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Existen en el mundo infinidad de embarazos no deseados. España es el segundo país europeo en número de embarazos no deseados. La cifra sigue siendo muy preocupante, a pesar de que se han destinado fondos para campañas de información y prevención de las prácticas sexuales de riesgo entre los adolescentes. Estamos frente a uno de los problemas que más limitan y deterioran el estilo de vida cotidiano de las personas que se ven afectadas, el futuro bebé, los padres adolescentes y sus familiares.

Tener un hijo es una de las experiencias más gratificantes que puede sentir una pareja, si se vive con responsabilidad, como parte de un proyecto, con ilusión, cuando la unión es estable. Los adolescentes no tienen adquiridas las habilidades, la responsabilidad y autonomía suficientes para tener, educar y cuidar a un niño como se merece. No han terminado su formación académica, no tienen trabajo, dependen de sus padres; en definitiva, no están preparados para enfrentarse a una responsabilidad tan grande y, por lo tanto, se produce una situación de crisis, de temor y preocupación y, sobre todo, de rechazo ante el embarazo de la joven, que en muchos casos termina en un proceso de aborto.

Es importante que los padres aborden el tema de la sexualidad con sus hijos y en particular el de la prevención de embarazos y enfermedades de transmisión sexual. Desde el respeto a toda creencia y valores familiares, los padres tienen que facilitar que sus hijos disfruten de una sexualidad segura. La información por sí misma no cambia el comportamiento de los adolescentes, pero si se da en el marco de una buena comunicación entre padres e hijos, junto a la utilización de otros recursos: médico, centro de planificación familiar..., resulta mucho más eficaz y sensibiliza a los jóvenes para tomar las medidas correctas para su desarrollo e interacción sexual.

Mirar hacia otro lado, pensar que a los hijos no les interesan esas cosas y que no mantienen relaciones sexuales, o esperar que la suerte esté del lado de su hijo y no le ocurra nada si las mantiene, no sólo no ayuda a la prevención del embarazo, sino que forma parte del problema; la actitud de «dejar hacer» o la de «prohibición absoluta» nos aleja de su solución.

La adolescente embarazada vive esta situación con angustia y temor a decírselo a sus padres; se siente desbordada. El miedo a la reacción de su familia le lleva en muchos casos a ocultárselo, dificultando de esta manera la solución del problema, que parte de una detección precoz y una intervención y apoyo inmediato por parte aquella y de otros agentes sociales. La única alternativa que ella se plantea es terminar con esta angustia, quitarse lo antes posible la responsabilidad que se deriva de tener y educar al hijo, por lo que la mayoría de las veces optan por el aborto.

Es importante que la joven, cuando sienta los primeros síntomas, les explique a sus padres con tranquilidad lo que está pasando, para poder tomar lo antes posible las medidas necesarias para abordar el problema con eficacia.

Para anticiparse a todo esto, los padres tienen que estar atentos a los cambios de comportamientos y a los síntomas físicos y emocionales que pueda manifestar su hija: la falta del periodo menstrual, náuseas o vómitos por las mañanas, mareos, ansiedad, insomnio y aislamiento social, son característicos del embarazo y difíciles de disimular. La comprensión, el diálogo cercano y constructivo facilitarán la disminución de la angustia de la adolescente, para poder empezar de inmediato con la toma de decisiones sobre las alternativas de solución.

 

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