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Teorías y terapias

Existen muchas teorías sobre las causas de la anorexia, que han llevado a distintas formas de tratamiento. Todas concuerdan, sin embargo, en que la terapia es lenta y difícil: es normal que persista durante dos a cinco años.

Se ha propuesto que la anorexia es el resultado de causas biológicas. Las anoréxicas presentan muchos trastornos de sus funciones biológicas, pero el problema está en que estas pacientes no acuden a los médicos hasta que ya son anoréxicas. Llegado ese punto, no está claro si los problemas psicológicos son producto de la anorexia o la consecuencia del hambre. La investigación indica que lo más probable es que las situaciones problemáticas se deriven de la inanición porque la mayor parte se invierten por sí solas y vuelven a su estado normal a medida que la persona gana peso.

En la persona anoréxica, el funcionamiento del hipotálamo está trastornado. El nivel de las hormonas HL y FSH es muy bajo, comparable al de una niña antes de la pubertad. Los electrolitos son importantes para el adecuado funcionamiento del sistema nervioso y los niveles de electrolitos (p. ej., el potasio) están alterados. En las personas bulímicas, los bajos niveles de potasio constituyen un problema especial, debido a los vómitos y al mal uso de laxantes. Las convulsiones, la baja presión sanguínea, la reducida tasa cardiaca y los latidos irregulares son otros tantos resultados del hambre. Sin embargo, parece que todas estas anormalidades biológicas son consecuencias y no causas de la anorexia.

La teoría psicoanalítica considera la anorexia como el resultado del miedo a la fecundación oral. Es decir, para la anoréxica, el alimento que ingiere por la boca podría ser causa de gravidez. El hecho de dejar de comer le impide quedarse embarazada. Al mismo tiempo, la inanición produce amenorrea, que reduce aún más el temor al embarazo, y la pérdida de peso borra las curvas del cuerpo femenino adulto, volviendo a tener el cuerpo liso de niña (una especie de regresión). Estos problemas se atribuyen a unas relaciones conflictivas entre los progenitores y la hija. En los casos de anorexia, son habituales unas relaciones familiares problemáticas, aunque, una vez más, no está claro si el conflicto familiar es la causa o el efecto; o sea, ¿la familia trastornada es la causa de la anorexia o el hecho de tener una persona anoréxica en la familia provoca una alteración en la misma?

En una variante del enfoque psicoanalítico, se recomienda una terapia cariñosa y de autoridad para la anoréxica. Cree que el origen de esa situación está en la primera infancia. Quizá la madre, mostrando su propia incapacidad y obligando a su hija a hacerse cargo de las cosas, la fuerza demasiado pronto a ser independiente y a tomar responsabilidades. De acuerdo con ello, la hija se convierte en la "mejor niña del mundo". Más tarde, en la adolescencia, cuando existe una presión real para separarse de los propios padres y convertirse en persona adulta, sale a relucir la patología. Algunos investigadores afirman que la terapia debe incluir el cariño para compensar el que le faltó por parte de los padres en la primera infancia. Asimismo, el enfoque de la terapia debe basarse en la autoridad, en la medida en que el terapeuta ha de dirigir a la paciente a través de etapas específicas para llevarla a superar el problema. Como las personas anoréxicas se resisten mucho a la terapia, no mejoran salvo que el terapeuta sea muy directivo.

El enfoque de la terapia de conducta, basado en la teoría del aprendizaje, trata la anorexia como una fobia a la comida. La idea que rige la terapia es que el hecho de comer provoca ansiedad en la anoréxica. En consecuencia, el ayuno reduce la ansiedad, convirtiéndose en un poderoso reforzador. La comprensión de estos principios puede ser útil para el tratamiento hospitalario de las personas anoréxicas, teniendo presente el objetivo de conseguir que ingieran alimentos. Esta meta a corto plazo puede ser muy importante porque existe el riesgo de muerte, debido a la inanición. La terapia de conducta puede utilizarse para reducir la ansiedad que el paciente asocia con la acción de comer. Por desgracia, cuando las pacientes que han recibido este tipo de tratamiento regresan a su antiguo ambiente familiar, vuelven con frecuencia a sus anteriores pautas anoréxicas de conducta.

La bulimia puede resultar difícil de explicar mediante la teoría del aprendizaje. Dado que el vómito es, de por sí, muy desagradable, ¿por qué iba a provocarlo nadie reiteradamente? Una vez más, la respuesta radica en la ansiedad. La bulímica quiere perder peso; en consecuencia, el hecho de comer hasta hartarse provoca un elevado nivel de ansiedad. El vómito la reduce, convirtiéndose, por tanto, en un reforzador positivo.

La teoría de sistemas y la terapia familiar representan otro enfoque de la anorexia. La teoría de sistemas no considera a la anoréxica como un individuo aislado y trastornado, sino como una persona inserta en un complejo sistema que abarca su familia y la sociedad en general. Sus padres pueden hacer determinadas cosas en la primera infancia de la niña que la predispongan a la anorexia. Las pautas de interacción y comunicación familiares disparan el problema en la adolescencia, perpetuándolo. Pero la conducta problemática de la muchacha tiene también efectos desastrosos en el funcionamiento de la familia. Su patología se convierte en su centro de atención y, para hacerlo bien, haría falta una organización familiar completamente nueva. Las familias de las pacientes anoréxicas, en su mayoría de clase media superior, tienden a resaltar o dar importancia a la belleza (y, por tanto, a la delgadez) y a los signos externos de éxito, como las buenas notas. De este modo, la niña aprende a subordinarse. Las expectativas de la niña en una actividad dirigida a un objetivo, como estudiar o aprender una destreza, no consisten, por tanto, en la competencia, sino en la aprobación. La recompensa no es el conocimiento, sino el amor. El régimen produce signos externos, tangibles, de "éxito" y, a la vez, permite que la chica tenga una sensación de control.

Siguiendo el enfoque de la teoría de los sistemas, es precisa la terapia familiar. No funciona el tratamiento dirigido tan sólo a la paciente, porque continúa inmersa en la familia que mantiene su enfermedad. En consecuencia, tanto la familia como la anoréxica deben participar en la terapia.

La perspectiva feminista no hace hincapié en la patología de la persona, sino en las prácticas de socialización y en los mensajes de nuestra sociedad. La anoréxica manifiesta una reacción extrema a los mensajes de socialización que todas las mujeres de la sociedad occidental escuchan mientras crecen. Se da importancia a la delgadez, como evidencia el lema: "una mujer nunca está demasiado delgada". Las modelos de alta costura, las chicas que aparecen en las páginas centrales de Playboy y las concursantes de Miss proporcionan una imagen de delgadez difícil de conseguir. Del mismo modo que, durante siglos, las chinas ricas vendaban los pies de sus hijas para que cumplieran una norma de belleza, culturalmente definida, la sociedad occidental impone una norma concreta de apariencia delgada, no mediante la coerción física, sino a través de la socialización. En una encuesta, el 70% de las alumnas de bachillerato se mostraban insatisfechas con su cuerpo y querían perder peso. En otra encuesta, el 80% de las alumnas de último curso de bachillerato quería perder peso, el 30% estaba sometido a una dieta y el 60 por ciento había seguido un régimen en algún momento de ese curso académico. En cambio, sólo el 20% de los alumnos del último curso de bachillerato quería perder peso y sólo el 6% de los varones estaba siguiendo en ese momento algún régimen.

La anorexia y la anoréxica han sido glorificadas incluso, con el título que Playgirl dio a un artículo sobre la anorexia: "The Golden Girl Disease" ("La enfermedad de la niña dorada"). Todos estos hechos dan fe de la presencia generalizada de estímulos a favor de la anorexia en nuestra cultura.

Las terapeutas feministas señalan también que la ruptura sentimental con el compañero o algún otro acontecimiento que pueda interpretarse como rechazo de un varón precipita, a menudo, la anorexia. En este caso, el problema reside en que la anoréxica ha otorgado a los hombres el poder de definir su vida y de controlar su autoestima.

¿Adonde nos lleva este vasto conjunto de posibles explicaciones? Algunos investigadores han propuesto un modo útil de organizar y comprender por qué se desarrolla la anorexia, incorporando la mayor parte de las ideas sobre el tema. En primer lugar, hay una serie de factores predisponentes a la anorexia: una familia conflictiva, las presiones culturales a favor de la delgadez, una imagen corporal deformada, etcétera. El seguimiento compulsivo de una dieta puede desencadenarse cuando alguna persona, caracterizada por muchos factores predisponentes, se ve expuesta a un factor precipitante, como la pérdida de un compañero sentimental o la petición de un amigo íntimo de iniciar una relación sexual. Cuando empieza el exceso en la dieta, aparecen diversos factores de mantenimiento: la inanición y los vómitos reducen la ansiedad y, cuando la anorexia atrae la atención de terceros, pueden aparecer beneficios secundarios de la enfermedad. Por tanto, hay muchos factores que desempeñan algún papel y es necesario conocerlos y ocuparse de todos para que la terapia tenga éxito.

 

 

 

 

 

 

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