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NARCOLEPSIA E HIPERSOMNIA: EL SUEÑO IRRESISTIBLE

La narcolepsia es una enfermedad rarísima pero fácilmente identificable por sus características dramáticas. El joven víctima de esta afección, de manera repentina y sin previo aviso, siente una necesidad imperiosa e impostergable de dormir, esté donde esté. Estos ataques de sueño pueden durar un minuto o más de una hora. No se trata del estado de somnolencia y “cabeceo” que normalmente pueden sentirse durante el día si uno sufre de sueño atrasado, sino de una situación incontrolable que puede ocurrir en cualquier momento, por ejemplo, mientras el adolescente esté bailando en una discoteca, conduciendo un automóvil o en el aula de la escuela. No obstante, los ataques de sueño ocurren habitualmente después de una comida, por la tarde y siguiendo períodos de actividad tranquila y de quietud.

Durante el episodio de narcolepsia los músculos se aflojan y el sujeto puede sentirse paralizado al despertar. La enfermedad acostumbra a manifestarse entre los 10 y los 25 años, y puede ser hereditaria (del 10 al 50 % de los afectados tienen parientes cercanos con narcolepsia).

La enfermedad puede confirmarse mediante un estudio neurofisiológico en un laboratorio del sueño. Ha de quedar bien claro que no se trata de un trastorno convulsivo o epiléptico, pero al igual que los pacientes en estas condiciones, el adolescente con narcolepsia no debe manejar vehículos o participar en actividades peligrosas si su condición no ha sido perfectamente controlada. El tratamiento consiste en el uso de medicaciones estimulantes (tipo anfetamina) y breves “siestas” preventivas durante el día.

Respecto a la hipersomnia, hay que saber que es más común que la narcolepsia y que en apariencia se le asemeja. Sin embargo, se distingue fundamentalmente en que el impulso de dormir es menos poderoso. Se trata más bien de una somnolencia persistente con episodios de sueño muy prolongados. La causa desencadenante de este cuadro clínico son las crisis de apnea nocturna, resultantes de la obstrucción de las vías aéreas durante las horas del sueño. La razón más común de estas apneas (paradas respiratorias) es el bloqueo del paso del aire por amígdalas y adenoides hipertrofiadas, habituales en jóvenes obesos que roncan de manera estrepitosa. Hay quienes también cesan su respiración de manera intermitente por apnea central, es decir, cuando el centro cerebral que regula el automatismo respiratorio no funciona bien. Como consecuencia de estas situaciones, hay retención en los pulmones de dióxido de carbono, por deficiente ventilación de los mismos, lo cual provoca la consecuente hipersomnia, que incluso puede desembocar en el coma y la muerte.

El diagnóstico de apnea obstructiva o central cabe sospecharse cuando hay ceses repetidos de la respiración nocturna y se puede confirmar estudiando al paciente en un laboratorio del sueño, en donde sea posible registrar simultáneamente (monotorizar) la respiración, el ritmo cardíaco y la actividad eléctrica cerebral (EEG). Se trata, pues, de una enfermedad grave y potencialmente fatal, en la que el adolescente duerme mal de noche, está cansado todo el día, le duele la cabeza, no rinde en la escuela, puede presentar trastornos de conducta y hasta puede ser considerado como retrasado mental. Por supuesto que existe cura para estos casos, tanto a nivel médico (con fármacos específicos o aparatos controladores nocturnos de la respiración) como quirúrgico (extirpación de amígdalas y adenoides, correcciones a nivel del paladar, etc.).

 

 

 

 

 

 

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