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La conciencia de enfermedad. Negación de enfermedad

Hay muchas frases hechas, de uso común, plagadas de errores sobre los enfermos mentales. Una muy frecuente afirma: «si un loco sabe que está loco, es que no está loco». Es falso. Con frecuencia los psicóticos graves perciben su enfermedad, saben que son enfermos mentales y esto constituye uno de sus mayores motivos de angustia y sufrimiento.

Otros psicóticos, por ejemplo los paranoicos, creen que no están enfermos pero se percatan de que las demás personas los consideran enfermos, y actúan con astucia, disimulando sus síntomas o negándolos.

Durante el curso de una misma enfermedad, la esquizofrenia por ejemplo, hay períodos en los que el paciente tiene conciencia de enfermedad, de «desintegración del yo», de pérdida de control de su psiquismo, con la lógica alarma; y en una fase posterior puede aceptar como reales sus alucinaciones e ideas delirantes y perder la conciencia de enfermedad, y como consecuencia negarse a seguir el tratamiento que podría curarle. Otros están desproporcionadamente alarmados porque creen padecer una dolencia mucho más grave que la que realmente tienen. Este último rasgo enlaza con la llamada hipocondría.

Entre las personas normales las hay aprensivas y otras despreocupadas de su salud. La exageración extrema de estas variantes del comportamiento «normal» llega a ser claramente patológica (enfermiza).

Al aprensivo patológico se le denomina hipocondríaco. El despreocupado patológico olvida el riesgo que corren su salud o vida, pero también existe el llamado «síndrome de negación de enfermedad» o «anosognosia», que consiste en que personas psíquicamente normales (excepto en este punto) niegan contra toda evidencia estar enfermos. Un caso muy llamativo de anosognosia es el denominado «síndrome de Antón» (por el nombre del médico que lo identificó a fines del siglo XIX), que se da en ciegos que se comportan como si pudiesen ver, y hacen a sus amigos comentarios del color de sus corbatas, etc.

Algunas víctimas de enfermedades muy graves, como un cáncer, «no quieren enterarse», y pese a habérselo explicado con suficiente claridad reaccionan como si no sufriesen nada alarmante. Es una forma frecuente de la «negación de enfermedad».

Tanto las actitudes de hipocondría como de anosognosia pueden aplicarse a sí mismos o proyectarse a los seres queridos. Por ejemplo, los padres de un subnormal grave «no se enteran» de que lo es (negación de enfermedad proyectada a un ser querido), y en cambio los de uno leve hipervaloran el problema, no dejan de ocuparse y preocuparse constantemente por él, consultan a un especialista detrás de otro, etc.

La «negación de enfermedad» es un mecanismo de defensa, no «podrían soportar enterarse»; por tanto, el médico y la familia deben tenerlo en cuenta e informarle de su gravedad con suficiente claridad para que se pueda enterar, pero sin acorralarlo.

 

 

 

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