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  EL RENDIMIENTO PROFESIONAL DE LA MUJER

Detente un momento y piensa en el nombre de una científica famosa. Escríbalo. Es probable que, como mínimo, un 90% haya escrito "Marie Curie" y el resto no haya escrito nada al no poder recordar su nombre. ¿A quién más podemos nombrar?

Esto ilustra hasta qué punto son pocas las mujeres que han llegado a ser auténticas eminencias en la ciencia y el limitado reconocimiento que les otorgamos (otros ejemplos podrían ser Anna Freud, Jane Goodall, Dian Fossey y Margaret Mead). En general, los diccionarios biográficos al uso ponen de manifiesto que menos del 10% de las personas eminentes está constituido por mujeres y más de la mitad de éstas aparecen porque fueron reinas por derecho dinástico o ¡por haber sido esposas o amantes de hombres famosos!

Uno de los primeros estudios estadísticos sobre las mujeres eminentes, que recogía un total de 868 nombres, correspondientes a 42 naciones, y abarcaba desde el siglo VII a.C. hasta 1913, mostraba que el mayor número (38%) había alcanzado la eminencia en literatura. Aparentemente, la superior capacidad verbal había servido de algo. Sin embargo, el mayor grado de importancia (medido por el número de líneas dedicadas a cada personaje en los diccionarios biográficos) se otorgaba a soberanas, dirigentes políticas y madres y mujeres de hombres eminentes. Las mujeres también alcanzaban la fama por una serie de motivos no intelectuales: por su suerte trágica, su belleza y por resultar inmortalizadas en la literatura.

Incluso en los campos tradicionalmente asignados a las mujeres, los hombres ocupan las posiciones más destacadas y prestigiosas. La decoración de interiores y el diseño de ropa, en un plano profesional, están dominados por los hombres. Los grandes cocineros de renombre son hombres.

En nuestros días, sigue existiendo una distancia clara entre los logros de las mujeres y los de los hombres. La mayoría de las mujeres se concentran en un campo relativamente reducido de ocupaciones en las que ellas predominan (ocupaciones en las que el 80% o más de los trabajadores son mujeres); entre ellas están: bibliotecarias, técnicas de salud, secretarias, enfermeras, cajeras, telefonistas, puericulturas y ayudantes de odontólogos. En contraste, la mayoría de los hombres se reparte entre las 229 ocupaciones que, al menos en un 80%, son masculinas, entre las que se cuentan: científicos naturales, médicos, odontólogos y abogados. Hay una notable diferencia entre la categoría de las ocupaciones de predominio masculino y las de predominio femenino.

Esta situación se complica por el hecho de que las mujeres que consiguen éxitos excepcionales permanecen a menudo en la sombra. Por ejemplo, cuando tú piensas en el descubrimiento de la estructura de la molécula genética del ADN, es probable que recuerdes a los dos científicos varones Watson y Crick. Para el público, en general, ha pasado desapercibida la esencial contribución de su colega femenina: Rosalind Franklin. No sólo es interesante eliminar obstáculos para el éxito de las mujeres, sino reconocer también el trabajo de las que ya lo han logrado.

El estudio de los éxitos obtenidos por mujeres adultas ya consideradas muy inteligentes en sus años escolares proporciona una visión del síndrome del "desequilibrio en la cumbre". En las escuelas de California, se encontraron a más de 600 niños con un Cl superior a 135 (que representa el 1% superior de la población). Se siguió su progreso hasta la edad adulta. En general, las ocupaciones adultas de las mujeres cuyos Cl infantiles se situaban en el mismo nivel que los de los varones carecían de distinción. Pocas se convirtieron en profesionales. Aunque el Cl mostraba una relación directa con el éxito en el caso de los varones, esto no se producía en las mujeres. De hecho, dos tercios de las que tenían un Cl de 170 ó superior (el nivel de "genio") eran amas de casa u oficinistas. No podemos sino asombrarnos del enorme derroche de recursos que este representa.

En resumen, en relación con el rendimiento, las niñas superan a los niños en todas las áreas escolares, pero, en cuanto al logro profesional, las mujeres quedan muy por detrás de los varones. Este déficit resulta particularmente sorprendente ante los logros y capacidades intelectuales de las niñas en las escuelas; es probable que sea el resultado de muy diversas influencias, entre las que hay que contar con la discriminación y la socialización con respecto a los papeles asignados a cada género. También se encuentran distintos factores motivacionales que pueden explicar también los menores logros profesionales de las mujeres.

 

 

 

 

 

 

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