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SITUACIONES DE CAMBIO: AJUSTES Y REAJUSTES

A medida que la convivencia se va prolongando en el tiempo, la pareja habrá de enfrentarse a la tarea de realizar ajustes y reajustes en la relación. Se darán cambios en la forma de relacionarse, en la realidad familiar, con la llegada de hijos o algún pariente, en el aspecto físico, en la salud, y en la situación social o laboral, que pueda implicar nuevas obligaciones o un nuevo entorno. Aunque estos cambios pueden llegar a enfrentarse en ocasiones con cierto temor, en realidad, y si se saben aprovechar bien, van a suponer una interrupción de la rutina y van a dar un aliciente nuevo a la relación. Es importante en este momento que los canales de comunicación sigan plenamente abiertos.

No hay que perder de vista los cambios emocionales, que a veces se suelen manejar con algún grado de torpeza. Es frecuente que uno de los miembros de la pareja, ante su cambio emocional, le pida al otro que se recupere pronto, pues que uno esté bien depende de que lo esté el otro. Esta conducta es importante corregirla, pues hemos visto que vivir en pareja resulta realmente satisfactorio cuando se tiene la sensación de equipo. Si uno no puede tener un bajón emocional porque el otro también se cae, resulta verdaderamente frustrante. Cuando uno tiene este bajón espera que el otro sea capaz de tirar adelante hasta que se encuentre de nuevo con energías para afrontar de mejor humor las situaciones. Pedirle a nuestra pareja que no tenga un bajón resulta ineficaz por varias razones:

• Es algo que no se puede imponer. Si se tiene un bajón, simplemente es así.

• De alguna manera se está haciendo responsable a ese miembro de la pareja del estado emocional de los dos, y tendrá la sensación de no poder permitirse ni siquiera un momento de asueto.

• Quizás lo que se esté poniendo en evidencia es que hay uno que siempre está bajo y que se levanta mientras el otro está bien, pero cuando éste se cae, el propio malestar queda al descubierto.

• No es real que la felicidad de uno dependa del otro. La felicidad depende de uno mismo. Es mucho más eficaz y bonita la pareja en la que los dos miembros son independientemente felices, sabiendo hacer feliz a su compañero o compañera, tomando las riendas cuando uno de ellos flojea, o saber que el otro está ahí cuando, por cualquiera que sea la razón, se está algo despistado.

 

 

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