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  Entrenamiento asertivo

El entrenamiento asertivo (una técnica de la terapia de conducta) ha adquirido popularidad entre las mujeres y puede realizarse dentro de un proceso psicoterapéutico formal, en grupos informales de autoayuda o en clases. En primer lugar, tenemos que definir algunos términos.

La aserción o asertividad supone hacer valer los propios derechos personales básicos de manera que no se violen los de otras personas. La aserción debe ser la expresión directa, sincera y adecuada de los propios sentimientos. En este contexto, la agresión supone hacer valer los propios derechos de manera que se violen los derechos de otras personas. Supone, por tanto, dominar, humillar o despreciar a la otra persona. La falta de aserción significa no hacer valer los propios derechos y, en consecuencia, permitir que otros violen los nuestros.

Las mujeres suelen tener más dificultades que los hombres para ser asertivas, debido, en parte, a que la asertividad se confunde con la agresividad y ésta no forma parte del papel femenino, aunque, en ese caso, no es asertividad. Las mujeres se socializan en la pasividad y en otros muchos rasgos similares por ser contrarios a la asertividad. A menudo, las mujeres se preocupan por mantener relaciones armoniosas con otros y temen que mostrarse asertivas provoque fricciones. El problema consiste en que mantener siempre a raya los propios sentimientos tiene un coste: la sensación de frustración, ineficacia o daño. Algunos terapeutas creen que la depresión puede derivarse de la falta de aserción. Como la asertividad es una cualidad humana valiosa, muchas mujeres están asistiendo a cursos de entrenamiento asertivo.

A menudo, el entrenamiento asertivo consiste en que los alumnos interpreten papeles de manera que respondan a personas que se muestran agresivas o que no respetan sus derechos, teniendo presente la idea de que la asertividad se aprende mediante la práctica y observando modelos de conducta asertiva. He aquí un ejemplo de cómo puede utilizarse la aserción de gran calidad para resolver un conflicto:

Un profesor de segundo ciclo universitario prolongaba la clase vespertina durante diez minutos o más, después de la hora debida. Aunque muchos alumnos estaban molestos, una estudiante era asertiva y se acercó al profesor después de la clase.

Alumna: Comprendo que, algunas veces, estamos tan metidos en los temas que usted no se da cuenta de que se acaba el tiempo de clase. Le agradecería que concluyera en su momento porque tengo varios compromisos que cumplir inmediatamente después de terminar esta clase.

Profesor: No creo que esto suceda muy a menudo.

Alumna: Pienso que no se ha dado cuenta, pero las tres últimas clases han acabado entre diez y quince minutos más tarde. ¿Puedo ayudarle de algún modo para que termine a tiempo?

Profesor: En efecto. Con frecuencia, estoy tan interesado que no miro el reloj. Podría ayudarme levantando la mano cinco minutos antes del final. Si no termino en cinco minutos, avíseme otra vez.

Alumna: Me alegro de poder hacerlo.

Nótese que la alumna se muestra asertiva, expresando de forma directa sus sentimientos, pero de modo que también manifiesta respeto al profesor. No actúa de forma agresiva (p. ej.: "Es usted tremendamente desconsiderado con nosotros, haciéndonos salir más tarde todos los días"). Tampoco se muestra carente de asertividad (en ese caso, no habría dicho nada y seguiría aguantando). La situación finaliza con una resolución satisfactoria.

 

 

 

 

 

 

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