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El trabajo remunerado y el bienestar psicológico de la mujer

Generalmente, la mujer occidental de hoy en día tiene un trabajo remunerado con dedicación completa, al tiempo que actúa como ama de casa, está casada y educa a un preescolar o cuida a un progenitor anciano. ¿Está sobrecargada de trabajo, estresada por todas esas responsabilidades y predispuesta a enfermedades físicas y mentales? En el marco de las ciencias sociales, nos estamos planteando diversas cuestiones sobre los efectos de la multiplicidad de los papeles desempeñados (p. ej.: trabajadora, madre, esposa) sobre la salud.

La investigación sobre los efectos del trabajo remunerado sobre la salud de las mujeres muestra, en general, un cuadro positivo, aunque también complejo. No parece que el empleo tenga un efecto negativo sobre la salud física y mental de las mujeres. En realidad, parece que mejora la salud, tanto de solteras como casadas, que tengan actitudes positivas con respecto al mismo. En general, cuando están empleadas, las mujeres consiguen el apoyo de sus compañeras y supervisoras, y este factor es importante para reforzar los efectos saludables que constituye el empleo para las mujeres. Por supuesto, hay muchas que no están en estas agradables condiciones; cuando la situación en la que se encuentra la mujer la expone al acoso sexual o a las frustraciones propias de la discriminación salarial y relativa a los ascensos, es probable que no disfrute de los efectos benéficos del empleo sobre la salud.

Cuando consideramos la relación entre el empleo y la salud mental de la mujer, otro factor crítico es la atención al niño*. Si la mujer no encuentra instituciones adecuadas, si cree que las existentes no brindan a su hijo una atención de gran candad o son demasiado caras para acceder a ellas, la combinación de trabajo y maternidad puede suscitar el estrés. Si, por otra parte, la atención al niño es buena, es más probable que los papeles laboral y familiar se refuercen mutuamente.

Los hijos aumentan las depresiones de las esposas no empleadas. En cambio, si las madres trabajadoras disponen de instituciones de atención al niño y si sus maridos comparten su cuidado, los niveles de depresión son bajos. No obstante, las madres empleadas que carecen de instituciones de atención a los niños y tienen que soportar solas la responsabilidad de su cuidado muestran unos niveles extremos de depresión.

 

 

 

 

 

 

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