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Una dulce historia

Hay una profunda dulzura en este instante de amor, una gracia que hace pensar en las sensaciones experimentadas por Jesús en aquel momento, y quizás también en su placer interno. Emociones fuertes, placer sensual. Una reacción humana, como la experimentada con el dolor físico de la crucifixión. Un gran especialista en la Biblia, Luis Alonso Schökel, hizo un comentario de esta escena con palabras de gran inspiración. El denominador común de la escena es el perfume, como también sucede en el Cantar.

Un “perfume entendido como emanación del intenso amor de Magdalena que envuelve al amado en su aroma. Y los cabellos, orgullo de la mujer, se tornan más hermosos con el tacto y con este aroma que empieza a pertenecerle a él. Así, la comunicación recíproca se expresa como un movimiento circular de ella a él y de él a ella. Pero es él quien ha empezado, atrayéndola con la dulce fuerza irresistible del amor”. Este intenso recogimiento es interrumpido por las críticas del fariseo a quien Jesús responde que todos recordarán a esa mujer para siempre por lo que ella ha hecho. Entonces ¿qué ha hecho ella que sea tan importante para ser recordada? Si Jesús sale de inmediato en su defensa, no puede ser más que por una razón poderosa. Una razón probablemente censurada sucesivamente por los revisores del Canon. Por lo tanto, se impone una pregunta lícita: ¿es posible que Magdalena fuese la esposa de Jesús y María de Betania otro de sus nombres? El Papa Gregorio Magno sostuvo que eran la misma mujer, opinión que compartieron muchos otros católicos doctos, como San Bernardo de Claraval.

En los evangelios gnósticos ya encontramos elementos claros de estos esponsales. En las escrituras canónicas no se habla para nada de una posible relación de Jesús con una mujer. Todo ha sido “olvidado”, o resultaba tan evidente y normal que Jesús fuese casado como para no mencionarlo en los relatos evangélicos. Pero Jesús era hombre en su tiempo y los matrimonios eran parte esencial de la vida, también en la de un rabbí. Algunos estudiosos han propuesto la hipótesis de un matrimonio dinástico entre el Mesías y Magdalena para preservar una línea política y de sangre. En la misma leyenda que surgió pocos años después de la muerte de Jesús, Magdalena fue identificada como la Gran Madre. Existió un culto muy fuerte a Magdalena en Provenza, en el sur de Francia, donde la leyenda dice que ella llegó huyendo de las persecuciones.

 

 

 

 

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