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VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

Si hay algo que no sólo no debe, sino que no puede ser, es que el hogar se convierta en un infierno. Allí donde debe reinar un ambiente cálido y comprensivo, no pueden imponerse los gritos, insultos, empujones o malos modos.

La violencia intrafamiliar es un hecho constatable, muy problemático y mucho más frecuente de lo imaginable para quienes no trabajan con su sórdida realidad. El inicio es insidioso; puede generarse en el desprecio, el egoísmo, la ingesta de alcohol u otras drogas, y muestra su fealdad desde el tono vejatorio, el gesto despectivo, la pérdida de respeto.

Cuando un ser humano golpea a otro, algo se rompe para siempre, cuando esto acontece entre miembros familiares la situación se hace irrespirable, pues acabará en la reincidencia; aumentará y se agravará el despropósito.

El NO a la violencia intrafamiliar ha de ser con mayúsculas, sin paliativos ni atenuantes. No es admisible, ni de padres a hijos, ni de hijos a padres, ni en la pareja de adultos. Los hermanos pueden «pelearse», pero no ejercer violencia uno contra otro.

Ante cualquier conducta de violencia física o verbal debe rebajarse la tensión, solicitando calma y buenas formas, exigiendo respeto y capacidad para exponer criterios sin herir el sentimiento de los otros.
Si la situación se hace extremadamente violenta e imposible de reconducir, lo mejor es, para evitar frases o conductas de las que luego se arrepientan los interlocutores, invitarles a marcharse {esto dependería de si estamos en casa ajena o en la propia).

Es ante el primer acto evidentemente violento cuando hay que dar la voz de alarma, informando a otros familiares, a amigos, profesionales de servicios sociales, o a las fuerzas de seguridad o de la justicia. Porque una vez establecida la violencia intrafamiliar, resulta muy difícil extirparla.

Es fundamental ser intransigentes con la aparición de síntomas de violencia. El autodominio es una capacidad del ser humano; cabe frustrarse, discutir, debatir, encerrarse en el cuarto, dar una vuelta, todo menos dejarse vencer por la violencia, ya sea física o psíquica, contra objetos o personas.

Respeto, respeto, respeto es lo que debe reinar en un entorno en el que por el contacto que conlleva, puede dar lugar a roces y malos momentos, pero que siempre deben estar alejados de cualquier atisbo de violencia.

 

 

 

 

 

 

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