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El género y la salud

Desde la concepción hasta la muerte, los varones presentan una proporción de defunciones superior a la de las mujeres. Se conciben unos 125 fetos masculinos por cada 100 femeninos (se cree que es debido a que los espermatozoides que contienen un cromosoma Y, son algo más ligeros y nadan más deprisa hacia el óvulo), sin embargo, sólo nacen unos 106 bebés varones por cada 100 hembras. En el otro extremo del continuo vital, hay 5 mujeres de 100 años ó más por cada hombre de la misma edad. En 1.988, la esperanza media de vida, en los Estados Unidos, es de 78 años para las mujeres y de 71 para los hombres.

Se cree que las mayores tasas de mortalidad de los varones (o las tasas más elevadas de supervivencia de las mujeres) se deben a una combinación de factores biológicos y culturales, de los que estos últimos tienen que ver con los papeles asignados al género y con los que se han denominado aspectos "letales" del papel masculino.

Al mismo tiempo, las mujeres manifiestan haber padecido mayor número de enfermedades menores que los hombres y, en los Estados Unidos, en 1.988, de cada diez pacientes de cirugía, seis son mujeres. La cirugía ginecológica encabeza la lista de intervenciones más frecuentes. La mayoría de ellas tienen por objeto la ligadura de trompas (operación de esterilización de la mujer); asimismo, en esa categoría se incluyen las histerectomías y las dilataciones y legrados.

Las feministas han criticado el tratamiento que reciben las mujeres en el sistema sanitario. Podemos resumir estas críticas en los cuatro aspectos siguientes (En 1.988):

1. La relación entre médico y paciente refleja la categoría subordinada de la mujer en la sociedad, de manera que el médico (por regla general, varón) tiene el poder y el control sobre la paciente. La relación se configura de acuerdo con los papeles estereotipados asignados a los géneros. Por ejemplo, la probabilidad de que el médico recete medicamentos psicoterapéuticos, como tranquilizantes, es 1,5 veces superior tratándose de mujeres que si los pacientes son hombres, lo que quizá refleje el estereotipo de que las mujeres son histéricas o neuróticas.

2. La profesión médica ha participado de manera activa en la discriminación de la mujer, en cuanto al acceso de ésta a la medicina. A principios del siglo XX, la mayoría de las facultades de medicina se negaban a admitir a las mujeres. La American Medical Association no las aceptó hasta 1915. Aunque, en 1.988, el 31% de los títulos de doctorado en medicina se otorgaban a mujeres), en general todavía reciben su formación médica en una atmósfera hostil. Por ejemplo, en un estudio sobre el trato otorgado a las mujeres en la facultad de medicina, se descubrió que, con frecuencia, los cirujanos se referían a las médicas residentes de cirugía como a las "faldas". La categoría de las enfermeras (más del 90% de los profesionales de enfermería son mujeres) con respecto a los médicos refleja también la categoría superior de las profesiones de predominio masculino y la inferior de aquéllas en las que predominan las mujeres.

3. Con frecuencia, la atención médica que se presta a las mujeres es inadecuada, desagradable o irresponsable. Un ejemplo de ello es el exceso de recetas de tranquilizantes que antes hemos señalado. A menudo, la investigación médica realizada con mujeres es irresponsable. Por ejemplo, se han desarrollado muchos más anticonceptivos para mujeres que para hombres, por lo que los riesgos para la salud que se producen han afectado de manera desproporcionada a las mujeres. Un caso notorio es el del Dalkon Shield, un DIU (dispositivo intrauterino), que fue retirado del mercado tras la muerte de 17 mujeres a causa de una enfermedad inflamatoria pelviana, directamente imputable a éste. El carácter étnico es también un factor relacionado con el riesgo de las investigaciones. Por ejemplo, las pruebas iniciales de campo de la píldora para el control de la natalidad, cuyos riesgos eran desconocidos, se realizaron con mujeres pobres de Puerto Rico.

 

 

 

 

 

 

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