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Igualdad de salarios

La discriminación sexual en cuanto a los salarios es otro problema grave. Para muchas mujeres, sobre todo para las que son cabezas únicas de familia, es un problema diario, en sentido literal. Las mujeres ganan menos dinero que los hombres. Y esto, a pesar de que, en promedio, la educación de las mujeres es igual a la de los hombres.

¿Cuáles son las causas de la diferencia de salarios? Un factor evidente es la segregación laboral. En muy pocos trabajos, la proporción de hombres y mujeres es igual. En la mayoría, predomina uno u otro sexo y, cuanto más elevado es el procentaje de mujeres en una ocupación, más bajo es el salario. En casos extremos, cuando la proporción entre géneros se inclina tanto que predominan las mujeres en un trabajo que antes era propio de varones, los salarios bajan. Un ejemplo, en los Estados Unidos, es el de las farmacias, ocupación que fue de predominio masculino, en la que los hombres eran propietarios de sus propios establecimientos y actuaban, a la vez, como hombres de negocios y como farmacéuticos, con unos emolumentos muy elevados. Estas tiendas han ido siendo sustituidas por drugstores (1), en donde las farmacéuticas venden medicamentos, ganando mucho menos.

La diferencia de salarios no sólo atañe al género, sino también a la raza. Los salarios anuales están en función del género y del carácter étnico. El hecho de ser mujer y de raza diferente a la blanca reduce el salario de manera considerable.

Un segundo factor que parece estar relacionado con la diferencia de salarios según el género consiste en los papeles familiares de las mujeres. El matrimonio y los hijos aumentan el trabajo del hogar, tanto para las mujeres como para los hombres, pero el efecto es mucho mayor en ellas. El aspecto importante en relación con el tema de la igualdad de salarios es que las mayores responsabilidades familiares de las mujeres pueden llevarlas a hacer ciertas opciones (u obligarlas a hacerlas) que se traduzcan en salarios más bajos. Por ejemplo, para tener éxito como socio de un bufete de abogados o conseguir la propiedad de la plaza como profesor universitario hace falta trabajar bastante más que cuarenta horas semanales (con frecuencia, entre sesenta y ochenta horas). En esta situación, algunas mujeres (aunque, sin duda, no todas) pueden optar por no hacer horas extraordinarias, porque prefieren pasarlas con los suyos o porque las obligaciones familiares les impiden trabajar más de cuarenta horas semanales. Por tanto, estas mujeres optan o se deciden por los niveles inferiores y peor pagados de sus respectivas ocupaciones (abogado, pero no socio del bufete; profesor asociado, pero no titular). Hay mucho que hablar respecto a por qué las responsabilidades familiares de las mujeres tengan que interferir con su progreso profesional.



(1) Aunque la traducción literal sería "droguerías", los establecimientos a los que alude el término inglés norteamericano, además de droguerías, en el sentido en el que entendemos en España esta palabra, venden comestibles, tabaco y productos farmacéuticos.
 

 

 

 

 

 

 

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