La Página de la Vida / www.proyectopv.org Página Principal

   Recibe tu Boletín            Vídeos             Libros, presentaciones, posts...

 
   
 
 
 
 
Búsqueda personalizada
 
 

 
 

EL ESTRÉS Y LA SALUD

Una de las principales razones por las que el estudio del estrés ha suscitado un gran interés es su relación con la salud y, por tanto, con la calidad de vida. En este aspecto hay que resaltar que no todo estrés es nocivo. En primer lugar, su presencia ayuda a la subsistencia de todas las especies, no sólo de la humana. La activación que produce, el estado de alerta que se alcanza, permite mejorar las condiciones para enfrentarse a situaciones potencialmente adversas y/o peligrosas. Si no fuera así, no se lucharía o huiría cuando las circunstancias lo aconsejan. Además, optimiza el rendimiento de las tareas. En un examen, por ejemplo, es necesario, para funcionar lo mejor posible, tener una cierta dosis de estrés. Ahora bien, tanto en un caso como en otro no es conveniente que se sobrepase una cierta intensidad porque entonces pueden aparecer bloqueos, respuestas erráticas...

Por otro lado, se ha comprobado que el estrés puede afectar a la salud. Cuando su presentación es aguda puede hacerlo en algunas ocasiones, pero cuando es repetida o crónica su incidencia puede llegar a ser relevante y, en algunos casos, crucial. Se le ha asociado & con el infarto de miocardio, la hipertensión, el cáncer, la diabetes...

Es verdad que no puede decirse que constituya una variable etiológica, esto es, que cause o provoque directamente las enfermedades pero sí que suele ser un importante factor de riesgo en un buen número de ellas. No está claro si es el estrés el que las causa o al contrario, entre otras razones, por el problema ético que supondría el inducir estrés en personas y, después, comprobar si les origina enfermedades.

¿Cómo puede afectar el estrés a la salud? Se han propuesto varias vías. Una de ellas es que lo hace a través de comportamientos concretos que se relacionan con la salud. Por ejemplo, se ha apreciado un aumento en el consumo de tabaco y alcohol vinculados con incrementos de estrés. Asimismo, pueden verse afectados los hábitos alimenticios, el ejercicio o la probabilidad de accidentes. Por otro lado, las mismas enfermedades son susceptibles de ser acontecimientos estresantes, con lo cual se origina un efecto bidireccional, perjudicando al organismo. Por último, es de destacar los cambios fisiológicos propios de la respuesta de estrés como, por ejemplo, los cambios en la activación simpática (tasa cardiaca, tensión arterial, sudoración...), con una mayor producción de adrenalina y noradrenalina, que incrementan el riesgo de enfermar. Por supuesto, en todas estas cuestiones existen interacciones, es decir, influencias mutuas, y variabilidades individuales.

 

 

Menú de este tema

Home