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HOMOSEXUALIDAD Y PSICOANÁLISIS

Sigmund Freud fue uno de los primeros terapeutas médicos que intentó el tratamiento de una mujer homosexual, publicando sus puntos de vista en el artículo: "La psicogénesis de un caso de homosexualidad en una mujer", en 1920.

Freud consideraba que los seres humanos son bisexuales por naturaleza. Al afirmar esto, reconocía que todos los humanos son capaces de desarrollar una conducta homosexual. Según Freud, el origen del placer sexual en los pequeños es múltiple y difuso.

Hacia los 3 años, el niño se enfrenta con el complejo de Edipo. En el aspecto positivo del complejo, la madre es objeto del amor del hijo y el padre, objeto de ambivalencia. Al resolver el complejo de Edipo, el niño se identifica con su padre. El complejo de Edipo negativo se produce cuando no se efectúa la identificación con el padre y el niño mantiene su identificación inicial con la madre, pretendiendo (como ella) ser amado por el padre. Según Freud, nadie llega a deshacerse por completo de este aspecto negativo, pero los homosexuales permanecen fijados en él.

En principio, Freud consideraba que estos mecanismos psicológicos eran muy similares en niños y niñas. Tuvieron que pasar unos años antes de que la distancia entre la lógica de la teoría y la realidad del desarrollo de la mujer convenciera a Freud de la necesidad de elaborar una versión revisada del desarrollo sexual de la mujer. Por fin, reconoció que el desarrollo del complejo de Edipo en el niño era mucho más sencillo que en la niña. El niño mantiene su objeto de amor original (la madre), sustituyéndolo por otra mujer. Para la niña, la madre también es el objeto natural de amor, pero el padre debe convertirse en su objeto. Por eso, puede suponerse que, para la niña, la situación edípica negativa (en la que continúa amando al progenitor del mismo género: la madre) será más intensa, más duradera y quizá no se resuelva. Según Freud, la alternativa lésbica se produce cuando persiste el aspecto edípico negativo, de manera que la madre y, más tarde, otra mujer constituyen el objeto de amor. El componente masculino de la personalidad de la mujer se mantiene y la elección de objeto es homosexual.

Freud especuló que la base de la homosexualidad, tanto en los hombres como en las mujeres, podría ser el amor a sí mismo o narcisismo. Por tanto, el resultado es el amor hacia el yo y la búsqueda de un compañero sexual del mismo sexo que se parezca a uno mismo. Desde esta perspectiva, es posible descubrir un aspecto positivo del desarrollo lésbico. Un problema que plantea el desarrollo femenino "normal" es que muchas mujeres acaban con muy poca confianza en sí mismas y estimando poco a las demás mujeres. El desarrollo lésbico puede ser una alternativa en la que el yo y la mujer son amados y valorados.

 

 

 

 

 

 

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