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  INTELIGENCIA EMOCIONAL Y ÉXITO PROFESIONAL

A todo el mundo se le hace fácil entender el valor e importancia que las competencias emocionales enunciadas en
La inteligencia emocional tienen en el ámbito personal y, muy especialmente, aquellas relativas a las habilidades de relación social. Sin embargo, es en las áreas profesionales donde más impactantes y trascendentes se están revelando los resultados de los estudios en torno a la inteligencia emocional.

Es un hecho incontrovertible que muchas personas que han tenido notables dificultades a la hora de abordar y superar con éxito las exigencias académicas de unos estudios reglados, acaban triunfando después arrolladoramente en sus carreras profesionales, convirtiéndose en importantes hombres de negocios, creadores y artistas, inventores y toda suerte de profesionales liberales.

Así mismo todos conocemos personas con brillantes expedientes académicos, que una vez alcanzada la etapa profesional no han pasado de obtener resultados mediocres en sus carreras, e incluso en no pocas ocasiones han tenido rotundos fracasos, llegando incluso a veces a un grado de ineptitud total para ganarse la vida y vivir de modo independiente y autónomo.

A lo largo del pasado siglo XX, la media del CI (Cociente Intelectual) de la población de los países desarrollados aumentó 24 puntos, en tanto que el CE (Cociente Emocional) parece haber ido en continuo descenso.

En los últimos años, diferentes investigaciones han demostrado que la correlación entre el CI y el nivel de eficacia en el desempeño profesional no supera el 25 por ciento, y análisis más rigurosos y detallados revelan que dicha correlación no llega en muchos casos ni siquiera al 4 por ciento.

En carreras tales como las ingenierías, o en los programas MBA (Maestría en administración de negocios), donde la selección profesional se basa casi exclusivamente en el CI, la inteligencia emocional se ha mostrado mucho más relevante para determinar quién acabará triunfando profesionalmente.

En relación a un concepto tan en alza hoy como la «excelencia profesional», más de cuarenta estudios realizados en empresas de diversos campos ponen claramente de manifiesto que las aptitudes emocionales representan el doble de importancia que las habilidades técnicas o intelectuales, habiéndose llegado a establecer que en el rango de la alta dirección empresarial hasta el 90 por ciento del éxito depende direc­tamente de la inteligencia emocional.

Por el contrario, en la inmensa mayoría de los directivos que fracasan, o de aquellos que no logran alcanzar puestos de responsabilidad, se suelen dar características y circunstancias tales como la falta de relaciones personales con su entorno, rigidez y falta de autocontrol emocional y de comportamientos; en definitiva, una inteligencia emo­cional escasa o nula.

No es pues sorprendente que en la actualidad los procesos de selección profesional de personal tiendan a valorar cada vez más las competencias emocionales, frente a las aptitudes de inteligencia dura, y que, por tanto, se haya experimentado un notable crecimiento en la demanda de cualificación y formación en este tipo de competencias.

Ejemplo de competencias emocionales profesionales

Competencias emocionales para gestores comerciales:

• Planificar con estrategias bien definidas; técnicas de autocontrol emocional y de comportamientos,
• Adquirir el autocontrol y autodisciplina necesarios para planificar, es decir, para pensar antes de actuar.
• Establecer relaciones de proximidad y confianza: técnicas de comunicación interpersonal (elementos de comunicación verbal y no verbal, empatía, escucha activa, retroinformación, crea­ción de un clima de confianza, técnicas para convencer).
• Orientarnos hacia las relaciones personales.
• Causar buena impresión.
• Buscar y descubrir intereses personales comunes.
• Entender e interpretar adecuadamente estilos individuales de comportamiento.
• Actuar de acuerdo a un estricto código ético.
• Aprovechar cada interacción o transacción para ahondar la relación con el cliente.
• Demostrar habilidades como consultor eficaz y para ser percibido como tal.
• Conocer bien al cliente y adaptar nuestros productos, servicios y programas a sus necesidades e intereses: método Taylor-made.
• Ser competente y demostrarlo, de modo que se pueda confiar en nosotros.
• Adquirir y desarrollar recursos técnicos para influir con eficacia: asertividad (determinación de objetivos, elementos verbales y no verbales del comportamiento asertivo, técnicas asertivas).
• Superar objeciones del cliente.
• Aprender y desarrollar habilidades de autogestión técnica y emocional.
• Establecimiento y consecución de metas.
• Gestión del tiempo y la energía.
• Delegación.
• Auto-control emocional:
— Frente al rechazo («no» a la venta).
— Planificación y realización de actividades gratificantes.
— Técnicas de relajación y respiración.
— Asertividad. Mantener una actitud abierta hacia el aprendizaje y el cambio.
• Asumir la realidad del cambio permanente como la esencia de la «era de la información», y la adquisición de estrategias de adaptación al mismo, como objetivo fundamental de des­arrollo personal y profesional.
• Percepción del aprendizaje como elemento de mejora con­tinua y fuente de gratificación.
• Meta-aprendizaje: métodos y técnicas de aprendizaje: apren­der a aprender.
• Herramientas para aprender con eficiencia.

Inteligencia emocional y oportunidad profesional

Al hilo del boom mediático en torno a la inteligencia emocional, una auténtica pléyade de profesionales provenientes no sólo del mundo de la psicología (ámbito natural de las competencias emocionales), sino de los más variopintos rincones académicos y empresariales, ha hecho su aparición en la arena pública ofertando todo tipo de cursos, seminarios, intervenciones de coaching para directivos y ejecutivos de empresa..., con los que implícitamente se promete cubrir las carencias de la gente en materia de competencias emocionales.

De este modo, el terreno de las emociones en que se asienta el concepto ha pasado a convertirse en tópico general del que todo el mundo sabe, opina y hasta pontifica con aparente conocimiento de causa, como, por otra parte, ocurre con toda suerte de disciplinas, desde el diagnóstico médico y la prescripción farmacológica de andar por casa, hasta las estrategias futbolísticas que debería seguir tal o cual equipo o entre­nador para triunfar en los terrenos de juego.

De cualquier manera, la aparición de la inteligencia emocional en escena parece haber actuado como espoleta del inicio de un renovado y creciente interés hacia todos los temas relacionados con la psicología, la autoayuda, y el desarrollo y crecimiento personales. El interés del público en general es tan alto, que, masivamente, se ha lanzado al consumo de literatura al respecto, y está llenando los aforos de los cur­sos y seminarios de inteligencia emocional y, en muchos casos, de las consultas psicológicas.


Recuerda

La inteligencia emocional es una habilidad compleja, necesaria para gestionar adecuadamente las emociones.

La inteligencia emocional está constituida por un conjunto de competencias que todos podemos aprender y adquirir en mayor o menor medida. Dichas com­petencias son las siguientes:

• Competencia personales.
• Conciencia de uno mismo.
• Autorregulación.
• Motivación.
• Competencias sociales.
• Empatía.
• Habilidades sociales.

La inteligencia emocional se ha demostrado esencial en todos los ámbitos de la existencia de los individuos, tanto el más próximo y personal, como el relativo a la esfera profesional.
Precisamente en el área profesional, cada vez es más patente la importancia radical de la inteligencia emocional, llegando a considerarse hoy día como un factor mucho más determinante del éxito, que el Cociente Intelectual o inteligencia dura.
 

 

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