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  LA ELECCIÓN DE UNA PROFESIÓN

“No existen recetas, ni consejos, ni tests, ni libros para acertar en la elección de profesión”, así de contundente se expresa en la introducción de la completísima obra Todos los estudios y carreras Carlos de la Fuente Gómez.

No obstante, conviene oír opiniones sobre el tema, leer algún libro y realizar algún test, pero sin esperar de ellos una solución: solamente son ayudas para madurar una reflexión y un proyecto. Y sobre todo es preciso no angustiarse ante la falta de una idea clara, porque siempre habrá tiempo para reorientarse.

Teóricamente no hay diferencias de valor entre las profesiones. Pero en la práctica cuentan los condicionamientos sociales de prestigio, moda, retribución económica, rapidez en situarse, autonomía personal, etc., con los que la sociedad va “coloreándolas” y que tanto pesan a la hora de decidir.

Ante los valores tradicionales de prestigio atribuidos a ciertas profesiones, se alza hoy una situación nueva: la saturación de carreras consideradas de gran prestigio o de porvenir (médicos, abogados, arquitectos, etc.) y la retribución cada vez mayor de las profesiones técnicas de grado medio u otras similares. Obsérvese que hoy se habla más de profesiones que de carreras. Por algo será.
Asimismo, en las profesiones llamadas “liberales”, que tradicionalmente atraían a los jóvenes por cierta aureola de independencia en la actividad laboral, se observa ahora una tendencia general hacia la colectivización, con la pérdida consiguiente de autonomía y la resultante masificación que despersonaliza a los profesionales y no incentiva la iniciativa particular ni la práctica privada.

Últimamente, nuestros jóvenes están inmersos en un auténtico baño de sobreeducación, que se suma al fenómeno universal de la “titulitis” (acaparamiento voraz de títulos), provocando una excesiva preparación de los chicos para puestos de trabajo que, en realidad, requieren un nivel más bajo de formación, con la consiguiente frustración de los interesados y pérdida económica y de tiempo.

También los jóvenes han de estar informados sobre la competencia que se genera en empleos a los que antes sólo tenía acceso una determinada profesión, y que hoy pueden ser ocupados por personas de diversas enseñanzas, como por ejemplo sucede en la industria alimentaria, cuyas plazas pueden ser cubiertas por veterinarios, farmacéuticos, biólogos, médicos, ingenieros agrónomos, etc.

A todo esto hay que añadir el impacto de los valores que se presentan a la juventud. Ante situaciones contrapuestas como riesgo-seguridad, actividad creativa-actividad metódica, sacrificio-gratificación inmediata, satisfacción personal-reconocimiento social, etc., podrá decantarse hacia un lado u otro de estos perfiles de valores que apuntamos, según sea el nivel de motivación del joven y sus preferencias en la planificación de la vida. Son opciones que, a la hora de elección, van a dirigir el proyecto vital por derroteros bien diferenciados.

Actualmente parece predominar el deseo de conseguir a toda costa una plaza de funcionario, primando la seguridad, la comodidad y la rutina sobre el embarcarse en aventuras individuales con riesgo potencial. Por otra parte, también es posible que las características del cambio de expectativas profesionales reflejen o preanuncien los cambios de la producción y la economía global, y tal vez tengan un componente adaptativo, ya que los derroteros político-económicos de la sociedad actual tampoco permiten saber con certeza qué será seguro en el futuro. Estudios contemporáneos, por ejemplo, predicen que en Estados Unidos mucha gente, durante su vida, ejercerá dos o tres profesiones o trabajos distintos.

En conclusión a lo que llevamos expuesto, podemos decir que todo el mundo está de acuerdo en que las motivaciones más saludables para realizar una profesión concreta son las que nacen de una afición profesional para la que uno se siente apto y tiene probabilidades de llevar a cabo.


Cambios en las expectativas profesionales del alumnado.

- Han perdido el miedo al paro.

- Viven en el presente.

- No hay afán por la autonomía e independencia económica.

- Buscan el aprendizaje rápido y abreviado.

- Prefieren los proyectos a corto plazo.

- Quieren hacer dinero rápido.

- Asumen el trabajo como algo temporal y variable.

- No encuentran sentido al estudio constante y continuado.

- Comparten la descalificación general de la laboriosidad y del perfeccionismo en el trabajo.

 

 

 

 

 

 

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