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  LA ORIENTACIÓN PROFESIONAL

En la etapa adolescente, donde impera la inseguridad y campea el idealismo (con muy poco de realismo), el chico es obligado a decantarse por una vida de especialización en los estudios, mucho antes de hallarse con la madurez suficiente para hacer tal elección. Estando así las cosas, es cuando se agradecen los oportunos consejos del experto en orientación profesional.

¿Qué es la orientación profesional? Una actuación científica y compleja, destinada a conseguir que cada persona se dedique al tipo de trabajo profesional en el que con menor esfuerzo pueda obtener mayor rendimiento, provecho y satisfacción para sí y para la sociedad.

Pero el mensaje que abandera más rápidamente a la mayoría de los adolescentes de nuestros días es sin duda éste: “El mejor trabajo es el que se hace con menor esfuerzo para obtener mayor provecho para sí”. En este contexto, el deber del adulto, padre o profesional, es hacerle ver que lo más importante es descubrir la satisfacción para él y el provecho para la sociedad. Intentar encauzar, con todos los medios posibles, las múltiples elecciones de estudio y profesión para conseguir su mayor autonomía futura. Así, el papel que deben desempeñar los implicados en el proceso de la orientación vocacional del adolescente es saber dirigir con relativa libertad de elección lo que será más justo para el joven.

La orientación profesional debe dar pautas, enseñar a discernir y elegir lo mejor de un oficio. Debe ayudar a que el adolescente reconozca sus capacidades reales y los rasgos de su personalidad. Aprender a aceptarse a sí mismo, con sus limitaciones y potencialidades. Estas ayudas, de hecho, deben empezar antes de la adolescencia, ya que cuando llegue el momento será el joven el verdadero responsable de las decisiones a tomar, tanto a nivel académico como profesional.

¿Cuándo y cómo debemos orientar a nuestros hijos? El “cuándo” depende de las circunstancias personales de cada joven. La escuela (maestro-tutor, pedagogo orientador, etc.) puede ayudar a programar los pasos y directrices a tomar, explicando, por ejemplo, la interacción de cada asignatura con un futuro ocupacional, ventajas e inconvenientes a la hora de elegir asignaturas más afines a los intereses del alumno, etc. Habitualmente estas inquietudes surgían al finalizar la etapa superior de la Enseñanza Primaria o Básica.

Respecto al “cómo”, de entrada hay que matizar que orientar no es simplemente imponer como adulto la idea de futuro que nosotros consideramos interesante para el chico, sino hacerle ver que todo tiene un valor y un sentido en la vida, tanto a nivel de estudiante como de persona. Hay que procurar que el joven se reoriente con sus fracasos y sus triunfos. Debemos esperar a que él mismo se incline hacia un estudio o una profesión. Nuestra misión es informar sobre las posibilidades que tiene el chico, y si es necesario perder un año para que pueda replantearse el futuro, deberemos tener un año de paciencia.

El orientador profesional es la persona más indicada para decidir las futuras posibilidades laborales de un joven. Sabrá evaluar sus cualidades intelectuales y habilidades manuales, entrevistándole y pasándole las baterías de tests psicotécnicos que considere pertinentes. Podrá informarle a él, y a sus padres, sobre las ofertas del mercado laboral a que puede aspirar y los trámites que tiene que cumplir para acceder a estos puestos de trabajo. El orientador profesional conoce la legislación y las peculiaridades laborales de cada país, convirtiéndose así en el idóneo asesor de las familias que tienen hijos adolescentes.
 

 

 

 

 

 

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