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  Armas de ciencia ficción

"Han tenido mucha, mucha suerte de que la guerra no haya durado unos meses mas...". Esa fue la primera frase que dijo Hermann Goering tras ser apresado. El jefe de la Luftwaffe (aviación alemana), estaba al tanto de los más secretos proyectos sobre el desarrollo de las increíbles armas nazis. Pero sobre todo conocía bien los futuristas adelantos que su propia aviación estaba experimentando para intentar cambiar el curso de la guerra. La potencia destructiva y las técnicas usadas eran tan avanzadas, que hasta el último momento tanto Hitler como él, mantenían aun esperanzas de poder dar un golpe sorpresa a los aliados. Los inventos de los científicos alemanes estaban 30 años, incluso en algunos casos, medio siglo por delante. Algunas patentes y aparatos no han logrado ser reproducidos o construidos hasta el momento. Para hacernos una idea del potencial que se esperaba, el ministro de propaganda Joseph Goebbels, decía esto en Octubre de 1944:

"De los sumergibles especiales, provistos de Schnorkel y de motores de turbina; de las nuevas bombas V radiodirigidas, de las cuales la última será una sorpresa sin precedentes; de los aviones ultraveloces, de los cohetes A4 y A9 teledirigidos, dotados de una autonomía de varios millares de kilómetros y accionados por un ingenio propulsor alimentado por una mezcla de alcohol y de oxígeno líquido; de todo cuanto nuestra técnica ha venido creando a través de inmensos sacrificios y años de estudio, esperamos el milagro. Por algunos meses aún debemos apretar los dientes, encajar y reaccionar en los límites de lo posible. Necesitamos tiempo. Veinticuatro horas perdidas podrían ser determinantes".

"A esta infantería y a estos carros les estamos dando un armamento que el enemigo ni imagina. Tenemos cañones de nuevo tipo, cohetes e instrumentos que nos permiten mirar y tirar en la oscuridad con toda precisión. Esta especie de lámpara invisible es un objeto no más grande que una mano. Con él los vehículos pueden moverse como en pleno día, los artilleros apuntar sin preocuparse de la falta de luz y los carros atacar. Tenemos una decena de cohetes teleguiados cuya potencia es sorprendente y la precisión desconcertante. Cuando el enemigo vea caerle encima una lluvia de A4 y A9, el uno con 10 y el otro con 15 Toneladas de cargas atómicas, no sé si juzgará útil seguir combatiendo…".

Efectivamente las investigaciones atómicas estaban más avanzadas de lo que creíamos hasta ahora. Los nazis estaban desarrollando lo que ellos denominaban la bomba disgregadora. Es lo que comúnmente llamamos bomba atómica. Todos los expertos en armamento del III Reich han destacado un hecho evidente: Si la investigación se hubiese adelantado tan sólo un año, el resultado de la contienda podía haber sido muy distinto.

El propio sistema nazi de investigación y desarrollo que solía duplicar e incluso triplicar el numero de equipos destinados a construir el mismo proyecto bélico, facilitó una altísima creatividad a sus técnicos. Sin embargo, propició también el derrumbe final del régimen bajo el peso de los abultados y multimillonarios gastos destinados a las revolucionarias "armas maravillosas", como Goebbels las denominaba públicamente.

Dentro de ese armamento casi mágico para la época, destacaban las "armas limpias". Uno de ellos era el "Cañón de Viento". Diseñado en Stuttgart durante la guerra, era un tipo de arma que podía emitir un flujo pulsante de aire comprimido. Feo y grotesco en apariencia, estaba construido con un gran caño curvo con un codo en forma de giba. Sin embargo era una maravilla de precisión química, pues actuaba con una mezcla crítica de oxígeno e hidrógeno en proporciones moleculares seleccionadas.

Lanzaba, tras una violenta detonación, un proyectil de "viento", una especie de taco de aire comprimido y vapor de agua con potencia suficiente para simular el efecto de una granada. Las pruebas se realizaron en Hillersleben y se logró destruir planchas de madera de 2,5 centímetros de grosor a 183 metros de distancia. Un prototipo experimental se instaló en un puente sobre el Elba poco antes de acabar la guerra, aunque nunca llegó a ser usado. También se desarrollaron con más éxito, el "cañón sónico", o el "arma vórtice".

Jamás sabremos hasta qué punto se desarrollaron las investigaciones sobre armas climatológicas. La mayoría de los documentos sobre ellas fueron destruidas por los propios comandos SS tras su rendición en la isla ártica de Spitzbergen. ¡Seis meses después de acabada la guerra! Y lo que quedó, se lo llevaron rápidamente los americanos. No se sabe cuales eran sus técnicas o sus objetivos, pero parece ser que pretendían cambiar y alterar el clima de extensas zonas del planeta, con grandes emisores electromagnéticos que apuntaban a las capas altas de la atmósfera. Curiosamente algo parecido ha desarrollado el ejercito americano en Alaska, con su proyecto para las auroras boreales denominado Haarp.

Las unidades soviéticas que llegaron a la denominada "Cueva de Aladino" cerca de Stolberg en los complejos subterráneos del Harz, se encontraron multitud de "juguetes bélicos" que el enemigo en su retirada no pudo o no supo destruir a tiempo. Gracias a ello, tenemos noticias de la existencia del misil guiado por radio X-7. Era un misil de no más de medio metro, que lanzado desde las alas de los aviones a reacción era capaz de destruir tanques a una distancia de casi dos kilómetros. Estaba guiado por control remoto y propulsado por un potente cohete.

Más de 3 millones de patentes industriales, médicas y tecnológicas alemanas, fueron incautadas o robadas como botín de guerra por los aliados. Sobre esas patentes se ha construido, nos guste o no, el desarrollo tecnológico de los últimos 60 años. En base al Acta Americana de Libertad de Información (FOIA), todo documento secreto debe ser hecho público antes de transcurrir treinta años desde su clasificación. Pero por alguna razón desconocida, esa ley no se aplica a los documentos incautados a los nazis.

Los papeles, fotografías y películas referentes al proyecto atómico alemán, son los más celosamente guardados. Muchos investigadores de todo el mundo, como el español Antonio Chover, han intentado reconstruir esa historia secreta. Pero cuando han solicitado el acceso a los informes, tras más de seis décadas de ocultamiento, siempre se han encontrado con un férreo muro de silencio. Quizás porque tal y como afirmo en una carta pública (del 16 de Febrero de 1999) el Departamento de Defensa americano: "...sería causa de un grave daño a la seguridad y prestigio nacional ".

 

 

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