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Terapia feminista y terapia no sexista

Las terapias feministas y no sexistas pueden caracterizarse como aquéllas que permiten a los clientes determinar sus propios destinos sin la construcción de estereotipos de papeles asignados a los sexos, culturalmente prescritos, basados en supuestas diferencias biológicas. Ambos enfoques intentan facilitar la igualdad (en cuanto poder personal) entre mujeres y varones.

Existen distinciones entre la terapia no sexista y la feminista. En concreto, la terapia feminista incluye la defensa de las posturas del movimiento de la mujer. La terapia no sexista tiene los siguientes valores y supuestos concretos:

1. El terapeuta debe ser consciente de sus propios valores.

2. No existen las conductas prescritas propias de papeles asignados a los géneros.

3. No se considera patológica la inversión de los papeles asignados a los géneros (p. ej., la mujer que aporte el sustento y el varón dedicado a la casa).

4. No se considera que en la terapia el matrimonio constituya un objetivo mejor para una mujer que para un varón.

5. Se espera que las mujeres sean tan autónomas y asertivas como los varones; y que éstos sean tan expresivos y cariñosos como las mujeres.

6. Se rechazan las teorías de la conducta basadas en diferencias anatómicas.


Veamos, a continuación, los supuestos básicos de la terapia feminista:

1. La categoría inferior de las mujeres se debe a que tienen menor poder político y económico que los hombres. El análisis del poder es fundamental para el pensamiento feminista.

2. El origen primario de la patología de la mujer es social, no personal; externo, no interno.

3. La atención que se presta al estrés ambiental como origen principal de las patologías no se utiliza como vía de escape de la responsabilidad individual.

4. La terapia feminista se opone a la adaptación personal a las condiciones sociales; el objetivo es el cambio social y político.

5. Se considera que la relación entre terapeuta y clienta es igualitaria.

6. Se estimula a las pacientes a que expresen su ira y, después, se enfrenten con ella.

7. Las mujeres deben ser económica y psicológicamente autónomas.

8. Las relaciones de amistad, amor y matrimonio deben realizarse en la igualdad de poder personal.

9. Deben desaparecer las diferencias entre conductas "apropiadas" para cada género.


No obstante, en este campo, la terminología no está normalizada y algunas terapeutas pueden referirse a sí mismas como terapeutas feministas cuando, en realidad, sus supuestos básicos corresponden a la que aquí hemos denominado terapia no sexista.

Quizá los dos aspectos más fundamentales de la terapia feminista y los que más la distinguen de la psicoterapia tradicional sean los puntos 2 y 4. Con respecto al punto 2, las terapias tradicionales han considerado los problemas de las personas como problemas internos (dentro del individuo) y, de acuerdo con ello, han prescrito cambios personales para conseguir una adaptación mejor. En cambio, las terapias feministas consideran que el origen de los problemas de las mujeres es externo, derivados de la opresión de la sociedad sobre ellas. De ello se deriva el punto 4: si el origen de los problemas es externo, el objetivo será cambiar la sociedad, no una misma.

 

 

 

 

 

 

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