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CONDUCTAS QUE PUEDEN DELATAR EL INICIO DE TRASTORNOS ALIMENTARIOS. LO QUE LA FAMILIA HA DE TENER EN CUENTA

• Cambios muy bruscos de carácter: ha pasado a ser una persona siempre de mal humor, huraña, incluso agresiva, a la que le cuesta mantener un diálogo cordial, suele responder con monosílabos, o despreciativamente, cuando tiempo atrás podía ser la persona más encantadora del mundo.

• Ha comenzado a aislarse de su núcleo de amistades con excusas muy pueriles (mis amigas son irresponsables, no me aportan nada, pierdo el tiempo con ellas, no me tienen en cuenta en sus planes, etcétera) y cada vez sale menos.

• Evita el mayor número posible de comidas familiares (ya he comido en la calle, o antes de que vinierais, o estoy empachada con la comida anterior y prefiero esperar a la siguiente, o esto me sienta fatal).

• Ha eliminado ciertos alimentos de sus comidas, como pan, dulces, fritos, etcétera. Y es todo un espectáculo verla comer los que aún mantiene (los deshace en multitud de trozos, los pasea mil veces por el plato antes de llevárselos a la boca, siempre deja algún resto con mil excusas).

• Se encarga ella a menudo de hacer y servir la comida familiar, incluso de hacer la compra (revisando las etiquetas de los productos que caen en sus manos). Puede llegar a aficionarse a coleccionar recetas de cocina. Hace repostería. Desaparece gran cantidad de alimentos de la despensa o frigorífico y no se sabe quién ha sido.

• Se vuelve en ocasiones muy colaboradora con las tareas del hogar, y hasta se pelea por hacer ella las que más esfuerzo físico suponen.

• Se encierra en el baño y/o en su habitación después de las comidas, cuando antes no lo hacía.

• Comienza a vestirse con distinto estilo de ropa (o más suelta o más desarreglada, o de colores oscuros). Se queja de estar hinchada y estreñida y, por tanto, solicita que le compren laxantes.

• Le ha desaparecido la menstruación algún mes y lo suele ocultar.

• Se vuelve muy mentirosa, a veces sin necesidad de mentir. Ante cualquier sugerencia familiar de que tiene algún problema, lo niega.

• Mejora sus calificaciones académicas.

• Disminuye las horas de sueño y se la oye deambular por la casa durante la noche.

• Se la ve muy tapada incluso en el verano; aunque niegue tener frío no se quita los calcetines o la manta de la cama.

• Se pesa más que el resto de la familia.

• Suele hacer valoraciones negativas tanto de sus rasgos de personalidad, como de su aspecto físico (cómo voy a salir a la calle con este cuerpo, no soy nada divertida, etcétera).

 

RECUERDA

El control del peso no ayuda a solucionar infelicidades personales, ni da seguridad a la persona. Hacer dieta sin prescripción facultativa solamente sirve para acabar sufriendo un trastorno de la alimentación y evadirse de la verdadera problemática personal.

Mientras nuestra sociedad continúe valorando desmesuradamente la apariencia física, está garantizando el aumento de los trastornos mentales alimentarios y la aparición de otros nuevos.

Es imprescindible una muy buena dosis de paciencia tanto por parte de los familiares del paciente como por parte del propio paciente, ya que la recuperación es muy lenta.

Si el cuadro clínico llega a límites graves, hay que realizar un ingreso hospitalario sin lugar a dudas.
 

 

El diagnóstico precoz y el tratamiento eficaz son claves para los buenos resultados terapéuticos.

Desear una imagen perfecta no implica padecer una enfermedad mental, pero sí aumenta el riesgo de que aparezca.

 

 

 

 

 

 

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