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El ocio

La “sociedad del ocio” es la consecuencia de la división irracional del tiempo dentro del mundo del trabajo. Nuestra vida ha sido y es cuadriculada por una interpretación del tiempo, y partiendo de los segundos hasta los siglos o milenios, todo es simplemente una abstracción matemática para crear un orden artificial y ficticio donde prime el dominio y la sumisión.

Por lo tanto, ese tiempo creado, que únicamente existe en la mente del ser humano, no sólo sirve para medir el tiempo productivo sino que también sirve pare medir el tiempo de consumo. De esta forma, el tiempo que se tiene disponible se convierte para muchas personas en un inevitable tiempo de consumo, es decir, de ocio.

El ocio ha sido y es una forma más de control, pero la diferencia en este caso consiste en que el control no es físico, sino mental. En este Sistema, en el que se encuentra implantada su propia cultura, el ocio no es diversión, ni es tiempo disponible, aunque aparente serlo. El ocio es, en realidad, la conquista total del Poder en la manera de ser de las personas y, por lo tanto, la diversión será impuesta como forma de evasión. Es decir, que la evasión servirá como desahogo de todas las frustraciones, miserias y ansias de rebelión de las personas. La evasión entendida como ocio es un medio para adoctrinar mejor a la sociedad. En ella, el ser humano no puede crear su ocio, sino que es el ocio el que crea al ser humano. Con el entretenimiento y el espectáculo –que es evasión, distracción y un pasar absurdo del tiempo-, el Poder pretende entretener al rebaño para que carezca de iniciativas propias. La mente y la imaginación quedan atrapadas en un programa de entretenimiento y son manipuladas.

La utilización de la imagen es otro medio de manipulación. Es digno de reflexión que intenten vender una imagen o un conjunto de imágenes “correctas” para los tiempos que corren. La imagen, sin embargo, es falsa y tendenciosa. No hay que esperar a que se desinfle el globo de la imagen, pues por poco que uno reflexione puede darse cuenta de que no existe valor alguno en lo que se muestra.

La moda es un medio muy efectivo de manipulación. Quien la sigue cae en la despersonalización, el gregarismo y las tendencias que impactan en el momento y que dejan mensajes nocivos y vacíos. Hoy en día, por ejemplo, están de moda las modelos… las modelos de la apariencia ficticia. Las modas, movimientos artísticos y espectáculos manipulan al ser humano. Éste vive manipulado y reprimido en un mundo de apariencias, en un espejismo en el que da culto a la imagen.

A la vez que se ambiciona inculcar un pensamiento único en la sociedad, se está imponiendo un ocio único, totalmente regulado, que a su vez beneficie a las grandes corporaciones. El paisaje en las ciudades ha cambiado en los últimos años. Se pueden recorrer diversas ciudades, que incluso estén situadas en diversos países, y darse uno cuenta que camino por calles que son similares; las mismas tiendas, los mismos anuncios, las mismas marcas... En todas ellas se han creado centros comerciales en donde se pueden conseguir todo tipo de productos, sensaciones y servicios totalmente empaquetados y con códigos de barras. En ellos, cualquier momento de ocio o esparcimiento queda reglado por las normas mercantilistas, pues contribuyen a mantener el binomio ocio = dinero. En estos centros se pueden alcanzar grandes cuotas de ocio, siempre según la cantidad de dinero que se disponga. Es allí donde se incita a un consumo acelerado del ocio, en donde se proclama y se sigue la máxima que dice que “hay que divertirse intensamente y rápido”. Ese ocio acelerado es el espacio de evasión que existe antes de volver al trabajo. Trabajo que proporciona el dinero necesario para comprar el momento de ocio.

El tiempo “libre” se dedica en su mayor parte a prepararse para el trabajo, yendo a trabajar, volviendo del trabajo y recuperándose de él. Así el ocio es no-trabajo a fuerza de trabajar. Es un tiempo usado para recuperarse del trabajo y para intentar frenéticamente, aunque sin éxito, olvidarse de él siquiera por un momento. La principal diferencia entre el trabajo y el ocio / tiempo “libre” es que por el trabajo se paga a las personas por su alienación y su irritación, y por el ocio son éstas las que pagan.

El ocio ha quedado compartimentado en el espacio y en el tiempo. El Poder dictamina dónde, cómo y cuando puede el rebaño divertirse. Deja de ser uno mismo quien decide el momento y los lugares donde vivir su vida. El ocio y la diversión dejan de formar parte íntegra de la propia vida. Esta cansa y aburre, y sólo vienen a ser los pequeños momentos comprados como turismo los que se tienen para evadirse y vivir como se desea vivir. Este deseo también es inmaduro, irresponsable y conduce al ser humano al sufrimiento, a la vez que beneficia al Poder. Toda reacción del ser humano ante la opresión del Poder beneficia al mismo Poder, pues no es lo mismo reaccionar inconscientemente que vivir espiritualmente.

Esta sociedad se basa tanto en los medios de producción como en los consumidores. Existen diferentes estratos sociales, y cada uno de ellos dispone de más o menos recursos para acceder al consumo. Pero, por pocos recursos que una persona pueden llegar a tener, casi todas se convierten en consumidoras, haciendo del ocio el eje fundamental del consumo.

Con mucha frecuencia se encuentran intensas actitudes de connivencia, consentimiento y complicidad con la manipulación social. En la sociedad hay mucho de manipulación pero hay también mucho de esclavitud consentida y saboreada. La verdadera rebelión al Poder surge de una vida espiritual. Ahí se encuentra la consciencia, de la que siempre nacen las obras apropiadas: la crítica contundente, la denuncia y la puesta en marcha de los mecanismos que liberan a la humanidad de toda esclavitud.

Donde se vive espiritualmente no hay manipulación, pues justo cuando empieza la consciencia de que existe una manipulación, en ese mismo momento, la persona espiritual vuelca todo su ser en responder apropiadamente, y la manipulación comienza a retroceder. Ahora el Poder sólo podrá continuar con su dominación apoyándose en formas violentas físicas o psíquicas. Pero la persona que vive espiritualmente, una vez más será consciente de las formas en las que se materializa el deseo de dominación y obrará adecuadamente.

 

 

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