 internados forzosamente en manicomios. En el manicomio se prohíbe desplazarse libremente, utilizar el propio dinero, comunicarse libremente con el exterior, mantener relaciones sexuales, se niega el derecho de organizar el propio tiempo, se hacen registros, se medica a la fuerza, y se lobotomiza y se tortura con el electroshock, y a todo esto se le llama curación o reinserción social. La humanidad debe saber que la erradicación del sufrimiento psicológico viene únicamente con la vida espiritual, que siempre significa transformación del ser humano y de la sociedad.

 

 

Menú de este tema

Home