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Roles sexuales según las distintas culturas.

A lo largo de la historia y de las diversas civilizaciones y culturas, la sexualidad cambia o ha cambiado en lo que se refiere a costumbres y forma de manifestarse. La poligamia fue casi ilimitada en los tiempos del persa Ciro, igual que posteriormente se mantuvo entre los pueblos islámicos. También en la antigua India existía la poligamia, según un relato de Estrabón: «Los indios se casan con muchas mujeres que compran a sus padres al precio de una yunta de bueyes por cada una, y las toman como simples criadas, reservándose el derecho a ultrajarlas de mil modos.» En lapón la mujer ha tenido siempre una especial dedicación a procurar placer al hombre. Las geisbas se encargaban de procurar entretenimiento y alegría a sus clientes, pero no placeres sexuales. En la antigua Corea no se consideraba a la mujer como ser humano, pues carecía de personalidad jurídica y de nombre propio, siendo comprada y vendida por el marido, que podía hacer con ella lo primero que se le antojase. También se han descrito casos históricos en los que la mujer tenía varios maridos (poliandria), especialmente en algunos países orientales.

En el antiguo Egipto se permitía el matrimonio entre hermanos de sangre real y también los matrimonios múltiples. Sexto Empírico cuenta que en algunas zonas del antiguo Egipto las mujeres podían prostituirse sin deshonrarse, pues la prostitución era considerada como algo noble y digno. Según Herodoto, los antiguos habitantes de Babilonia obligaban a prostituirse una vez en la vida a sus mujeres con un extranjero dentro del templo del amor. Son famosos los rituales obscenos y macabros de los antiguos fenicios representados por el culto a Moloch entre otros. En la antigua Grecia eran frecuentes las prácticas homosexuales, concretamente la pederastia (homosexualidad activa) y la pedofilia (relaciones sexuales con niños y adolescentes). El lesbianismo u homosexualidad femenina está especialmente representada por la célebre poetisa Safo.

Realmente encontramos en la historia multitud de concepciones y legislaciones diferentes en torno a la sexualidad. No obstante, la monogamia es y ha sido siempre el comportamiento sexual más frecuente, ya que es el sistema que más asegura la supervivencia del núcleo familiar. La mujer ha dependido generalmente del hombre, que en muchas ocasiones se consideraba como dueño de la misma; galos y germanos se consideraban con derecho sobre la vida y muerte de su mujer, al igual que de sus hijos. También es cierto que en la Edad Media, la mujer era considerada como partícipe de los bienes del marido, si bien, siempre estaba un tanto subyugada a sus deseos. La poligamia ha sido mucho más consentida que la poliandria (mujer que tiene varios esposos simultáneamente), posiblemente porque de este modo resultaba más fácil aumentar la descendencia, y por tanto, aumentar la población de un pueblo, lo que resultaba especialmente importante durante épocas en que la guerra acababa con gran número de varones. Las desviaciones sexuales no son cosa de nuestros días, se pueden observar, en mayor o menor medida en la mayoría de las culturas; lo que realmente se modifica es la tolerancia social hacia las mismas, lo que dificulta o favorece su difusión.

Un factor que a veces cambia en relación con la cultura es el de las zonas anatómicas que resultan especialmente eróticas. Generalmente estas zonas están en relación con los genitales o el pecho en la mujer; pero se dan anécdotas muy interesantes. Por ejemplo, en algunas tribus de África, son los hombros de la mujer la zona que implica una mayor fuerza erótica. Maquillajes y adornos, a veces verdaderamente extravagantes, pueden tener una significación similar, siendo muy variable la forma de lograr estímulos sexuales en cada una de las culturas.

 

 

 

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