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TELESEXO, CIBERSEXO, VIDEOSEXO

El sexo no ha escapado a la fiebre de las producciones de videos caseros. El uso de cámaras digitales y teléfonos móviles han estimulado la captación de imágenes de los actos relevantes de nuestra vida, expresiones que nos gusta compartir con nuestros seres queridos.

A la alcoba también llegaron las cámaras. Los sexyvideos que se toman las parejas comenzaron a producirse, cada vez con más entusiasmo y calidad. Igual y, literalmente, con verdadera pasión. Luego el y ella los verán, se retroalimentarán y el "video-movie" servirá como un instrumento para la nueva reiniciación sexual de los dos.

El comportamiento sexual y sus patrones de normalidad van cambiando de acuerdo los avances sociales y tecnológicos. Así, nuestras abuelas se escandalizarían por el uso de vibradores o de otros juguetes sexuales, los cuales, por cierto, los sexólogos tanto recomiendan a las parejas, para reactivarse pasionalmente cuando baja la libido o el deseo sexual. Hoy, nuestras madres se asombrarían al descubrir que muchos cuartos matrimoniales son unos verdaderos estudios de televisión.

Los seres humanos tienen normalmente dosis de exhibicionismo, es decir les gusta que los vean, por eso van a la playa precisamente exhibiéndose; o dosis de "voyeurismo" donde es un placer ver el cuerpo desnudo de la pareja; o pequeñas dosis de fetichismo, cuando les encantan algunas partes del cuerpo de la pareja como los pies o los labios o los genitales. Esto no tiene nada de anormal, todo el contrario. Para que se considerare un trastorno psicológico al fetichismo, exhibicionismo o voyeurismo, implicaría tener sexo con objetos en lugar de personas, la exposición de los propios genitales a un extraño que no lo espera, o ver escondido a otras personas realizando sexo. Además, provocarle malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad, de la persona en cuestión o de terceros.

Ese no es el caso, la mayoría sólo quiere tocar, oler, retozar con el cuerpo del otro y con el suyo mismo y también ver, mirar y ser admirados. Por lo que si ambos están de acuerdo, son mayores de edad, no dañan a nadie y consienten en hacerlo porque les gusta, entonces pueden coger las cámaras y disfrutar sus relaciones amorosas en la pantalla de la estricta intimidad.

Eso sí, lo que no se puede caer es en divulgar la vida estrictamente privada como es el sexo de la pareja, porque personas inescrupulosas las pueden utilizar para explotarlas y convertirlas en pornografía con todos sus perjuicios.

 

 

 

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