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El miedo interior

El miedo interior es mantener un miedo escondido dentro de nosotros. Simulamos frente a todos, somos valientes ante la pareja, los hijos, amigos. Sin embargo, podemos vivir con temor ante la "criminalización" de la sociedad. Al extenderse el crimen nos vemos forzados a vivir en tensión, con ansiedad. Vivir en el miedo tiene consecuencias en lo individual, familiar y social.

Vivir en el miedo es inquietud, aflicción y congoja del ánimo y no nos deja sosegar por el riesgo que amenaza. Se asocia a angustia, tormento, preocupación y peligro. Lo contrario es vivir en paz, felices, tranquilos y en serenidad.

Esa alteración permanente de nuestro ánimo nos da la sensación de estar desprotegidos. Nos consideramos impotentes de hacer algo o no sabemos como afrontar la amenaza latente que está allí, aunque no sepamos cómo es realmente, cómo se va a presentar o cuándo va a suceder. Nos hallamos en constante alerta. En muchas ocasiones ese miedo se convierte en una madeja que nos atrapa paraliza. Otras veces, el temor y la ansiedad nos llevan a tener reacciones como palpitaciones, percepciones de ahogo, malestar estomacal, respiración agitada y a una desorganización mental. El miedo nos hace funcionar más emocional que racionalmente. Vivir en el miedo conlleva preocupaciones, incremento del estrés, debilitamiento del sistema inmunológico y el subsiguiente aumento de las enfermedades, sin descontar la probabilidad de sufrir un accidente cerebro o cardiovascular.

Para salir del estado de temor pensemos que sentir miedo no es negativo. De hecho, es un mecanismo de defensa que nos permite prevenir situaciones de peligro. Lo que debemos hacer es admitir que los motivos que nos producen temor existen y que debemos procurar que disminuya. Pero, sin olvidar la eventualidad de ser victimas de eso que tememos, que nos dañe. Entonces, seamos prudentes.

Podemos reunir a la familia. Que todos participen y hagan una lista de los acontecimientos que puedan suceder. Que todos piensen y aporten posibles soluciones. Hablen de qué harían si uno de estos incidentes le ocurre a alguno y de cómo mantener la calma. Seamos sensatos y no provoquemos o facilitemos situaciones indeseables. Más bien propongámonos evitarlas hasta donde podamos.

Si bien no podemos eliminar en muchas ocasiones el motivo del temor en el que vivimos, reduzcamos al menos la tensión y el estado de miedo preparándonos para lo peor y esperando siempre que acontezca lo mejor.

 

 

 

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