La Página de la Vida / www.proyectopv.org Página Principal

   Recibe tu Boletín            Vídeos             Libros, presentaciones, posts...

 
   
 
 
 
 
Búsqueda personalizada
 
 

 
 

Vivir con el cáncer

Bastantes tipos de cánceres tienen un pronóstico relativamente bueno si se inicia un tratamiento precoz. Por el contrario, hay ocasiones en las que el pronóstico es francamente malo, y se sabe que inevitablemente la persona que lo padece morirá en un plazo breve de tiempo. La cuestión está a veces en si es conveniente informar o no al paciente de la situación, si bien, en muchas ocasiones éstos ya sospechan que tienen una enfermedad incurable, a lo que suelen reaccionar psicológicamente a través de diversas fases.

En un principio aparece un shock emocional como consecuencia de saber que tienen una enfermedad terminal, incurable. Se genera una cierta situación de miedo o terror indefinido o referido a la misma muerte y al más allá, que cobra ahora una dimensión más importante. Generalmente esta etapa es breve, pero durante la misma puede aparecer una depresión. Más tarde se produce una segunda etapa caracterizada fundamentalmente por la negación de la enfermedad y sus consecuencias.

Estas personas piensan que en realidad tienen una enfermedad menos grave y hacen mucho caso de la menor fuente de esperanza que alguien les plantea. Pueden surgir entonces grandes deseos de hacer cosas, de hacer planes para el futuro, que realmente carecen de sentido práctico.

En una tercera fase se termina aceptando la situación, que las perspectivas vítales están francamente limitadas, y entonces, con cierta resignación, estas personas intentan adaptarse a la situación lo mejor que pueden y colaboran con el médico a la hora de paliar los dolores y otras consecuencias, muchas veces invalidantes de la enfermedad; si bien suele quedar una remota esperanza de curación que se basa en relatos excepcionales de confusiones diagnósticas o en la rápida invención de una terapéutica eficaz contra el tipo de cáncer que padecen.

Esta evolución, aun siendo la más típica, no es la que siguen todos los enfermos de un cáncer grave. A veces, la depresión se mantiene, sobre todo si no se inicia oportunamente un tratamiento adecuado para la misma. La ansiedad asociada al proceso, las molestias corporales, que a veces cursan con dolores verdaderamente intensos, y la falta de perspectivas futuras dan lugar a un profundo sentimiento de desesperanza por el cual, lo único que desean estos enfermos es que todo acabe cuanto antes. En estas circunstancias se puede llegar al suicidio.

En la familia del enfermo con un cáncer terminal también se producen ciertas repercusiones psicológicas, ya que tienen que enfrentarse con la realidad de la muerte, compartir el sufrimiento de estas personas, a veces durante períodos de tiempo prolongados, viviendo una cierta sensación de impotencia y de no saber bien cómo comportarse con el enfermo. También puede surgir en algunos casos sentimientos de culpa y ansiedad. Todo el proceso puede terminar suponiendo una sobrecarga emocional que se traduce en un deterioro del ambiente familiar; si bien, en otros, la enfermedad contribuye a la aproximación afectiva de los componentes de la familia. No es raro que surja algún cuadro depresivo en algunos de sus miembros durante el mismo período de la enfermedad o tras el fallecimiento de esta persona.

 

 

 

Menú de este tema

Home