La Página de la Vida / www.proyectopv.org Página Principal

   Recibe tu Boletín            Vídeos             Libros, presentaciones, posts...

 
   
 
 
 
 
Búsqueda personalizada
 
 

 

TOLERANCIA

Se refiere a la comprensión de percibirse y percibir al resto de las criaturas como un producto de la evolución y, por ello, sometidos a un proceso aún imperfecto. Esta visión da una correcta medida tanto de capacidades como de actitudes, y sitúa el nivel de exigencias sobre nosotros mismos y sobre los demás en una perspectiva más justa y lejos de las expectativas fantásticas con las que habitualmente funcionamos.

La tolerancia permite comprender y respetar las propensiones, los temperamentos y diversidad de las otras personas. Es un signo de fortaleza, de inteligencia y de seguridad en uno mismo. Toda relación humana debe basarse en la espiritualidad, y no es el mejor camino saturar ninguna relación de desprecios, exigencias, sospechas, chantajes emocionales y discusiones nacidas de creencias, de la búsqueda egoísta de placer, de la hostilidad y del rencor. La tolerancia es la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la Vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona... La tolerancia, si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.

Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. La tolerancia pasiva equivaldría al “vive y deja vivir”, y también a cierta indiferencia. En cambio, la tolerancia activa viene a significar solidaridad, una actitud positiva que se llamó desde antiguo benevolencia. Los seres humanos deben estimarse como hermanos y conciudadanos, porque el hombre debe ser algo sagrado para el hombre. Su propia naturaleza pide el respeto mutuo, porque ella nos ha constituido parientes al engendrarnos de los mismos elementos y para un mismo fin. Nuestras manos han de estar dispuestas a ayudar, pues sólo nos es posible vivir en sociedad. Nos sucede algo muy parecido a lo que ocurre en arquitectura con el abovedado, que si unas piedras no se sostuvieran a otras, si no se aguantan por este apoyo mutuo, se desplomaría. La benevolencia nos enseña a no ser altaneros y ásperos, nos enseña que una persona no debe servirse de otra persona, y nos invita a ser afables y serviciales en palabras, hechos y sentimientos.

La tolerancia es un regalo desde los primeros años de la Vida. El mundo sueña con la tolerancia desde que es mundo, quizá porque se trata de una virtud que brilla a la vez por su presencia y por su ausencia. Se ha dicho que la tolerancia es fácil de aplaudir, difícil de practicar, y muy difícil de explicar.

Se debe tolerar algo siempre que, de no hacerlo, se estime que ha de ser peor el remedio que la enfermedad. Se debe permitir un mal cuando se piense que impedirlo provocará un mal mayor o impedirá un bien superior. Ahí entra en juego nuestro discernimiento. Defender una doctrina, una costumbre, un dogma, implica casi siempre no tolerar su incumplimiento. Con este concepto entendemos claramente que la verdad siempre surge desde la individualidad y que las verdades generalistas sólo nos llevan a un camino de confusión.

Hay que ejercer la tolerancia, pero no todo puede tolerarse. Compaginar ambas evidencias es un arduo problema. Es difícil de precisar los límites entre lo tolerable y lo intolerable. De nuevo, y como en casi todos nuestros acontecimientos diarios, debemos beber en la fuente de la sencillez, ella será la encargada de otorgarnos el discernimiento que nos dé la inspiración para el obrar.

 

Actualizar menú del tema

Home