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Aparecidos.

Durante meses respondió a todas las preguntas sobre el futuro que los usuarios le hicieron. Según sus propios datos, Titor era un soldado americano de 38 años, con la misión de volver desde su presente –año 2036– hasta el pasado –año 1975– para recuperar un modelo de computadora de la empresa IBM 5100, necesario para resolver un problema informático de UNIX que ocurriría en el 2038.

En su presente –más de 60 años atrás en su tiempo– esos códigos y arquitectura ya no se encuentran. Pero aquí no termina todo; tras recoger esta computadora en el año 1975, John Titor decidió venir hacia el año 2000, permaneciendo en ese tiempo unos cuatro meses, desde noviembre de 2000 hasta abril de 2001.

Durante ese tiempo ha escrito en numerosos foros y entrado a diferentes chats, dando a conocer detalles de su vida, incluidos los planos de su máquina del tiempo… Como aquel que tiene en su poder información privilegiada, nos ha anticipado varios acontecimientos futuros para nuestra humanidad que encogen el ánimo al más pintado. Entre ellos, que en el 2005 comenzará una Guerra Civil en Estados Unidos que se alargará durante 10 años.

A partir de ese momento la presidencia de Estados Unidos estará a cargo de 5 personas, y su capital se establecerá en Nebraska. O que en el año 2015 presenciaremos una Guerra Nuclear Intercontinental que destruirá las principales ciudades de Estados Unidos, en la que morirá gran parte de la población mundial.

O bien que en el año 2036 habrá una epidemia llamada C.J.D., siglas que corresponden a una variedad del síndrome que en nuestro tiempo hemos conocido como “de las vacas locas”, que causará incontables muertes y afecciones físicas y cerebrales. No existe cura ni tratamiento. Pero no todo es catastrófico en Titor. La ciencia dará un gran avance al conseguir fabricar “agujeros negros”, lo que hará descubrir a los científicos la posibilidad de viajar en el tiempo utilizando dos al mismo tiempo.

Este gran avance comenzará hacia el 2007. Según Titor existen incontables universos que coexisten de forma paralela donde las personas evolucionan de una manera diferente y en un tiempo distinto. Tras haber facilitado datos de “tanta importancia y relevancia”, John Titor anunció que volvería a su tiempo en la primavera de 2001.

Tras este día, nadie ha vuelto a saber nada de él. Desapareció sin dejar rastro. ¿Estamos ante el asombroso caso de un viajero del tiempo que desvela asuntos a la humanidad del pasado, propio de películas, pero no de la vida real? Nadie ha visto a John Titor en persona, no es como tal una aparición, y muchos creen que estamos ante una nueva leyenda urbana cibernética.

Con una información así uno se puede hacer rico y por eso Titor no es el único crononauta o viajero del tiempo que regresa del futuro. Antes que él hubo otro que visitó el pasado para forrarse con sus especulaciones en bolsa –caso de Andrew Carlssin– o para desplazarse al futuro, anotar los números de la lotería, regresar de nuevo a su tiempo y comprar los billetes premiados –caso de Mike Markum–…


Países exóticos

En libros como los de Charles Fort, y en artículos dispersos se encuentran casos de personas que aparecen súbitamente, amnésicos, sin articular palabra y hablando idiomas que nadie conoce. Gentes que no proceden de ningún sitio. Uno de los más célebres fue el de la princesa de Carabú.

El asunto se produjo el 3 de abril de 1817 en Almondsbury, pequeña localidad cerca de Gloucesterhire (Inglaterra). Una joven de aspecto oriental, vestida con sari y turbante, llamó a la puerta de varias casas. Apareció totalmente desorientada y empapada. A quien reparaba en ella se designaba a sí misma con el dedo diciendo “Carabú”. Su idioma era desconocido así que tuvo que expresarse con gestos para que la entendieran.

Escribió un alfabeto completo y los números hasta el quince en una lengua desconocida que ella llamaba javasú. Durante bastantes meses tuvo en jaque a toda esta población inglesa, lo mismo que hizo Kaspar Hauser con la ciudad alemana de Nüremberg en 1828. Al final, ella misma declaró que se llamaba Mary Wilcox y que lo había inventado todo.

Acabó casándose con un inglés, tuvo varios hijos y falleció en Bristol a los 70 años de edad. Hasta aquí se dio por zanjado el asunto hasta que alguien descubrió que la historia de Mary Wilcox también era inventada, porque jamás existió una mujer con este nombre, y la identidad de la princesa de Carabú sigue siendo hoy una historia que ofrece muchos interrogantes.

Años más tarde, en 1851, fue encontrado un hombre vagando por un pueblo cerca de Frankfurt-an-der-Order, en Alemania. No fue capaz de explicar cómo había llegado allí. De lo único que se acordaba es que se llamaba Joseph Vorin y que vivía en Laxaria, en un país llamado Sakria. Ni que decir tiene que ambos lugares eran y siguen siendo hoy en día desconocidos para los geógrafos, al menos del planeta Tierra…

No sé volvió a saber más de él. Una variante significativa la encontramos en 1954, cuando el gobierno japonés hizo revisar los pasaportes de todos los extranjeros residentes en Japón. En un hotel fue encontrado un individuo que poseía un pasaporte, al parecer en regla –sin raspaduras, enmiendas, con sus huellas digitales, su fotografía…– salvo un detalle: había sido expedido por el país de Tuared, un lugar inexistente.

Se le interrogó y dijo que Tuared comprendía Mauritania, Sudán y buena parte de Argelia. Allí estaba la verdadera “Legión Árabe” para liberar a todos los pueblos árabes oprimidos, y había ido a Japón para adquirir armas. Se le internó en una clínica psiquiátrica japonesa…


Desnudos, abobados y desconcertados

Para Jacques Bergier el caso de la princesa de Carabú, al igual que el de Kaspar Hauser, serían los “típicos” de la aparición de un personaje que no pronuncia palabra o que habla una lengua totalmente desconocida, a veces llevando consigo un mapa que corresponde a una Tierra que no es la nuestra.

Deja asombrados a los testigos que le ven y luego desaparece “como si el lugar de donde había venido tuviera una Policía aquí”. Y cita varios ejemplos en su obra Visado para otra tierra (1974) como el de un hombre desnudo que no hablaba ninguna lengua conocida, que aparece de golpe en las fiestas del matrimonio del rey de Escocia, Alejandro III, en 1293.

La gente ve presagios en él pero nadie llega a identificarlo. En 1125, en Alemania, vemos a otro personaje salido de la nada que habla una lengua totalmente desconocida, pero con una variante sustancial: escupe fuego por la boca, el suficiente como para quemar unos abedules de un bosque. Miles de testigos lo ven. O las crónicas mienten o hay que admitir que sujetos extraños se dejan ver de cuando en cuando.

Últimamente se ha hablado mucho del “hombre del piano” que apareció elegantemente vestido en una playa del condado de Kent, con las ropas totalmente mojadas y sin recordar quién es y de dónde proviene. Pues bien, esta zona debe tener un magnetismo para atraer sucesos similares.

El 6 de enero de 1914, en la High Street de la ciudad de Chatham –condado de Kent, Inglaterra–, el que aparece de repente ante unas elegantes señoritas es otro hombre totalmente desnudo que empezó a correr arriba y abajo de la adoquinada calle, ante la mirada atónita de las transeúntes. Se buscó su ropa y no se encontró por ninguna parte.

La policía lo cogió por fin y se lo llevó a la comisaría. Tras el interrogatorio, fue incapaz de explicar nada acerca de sí mismo y, finalmente, fue declarado loco e internado. Y aún hay más. Siguiendo con las similitudes del “hombre del piano”, en 1975 fue encontrado muerto un hombre joven que vestía un traje a rayas muy bien planchado.

Al parecer había caído del paso elevado de West Botley, cerca de Oxford (Inglaterra). Se comprobó que a las prendas se les había quitado las etiquetas y el cadáver no tenía nada que permitiera identificarle, salvo que llevaba cinco pañuelos, todos ellos marcados con la inicial “M”, y una tira que contenía quince tabletas de un fármaco nuevo denominado Vivalán, tan nuevo que pocos médicos sabían de su existencia, y los que lo conocían lo habían recetado sólo a mujeres, ninguna de las cuales conocía a “M”.

La identidad de aquel hombre sigue siendo un misterio y todo indica que “M” había surgido del aire y caído a plomo hasta aquel paso elevado, encontrando así la muerte. No le dio tiempo ni siquiera a asombrarse.

Así son los hechos de tozudos. Una princesa que viene de un extraño reino, un hombre desnudo que aparece de la nada, otro que dice proceder de un lugar que no existe, un cadáver no identificado con un montón de pañuelos… durante siglos, personas sensatas y fidedignas han dado cuenta de súbitos encuentros con personas, criaturas, monstruos y cosas sobrenaturales que no podemos identificar, y que parecen surgir de la nada y hallarse más allá de toda identificación.

Solamente en los Estados Unidos desde el año 1954 a 1969 John Keel recoge 44 casos de seres de aspecto humanoide que abordan a transeúntes en la campiña americana. No sólo no atacan sino que se les encuentra gimoteando, asustados o llorando, como alguien que se ha perdido y no sabe regresar a su hogar. Los testigos van en busca de la policía o los gendarmes y, a su regreso, ya no se les vuelve a ver.

En esa estadística, Keel no pudo incluir un caso más reciente. Ocurrió el 12 de octubre de 1976, cuando un niño estadounidense de ocho años de edad llamado Tonnlie Barefoot, de Dunn –Carolina del Norte– vio a un hombrecito “no mucho mayor que una botella de Coca-Cola”, que llevaba puestas unas botas negras, pantalones azules y “una corbatita blanca, monísima”.

El niño repitió hasta la saciedad que lo había visto y se disgustaba cuando nadie lo creía. Eso de ver a un enano con botas y con corbata blanca parecían palabras mayores y cosas de niños, pero tras una cuidadosa investigación se encontraron pequeñas huellas de un ser de estas características en el lugar que señaló Tonnlie. Nada más se supo…


Los “Hombres Extraños"

Se sabe que durante la Edad Media y el Renacimiento ciertos personajes de prestigio recibieron visitas de hombres –nunca mujeres– vestidos con suntuosos ropajes, por lo general jóvenes y hermosos, con los que se podía conversar de toda clase de temas.

El padre del matemático Jerónimo Cardán tuvo uno de estos encuentros en 1491, en el que le confesaron que podían vivir tres siglos y que eran, en cierta manera, formados de aire. La visita fue circunstancial, pues no volvió a verlos jamás. Otro que pretendía haber tenido contactos más duraderos con estos individuos fue el maestro de Francis Bacon, así como autor de la enciclopedia Magia Naturalis, J. B. Porta.

El cristianismo admitió a estos seres que tenían aspecto de peregrinos y los asoció a entidades angélicas. Pero en épocas paganas también se dejaban ver. Tito Livio, en su Historia de Roma, menciona la aparición de uno de ellos en el año 325 a. de C. con estas palabras: “En la tranquilidad de la noche, ambos Cónsules dijeron haber sido visitados por la misma aparición; un hombre de estatura muy superior a la normal y mucho más majestuosa, el cual declaró que el comandante por una parte y el ejército por otra debían ser sacrificados a los Manes y a la Madre Tierra”, libro VIII, cap. XI.

El cine no ha sido inmune a dichos temas y se ha hecho eco de algunos de estos personajes que aparecen de la nada. Es el caso del film K-Pax en el que su protagonista, llamado Prot, aparece en una estación de autobuses totalmente desorientado.

Es llevado a una clínica para enfermos mentales y allí afirma ser un extraterrestre procedente del planeta K-Pax, a más de mil años luz de la Tierra… Finalmente, tal como apareció, desapareció como tantos otros, a través de las “grietas del aire…”.

 

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