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Psicología de la emigración

La emigración, es decir, el cambio de domicilio y de trabajo a un lugar diferente del que estábamos viviendo, conlleva una serie de cambios psicológicos en el emigrante y su familia que en algunos casos pueden ser tan intensos que den lugar a ciertos trastornos psicopatológicos.

La emigración se produce generalmente por la dificultad de encontrar trabajo digno en el lugar de origen, con lo que algunas personas intentan conseguir este puesto de trabajo en otros países o en otras regiones de su misma nación. Esto implica siempre un esfuerzo de adaptación importante, ya que de un modo más o menos brusco, estas personas tienen que aclimatarse a cambios importantes en varias esferas. Un trabajo nuevo, cambio de domicilio, cambio de clima, costumbres distintas, un idioma diferente en muchos casos, desconocimiento geográfico de la ciudad en la que ahora se vive, cambio del medio rural al urbano, etc.; lo que constituyen factores importantes de estrés que dificultan notablemente la adaptación al nuevo medio ambiente.

Son acontecimientos vitales («life events») que predisponen a la depresión y otros trastornos psicopatológicos; tanto más si tenemos en cuenta que la nueva situación en la que se ve inmerso el emigrante es un tanto depresora. Se halla separado, durante períodos de tiempo bastante prolongados de su familia y amigos (algunos emigrantes dejan a su mujer e hijos en su lugar de origen), con la dificultad para relacionarse (a veces por el mismo problema del idioma) con otras personas, con lo que se crea un cierto problema de incomunicación y soledad. Además el trabajo suele ser especialmente duro, los recursos económicos que genera solamente son altos en relación al país de origen, debido a la diferencia de nivel de vida, por lo que el emigrante se ve obligado a ahorrar si quiere sacarle rendimiento económico a su esfuerzo.

A esta penuria económica y relacional se añade frecuentemente el hacinamiento de estos trabajadores en viviendas de escasa superficie que tienen que compartir con otros compañeros de trabajo o donde vive toda la familia en escasos metros cuadrados. Muchas veces se crean situaciones de explotación de estos trabajadores (que desconocen las normas legales vigentes del país al que emigraron), hallándose por otra parte desvalidos y desorientados en su nueva situación.

Si emigran con sus hijos, éstos también sufren estas dificultades de adaptación, especialmente en lo que se refiere a su escolarización, produciéndose retrasos y fracasos escolares con mucha frecuencia, a pesar de que algunos países pongan a disposición de algunos emigrantes escuelas en las que los niños pueden estudiar en su idioma de nacimiento. Las dificultades de adaptación social se ven incrementadas también por el rechazo que algunos sectores de la población del nuevo país muestran hacia los emigrantes, creándoles sentimientos de inferioridad mediante actitudes que llegan a tener connotaciones racistas.

La suma de acontecimientos vitales traumáticos y el sobreesfuerzo físico y psíquico que supone adaptarse a todos estos cambios, junto a los sentimientos de soledad y desarraigo, configuran factores predisponentes al desarrollo de trastornos psicopatológicos muy variados que van desde los síndromes depresivos a los trastornos por ansiedad, fracasos escolares o a las psicosis, en el emigrante y en su familia.

 

 

 

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