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Efectos prenatales de las hormonas sexuales

Los fetos masculinos viven en un ambiente hormonal diferente a los fetos femeninos. ¿Produce esto algún efecto en sus conductas posteriores?
La mayor parte de las pruebas existentes en este campo se basa en experimentos realizados con animales. Puede que los efectos sobre los humanos sean distintos. Pero, consideremos los experimentos en animales y veamos lo que se sabe sobre procesos semejantes en humanos.

Parece que la exposición prenatal a las hormonas sexuales influye sobre todo en dos comportamientos: la conducta sexual y la agresiva. Los efectos organizadores de las hormonas sexuales sobre la conducta sexual están bien documentados. En un experimento clásico, se administró testosterona a conejillos de indias hembras en estado de gestación. Cuando las hembras descendientes de éstas, que estuvieron expuestas a la testosterona antes de su nacimiento, alcanzaron el estado adulto fueron incapaces de mostrar una conducta sexual femenina (en concreto, la lordosis, postura sexual que supone arquear el lomo y elevar los cuartos traseros de manera que permita al macho insertar el pene). Se creía que esta situación era debida a que la testosterona "organizó" el tejido cerebral (en especial, el hipotálamo) de forma masculina. Asimismo estas hembras nacieron con genitales masculinizados, por lo que también sus sistemas reproductores se habían organizado en sentido masculino. Pero lo que de verdad importa aquí es que las dosis prenatales de testosterona masculinizaron su conducta sexual. En experimentos con otras muchas especies, también se han obtenido resultados similares.

En la edad adulta, estas hembras masculinizadas mediante hormonas adoptaban posturas de cubrición, conducta sexual masculina. Cuando se les suministraba testosterona en la fase adulta, mostraban igual proporción de conductas de cubrición que los machos. Por tanto, la testosterona administrada en su estado adulto, activaba las pautas masculinas de conducta sexual.

El experimento análogo con machos consistiría en castrarlos en el momento del nacimiento, suministrándoles hormonas sexuales femeninas en su estado adulto. Cuando se realizó este experimento con ratas, aparecieron conductas
sexuales femeninas. Estas ratas machos respondían a los intentos de cubrición de los machos normales adoptando la forma usual de comportamiento de las hembras. Aparentemente, el tejido cerebral se organizó de forma femenina en ausencia de testosterona en un período crítico precoz, activándose en la edad adulta las pautas femeninas de conducta por la administración de hormonas ováricas.

En relación con la conducta agresiva, se han demostrado efectos semejantes. La exposición precoz a la testosterona aumenta la conducta de pelea de los ratones hembras. Las hembras de monos rhesus expuestas a edad temprana a la testosterona presentan una mayor incidencia de juegos violentos. Por tanto, parece que la exposición precoz a la testosterona también organiza la conducta agresiva en sentido "masculino".

¿Qué relevancia tienen estos estudios en relación con los humanos? Por regla general, la tendencia es que las hormonas producen mayores efectos en las especies inferiores y menores en los humanos. Sin duda, realizar experimentos como los mencionados en sujetos humanos sería inmoral. No obstante, se han producido una serie de experimentos "accidentales" de este tipo cuando mujeres en estado de gestación han tomado medicamentos que contenían hormonas. Se han estudiado con detalle a los hijos de estas mujeres. Sobre todo, se han centrado en la identidad de género que desarrollan estos individuos.

 

 

 

 

 

 

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