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PEREDUR, EL HIJO DE EVRAWC
Hallar el coraje para dejar a la madre


EL MITO CELTA DE PEREDUR ES UNA LARGA HISTORA CUYAS RAÍCES SE EXTIENDEN HASTA LOS OSCUROS TIEMPOS EN LOS QUE EL PAGANISMO Y EL CRISTIANISMO NO SE HABÍAN SEPARADO TODAVÍA, Y ES UNA DE LAS MÚLTIPLES NARRACIONES QUE FUERON FINALMENTE ENTRETEJIDAS PARA FORMAR PARTE DEL GRAN TAPIZ DE LA SAGA DEL SANTO GRIAL.

PEREDUR, AL IGUAL QUE SUS HOMÓLOGOS FRANCÉS Y GERMÁNICO, PERCIVAL Y PARCIVAL, TERMINA ENCONTRANDO EL GRIAL, PERO ES LA PRIMERA PARTE DEL RELATO LA QUE NOS INTERESA AHORA: LOS DESAEÍOS QUE ENFRENTA AL COMIENZO PEREDUR AL RECLAMAR SU DERECHO DE SALIR AL MUNDO Y HACERSE UN HOMBRE.


PEREDUR era uno de los siete hijos del Conde Evrawc. Su padre y todos sus hermanos murieron en combate, y Peredur fue criado por su madre en la espesura del bosque, donde el chico se mantuvo ignorante de guerras y caballeros. Ni siquiera conocía el nombre de su padre, y mucho menos el de su calidad de caballero. De esa forma su madre esperaba mantenerlo a su lado, temiendo perderlo como le ocurrió con todos los demás. Uno de los pasatiempos favoritos de Peredur era deambular por los bosques. Cierto día pasaron tres caballeros en sus cabalgaduras y saludaron al joven. Este quedó eclipsado por sus rostros nobles y orgullosos, por el brillo de sus armaduras expuestas al sol y por los colores brillantes de sus gallardetes y las gualdrapas de las monturas. Cuando regresó cerca de su madre, le preguntó quienes eran esos seres. Temerosa, esta le dijo que se trataba de ángeles, y que no beneficiaba en nada a un joven mortal de nacimiento humilde intentar tener contacto con ellos.

Pero semejante engaño no pudo contener el impulso vital de Peredur. Un día se alejó más de lo habitual y divisó un castillo al borde de un lago, donde un venerable anciano cojo, vestido de terciopelo, se hallaba pescando, sentado a la orilla del lago. El anciano invitó a Peredur a unirse a él a la mesa y preguntó al joven si sabía manejar la espada.

—No sé —replicó Peredur—. Pero si me enseñaran, sin duda que aprendería. El anciano reveló a Peredur que en realidad él era su tío, el hermano de su madre.

—Abandona los hábitos y los razonamientos de tu madre —le dijo el anciano—. Yo te daré un caballo y te enseñaré cómo montarlo; y con ello te ayudaré a alcanzar el rango de caballero.

Peredur decidió de inmediato hacerse caballero. A la mañana siguiente su tío le entregó el caballo y, con permiso del anciano, salió a cabalgar. En medio de un prado descubrió otro espléndido castillo, y otro venerable anciano le saludó, lo invitó a la mesa y le preguntó si sabía luchar con la espada. Peredur contestó nuevamente:

—Si recibiera entrenamiento, creo que aprendería.

Con lo que el anciano le dio una espada y se la hizo probar.

Entonces el anciano le dijo a Peredur:

—Joven, has llegado a los dos tercios de tu fuerza. Cuando hayas logrado todo tu poder, nadie será capaz de vencerte. Soy tu tío, el hermano de tu madre, y soy hermano del hombre que habita en el castillo cerca del lago.

Y el anciano le enseñó a empuñar la espada que le había dado.

A la mañana siguiente, con permiso de su tío, Peredur se puso a cabalgar, esta vez armado con su nueva espada. Llegó hasta un bosque y desde la espesura le llegó gran alboroto. Vio a una mujer hermosa de cabello castaño. Cerca de ella se hallaba un caballo y, a su lado, había un cadáver. Cada vez que ella intentaba subir el cadáver a la silla, este se caía al suelo, tras lo cual ella comenzaba a gemir. Cuando Peredur le preguntó lo que había sucedido, ella contestó:

—¡Maldito Peredur! Qué desafortunada soy al haberte hallado. Cuando Peredur le preguntó por qué lo llamaba maldito, ella dijo:

—Porque tú eres la causa de la muerte de tu madre. Pues cuando te pusiste a cabalgar en contra de su voluntad y elegiste hacerte caballero y recibir entrenamiento de tus tíos, la angustia se apoderó de su corazón de tal manera que murió. Por eso eres maldito. Este cadáver era, en vida, mi legítimo esposo, asesinado por un caballero que se encuentra en un claro de este bosque. No te acerques a él, porque te asesinará a ti también.

—Cesa tus lamentaciones —replicó Peredur—, porque yo enterraré el cuerpo de tu esposo e iré en busca del caballero y trataré de vengarme en él. Pero antes debo llorar la muerte de mi madre, a quien nunca más he de volver a ver, y cuya muerte produce un gran pesar en mi conciencia.

Cuando hubo terminado de condolerse y de enterrar al esposo de la dama, fue al encuentro del caballero y de inmediato lo venció. Cuando el caballero imploró merced de Peredur, el joven replicó:

—Te perdono, pero debes tomar en matrimonio a esta mujer cuyo esposo has asesinado. Y debes ir a la corte del Rey Arturo y decirle que yo te vencí para su honor y servicio.

Pues el mayor anhelo de Peredur era ser admitido en la corte del Rey Arturo.

El caballero cumplió lo prometido. Y, tras muchas otras pruebas y aventuras, finalmente Peredur rué admitido en la corte del Rey Arturo, convirtiéndose en su más amado caballero.


COMENTARIO.

El extraño y repentino modo en que Peredur decide dejar a su madre y hacerse caballero puede atribuirse a la proverbial «insensibilidad de la juventud». De igual manera, muchos jóvenes establecen sus miras hacia el futuro rechazando el pasado y a los padres que han tratado de hacer lo mejor posible por criar bien a su hijo. Pero esta historia trata de algo más que de la ingratitud de la juventud. La madre de Peredur había sufrido muchas pérdidas dolorosas: su esposo y todos los demás hijos habían sido asesinados. No es de sorprender que intentara quedarse con este último hijo, manteniéndole al margen del mundo. No obstante, por más comprensible que sean sus intentos para conservarlo, el mundo se entromete, como sucede siempre; en este caso en la forma de los tres caballeros que encuentran a Peredur en el bosque. Lo que este contempla en ellos es una imagen de la virilidad que está buscando, y la que su madre está intentando negarle. En la nobleza y grandeza de los caballeros reside su propio futuro, del que todavía es ignorante. Estos caballeros son también el pasado de Peredur, su herencia, pues su padre era un caballero noble. Oculta en este relato está la necesidad de todo hijo de hallar un modelo de virilidad en un padre, o en un sustituto del padre. Y esta necesidad psicológica urgente, conducirá, tarde o temprano, al joven a alejarse de su madre en busca de lo que finalmente habrá de ser.

En los dos ancianos venerables, Peredur encuentra al padre que le fue negado en la niñez. Ambos reconocen su valor como guerrero y ambos le ayudan en su camino dándole un caballo —un medio de moverse en el mundo exterior— y una espada —un medio de hacerse un lugar para sí mismo y de luchar por sus derechos y condición. En cuanto un joven abandona el hogar, personajes tales como tíos, tías, amigos de la familia,, profesores y otros mentores de más edad adquieren cada vez más importancia, porque se convierten en padres sustitutos y, al mismo tiempo, son personas capaces de conducir al joven hacia una comprensión del amplio mundo. Es vital para cualquier padre reconocer que semejante sabiduría externa es necesaria para el hijo; ningún padre o madre lo es todo para su hijo o hija, y el papel de la paternidad cambia a medida que el niño comienza a tener relaciones con personajes del mundo exterior, que le pueden ofrecer una perspectiva que no ha de hallar en el marco familiar inmediato.

Hasta ahora todo marcha bien; Peredur parece moverse como si estuviera bendito, sin sufrir ningún dolor y sin ningún sentido de pérdida. Ni siquiera se acuerda de la madre que ha dejado, hasta que encuentra a otra mujer desconsolada que, lo mismo que su madre, ha sufrido la pérdida de su esposo. A menudo es a través de los primeros sentimientos de atracción sexual del joven como este se vuelve consciente de sus verdaderos sentimientos respecto a su madre. Y esta hermosa y desconsolada mujer hace conmover su corazón y penetra en su conciencia al informarle de la muerte de su madre. Esta mujer, que extrañamente sabe de la muerte de su madre, es, de hecho, su madre en otra forma. La persecución por parte de Peredur del caballero que asesinó al esposo de la dama es un acto de venganza por la muerte de su propio padre. Su voluntad de arriesgar su vida significa que está preparado para enfrentarse a las pruebas de la vida, y su defensa de la dama es un gesto de lealtad hacia la madre que ha dejado. Por medio de todas estas acciones expía su pasado, se conduele por la pérdida que ha sufrido y logra su primera victoria en batalla, lo que lo capacita para hacerse conocer ante la corte del Rey Arturo, donde anhela obtener aceptación en el mundo de los hombres.

¿Qué nos pueden enseñar, respecto al abandono del hogar, estos primeros episodios de la vida de Peredur? En cierto modo, dejar a los padres es como una muerte; porque, si bien los padres no suelen morirse de congoja por nuestra partida, existe todavía una, sensación de que algo ha muerto. No podemos volver nunca más a la niñez. Y es esta cruda realidad emocional lo que simboliza la muerte de la madre de Peredur. Las experiencias en el mundo externo nos cambian y sirven para cortar el cordón umbilical que nos vincula en una unión psicológica con la familia. Aunque seamos suficientemente afortunados como para preservar una buena y amorosa relación con nuestros padres después de haber dejado el hogar, esta será, de todos modos, una relación diferente, porque ahora somos adultos e iguales, listos para afrontar nuestros propios desafíos, e incluso para ser padres de nuestros padres, si fuese necesario, como hace Peredur cuando trata de ayudar a la dama y entierra el cadáver de su esposo. El dolor de Peredur es un rito de paso que nos aguarda a todos, si hemos de realizar adecuadamente el viaje de la niñez a la virilidad. Con este encuentro y sus consecuencias, Peredur pierde su inocencia. Se enfrenta a la muerte, siente dolor y derrama sangre, y nunca más volverá a ser el niño inocente a quien su madre trató de proteger contra la vida.

Del mismo modo, el padre o madre que es capaz de reconocer el derecho del hijo de hacerse un individuo con un destino independiente puede encontrar, a diferencia de la madre de Peredur, que el niño convertido en adulto desea —voluntariamente y sin presión, engaño, chantaje emocional ni la imposición de un sentimiento de culpa— volver al hogar para visitar, compartir y continuar la construcción de una relación rica y gratificante. El padre o la madre que, como la de Peredur, rehúsa intencionadamente a ser honesto con sus propios temores, pérdidas y necesidades y, en cambio, intenta impedir que su hijo se separe, puede sufrir de congoja, no por la insensibilidad de la juventud, sino porque la partida es correcta é inevitable. Llegará un tiempo en el que debamos reconocer que el mundo externo puede proporcionar a nuestros hijos lo que nosotros no les podemos dar. Peredur no se puede convertir en lo que está destinado a ser por derecho de nacimiento —caballero y buscador de la sabiduría espiritual simbolizada por el Grial— si se le separa de la vida. Esta historia nos permite ver que ninguno de los padres, por más poderoso que sea, puede impedir que la vida se realice a si misma; y es posible que ningún padre tenga- el derecho de intentarlo.

 

 

 

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