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  EL PRESERVATIVO O CONDÓN

Los antecedentes históricos de este popular método anticonceptivo los encontramos en el antiguo Egipto, cuyos habitantes utilizaban un preservativo masculino en forma de capuchón, hecho con tela o con intestino de animales. Griegos y romanos utilizaron el intestino del macho cabrío tanto para evitar el embarazo como las enfermedades venéreas. Otro modelo precursor fue el inventado por el italiano Fallopius en 1504, para prevenir la propagación de la sífilis, y consistía en una funda de lino embebida con cocciones, poco práctica al ser utilizada, pues a menudo se salía de su sitio. Pero el auge de este artilugio se debe al diseño de unos cilindros de caucho lubricados con aceites, inventado por el higienista británico y médico de la corte Condom, en el siglo XVII, y cuyos primeros "prototipos" fueron para el rey Carlos II de Inglaterra (al que ya se le calculaban 14 hijos). Más adelante, el propio Giacomo Casanova, el gran seductor italiano, en un pasaje de la Historia de mi vida, situado en 1760, hace elogio de "un paquete de finas capuchas inglesas". Aunque, en realidad, han tenido que pasar bastantes años para que la finura del látex (nacido en los años treinta) permitiera a los usuarios de preservativos recuperar parte de la sensibilidad hasta entonces perdida por la espesura y tosquedad del caucho vulcanizado, que los norteamericanos crearon a finales del siglo XIX y que se extendió con la primera guerra mundial como fórmula idónea para evitar las enfermedades venéreas de los soldados.

El actual preservativo masculino (condón, profiláctico), cuando se emplea combinado con el uso de un espermicida vaginal, presenta un índice de eficacia del 98%. Si se utiliza solo, sin la ayuda del espermicida, su eficacia es entre el 85 y el 95 %. Ciertamente, es el utensilio más barato de control de la natalidad para los adolescentes; puede usarse sin supervisión médica y su uso no tiene efectos secundarios, además de evitar la mayoría de enfermedades de transmisión sexual.

Sin ánimo de hacer apología del preservativo, pero sí queriendo resaltar sus cualidades y las características de su uso, es importante que los adolescentes desmitifiquen y excluyan los tabúes en lo que respecta al popular condón.
Con los preservativos disminuye la sensibilidad. Generalmente, el látex con que se fabrican los profilácticos es muy delgado, y aunque las sensaciones son levemente diferentes, no por esto se impide el orgasmo. De hecho, la prolongación del coito puede ser más conveniente para la mujer. Se aconseja a los adolescentes que usen preservativos lubrificados para facilitar la penetración, porque es común que la lubrificación vaginal de la adolescente sea insuficiente, dado que la estimulación erótica anterior al acto sexual es limitada por la inexperiencia y la habitual precipitación que se da en estas circunstancias.

El preservativo se puede romper. El látex es fino, pero resistente a la vez. Hay que hacer grandes cortes en un preservativo para que salga una cantidad significativa de semen. Puede ser práctico que el propio adolescente que va a utilizarlo lo desenrolle, lo estire y lo retuerza para comprobar todo lo que puede soportar sin romperse.

El preservativo no es natural y además interrumpe el romanticismo del acto sexual. Hay muchos adolescentes que reconocen que el uso del preservativo es más natural que tomar hormonas. Es cierto que el profiláctico debe colocarse en el pene cuando éste está erecto y antes de iniciar el contacto genital, y ello implica una interrupción de los prolegómenos de la relación íntima, pero la pareja puede justificar la interrupción con el beneficio que obtiene al reducir el temor del embarazo y así favorecer el intercambio erótico sentimental.

Aunque los preservativos se venden sin prescripción médica, la compra del primero es una experiencia difícil que ha sido inmortalizada en libros y en películas. Es útil que los adolescentes conozcan ciertas instrucciones para que se sientan más seguros: los preservativos tienen fecha de caducidad que se debe respetar; es necesario usar espermicidas vaginales junto con los preservativos; hay que usar un preservativo nuevo cada vez que se repita el acto sexual; al ponerse el preservativo hay que cuidar de que no quede apretado contra la punta del pene, dejando un pequeño espacio vacío; si se usa un lubrificante, debe ser a base de agua, no de aceite o vaselina, ya que ésta daña el preservativo, y, por último, es conveniente mantener los preservativos en un lugar fresco y seco.

 

 

 

 

 

 

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