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Otto Rahn: El Parsifal del siglo XX

"Cada setecientos años reverdece el laurel", Trovador anónimo del siglo XIII

Para desvelar el misterio que se encontraba tras la leyenda del tesoro cátaro habría que esperar siete siglos. En 1931, un joven alemán de 27 años llamado Otto Rahn llegaba por primera vez al país de los cátaros y a la fortaleza de Montsegur. Tras especializarse en filología e historia medieval en varias universidades alemanas, comenzó a investigar seriamente el tema del catarismo. Pronto se dio cuenta de que estaba muy vinculado con el ciclo de la búsqueda del Grial en la Edad Media. Los historiadores actuales dividen dicho ciclo en cuatro obras que dieron origen al mito: El Perceval de Chretien de Troyes, la Estoire dou Graal de Robert de Boron, el Perlesvaus, y el Parzival de Wolfram von Eschenbach. Todos ellos escritos entre los años 1180 y 1210 que, curiosamente, coinciden con el auge y caída del movimiento cátaro en Europa.

Fruto de dichas investigaciones, Rahn desarrolla su tesis doctoral sobre la herejía cátaro-albigense y el poema de Parzival, descubriendo que el texto de Wolfram von Eschenbach representa una versión novelada de auténticos hechos históricos ocurridos en el territorio cátaro, además de ser la fuente inicial y más pura que existe sobre el tema del Grial en la Edad Media. Tal y como cuenta Otto Rahn en su libro La Corte de Lucifer, "Wolfram von Eschenbach da el nombre de Parsifal al buscador del Grial... Su traducción al provenzal es Trencavel".

Curiosamente Raimund-Roger Trencavel, vizconde de Carcassonne, era el personaje más importante dentro del catarismo. Además, continua Rahn, "la madre de Trencavel y su hijo se consagraron a la herejía. Rechazaron la cruz como símbolo de la salud. El Grial era, según mis conocimientos obtenidos, el símbolo de la creencia herética que fue depositado en la tierra de los puros, como relata numerosas veces Eschenbach en su poema".

Actualmente, ningún historiador duda de que la verdadera saga del Grial narrada en el poema de Parzival llega a Alemania procedente de Provenza, en el sur de Francia. El propio Eschenbach dice en su poema que un bardo latino, Kyot de Provenza, le transmite la leyenda. Hoy sabemos que, alrededor de fines del siglo XII, estuvo como huésped de la corte de Carcassonne un trovador llamado Guiot de Provins. Este trovador errante, cantaba alabanzas a la noble casa de los Trencavel por su apoyo a los cátaros.

Otto Rahn también descubre que Trencavel es primo de la condesa Esclaramonde de Foix, la dueña del castillo de Montsegur. Ésta se convirtió al catarismo y fue una de las perfectas quemada en la hoguera tras la caída del reducto de Montsegur. Según Rahn, Esclaramonde aparece en el poema de Parzival como la única que puede portar el Grial, ya que es la señora del castillo del Grial, al que se le da el nombre de Muntsalvatsche. Así pues, era evidente que el castillo que albergó la Preciada Reliquia había existido y era Montsegur, el castillo de los cátaros.

Ante estos espectaculares descubrimientos, Rahn se convence de que el famoso tesoro de los cátaros era en realidad el Grial, el cual debía esconderse en alguna de las cuevas cercanas al castillo de Montsegur o bien en alguno de sus pasadizos secretos. En 1931 se desplazó de nuevo a la zona, inspeccionando durante tres largos meses los alrededores del castillo sin éxito alguno. ¿Dónde se encontraba el tesoro?

La respuesta la recibió Rahn de labios de un pastor, que le confíó una antigua leyenda tradicional de la zona, tal y como relata en su libro La Cruzada Contra El Grial. "Cuando todavía se mantenían en pie las murallas de Montsegur, los Puros guardaron en ella el Santo Grial. El castillo estaba en peligro. Las huestes de Lucifer se encontraban ante sus murallas. Ansiaban tener el Grial para volverlo a colocar en la diadema de su príncipe, que cayó a la tierra durante la caída de los ángeles. En estas circunstancias llegó del cielo una paloma blanca que abrió en dos el monte Tabor. Esclarmonde, custodia del Grial, lanzó la valiosa reliquia a la montaña, que volvió a cerrarse al recibirla, y así fue salvado el Grial... Cuando los demonios entraron en el castillo ya era demasiado tarde para ellos. Montados en cólera, quemaron a todos los puros en el Camp dels Cremats. Esclaramonde, que se había salvado, subió a la cumbre del Tabor y se convirtió en una paloma blanca regresando a las montañas de Asia".

 

 

 

 

 

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