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El yo frente al ambiente. Cómo ser tú mismo entre todo lo que te rodea

El ser humano siempre ha estado sometido a numerosos influjos por parte del ambiente en que normalmente se desenvuelve, de modo que éstos han influido en mayor o menor grado en la configuración y posterior desarrollo de su personalidad. En la actualidad, las influencias sociales han cobrado una mayor importancia debido a la extraordinaria expansión de los medios de comunicación social, que bombardean continuamente a cada persona con estímulos e informaciones que pueden influir notablemente en sus patrones de comportamiento.

A la vista de esta situación podemos pensar que no siempre es fácil continuar siendo nosotros mismos, mantenernos libres de las influencias sociales que podemos considerar nocivas o perjudiciales, juzgar libremente cada problema, actuar al margen de lo que haga la mayoría; es decir, mantener nuestro propio criterio, al margen de modas o grandes cambios sociales que no se ajustan a nuestro modo de ser y de pensar.

Las personas más vulnerables a este tipo de información o de mutaciones sociales son aquellas que todavía no han estructurado firmemente su personalidad, como ocurre con los niños y adolescentes y, en general, con las personas inmaduras. Estos suelen carecer de una escala sólida de valores, de objetivos vitales a largo plazo y de patrones de conducta suficientemente firmes, con lo que quedan al arbitrio de circunstancias externas como la opinión de los demás o la moda. Para ellos es bueno lo que hace la mayoría de la gente, ya que es «lo normal», y utilizan este argumento para guiar y justificar su comportamiento, lo que demuestra la ausencia de criterios propios.

También algunos psicópatas abúlicos, según Kart Shneider, se entregan sin resistencia alguna a todos los influjos externos, son personas sugestionables e inestables que se dejan conducir por cualquier persona o que actúan en cada época de su vida según los modelos más significativos del ambiente que los rodea. Para otros, el principal problema reside en poder actuar de modo distinto dentro de un grupo social. Son personas que no saben decir «no» en un momento dado, discrepar de una opinión, mostrar su disconformidad ante un hecho cuando se creen con toda la razón, etc., porque dan demasiada importancia a lo que los demás esperan de ellos, como si tuviesen un exagerado temor a defraudarlos, a la vez que dependen excesivamente de la opinión de los demás.

Son personas con trastornos «asertivos», es decir con alteraciones de la «asertividad» o habilidad social, lo que es especialmente frecuente entre las personas con una personalidad neurótica o inmadura. Por ejemplo, durante la adolescencia, es muy probable que un joven consuma drogas si se encuentra dentro de un grupo de amigos en que todos las van a consumir, a pesar de que crea que es algo que no debe hacer, que no le conviene, ya que sabe que si no lo hace será ridiculizado por los demás y marginado del grupo. El problema se acrecienta generalmente por la dificultad que tienen estas personas para expresarse sin herir los sentimientos de los demás, mediante un inteligente cuidado de la forma y una actitud diplomática, y por una falta de seguridad en sí mismos que se añade a la falta de criterios propios.

¿Es posible, entonces, ser uno mismo frente a todo lo que nos rodea? En principio, hay que pensar que sí es posible, a pesar de que el influjo de las circunstancias y el ambiente particular, y social en general, en el que nos desenvolvemos pueden ser muy poderosos. Para ello es necesario tener unos patrones firmes de comportamiento, conocernos a nosotros mismos, saber qué objetivos deseamos alcanzar a lo largo de nuestra vida, lo que conviene a nuestro particular modo de ser, un sentido de la responsabilidad y capacidad de juicio crítico para concebir el beneficio o perjuicio que determinados comportamientos nos pueden proporcionar en el futuro.

Todo esto no supone, sino todo lo contrario, la necesidad de adoptar actitudes rígidas, inflexibles e intolerantes hacia el ambiente en el que nos desenvolvemos: todo esto simplemente conduce a una capacidad para actuar libremente, fuera de presiones externas, con la tolerancia que procede de un cierto nivel de independencia y de satisfacción con uno mismo.

 

 

 

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