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PLANTAS MEDICINALES Y CURATIVAS

 

El mundo mágico de las Plantas

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Cola de caballo

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En otro apartado de la Web se encuentra el tema:

Curarse con las plantas medicinales

Cuando los alquimistas y boticarios preparaban pócimas para curar las dolencias más diversas, la materia prima la obtenían principalmente de las plantas. El desarrollo industrial del siglo XIX transformó las pócimas y brebajes en comprimidos, cápsulas y jarabes. Pero, la materia prima seguía obteniéndose de los vegetales.

A pesar de los avances de la medicina moderna, la inmensa mayoría de la población mundial sigue dependiendo de los remedios a base de plantas para curar sus enfermedades. En ciertas partes del mundo, este tipo de remedios puede ser prescrito por el hombre o mujer de ciencia del pueblo o por el chamán local. En otros lugares, tales como China o la India, existen conocidas tradiciones ancestrales sobre la utilización con fines curativos de determinadas plantas medicinales. En Occidente, hasta los años treinta, muchas de las medicinas dispensadas en las farmacias procedían de plantas y aún en muchas zonas de Europa ésta sigue siendo la norma.

Mientras que las enfermedades importantes siempre han sido tratadas por los especialistas, los trastornos menores han sido tratados tradicionalmente por la familia mediante la utilización de remedios que han ido pasando de generación en generación, de la misma manera que la receta favorita de las galletas de Navidad o de las sopas de invierno ha sobrevivido hasta hoy. Cada ama de casa tiene un repertorio de «curalotodos» para tratar las enfermedades de la familia. Además de una cura bastante potente contra la tos, los remedios preferidos de algunas abuelas eran el corazón de un cebolla para el dolor de oídos y ¡un calcetín izquierdo raído atado alrededor del cuello para las gargantas irritadas! Algunas de estas medicinas tradicionales se basaban en lo que ahora se reconoce como hecho científico, mientras que otras están más relacionadas con la curación basada en la confianza. Sólo cuando estos métodos caseros fallaban se buscaba al profesional para que aplicase soluciones más sofisticadas y caras. Las enfermedades, sobre todo las dolencias menores, eran tratadas dentro del círculo familiar.

Hoy en día, la vida es muy diferente. Hemos llegado al punto de esperar la rápida «bala mágica» suministrada por la medicina moderna. Incluso los trastornos comunes frecuentemente son motivo de una visita al médico para que los trate, en muchos casos, con fármacos innecesariamente fuertes que provocan la aparición de gran número de efectos secundarios. El resultado es que los trastornos son tratados superficial y sintomáticamente, de forma que, con mucha frecuencia, cuando el paciente deja de tornar la medicación el problema vuelve a aparecer. Las infecciones pueden responder de forma espectacular a los antibióticos, pero si son consecuencia de agotamiento y una constitución debilitada, por mucha cantidad de antibióticos que se administre no se conseguirá una solución definitiva.

El fallo de la actitud actual es que no nos sentimos responsables de nuestro propio bienestar. Muchos trastornos menores, con frecuencia, nos los provocamos nosotros mismos, con una dieta inadecuada, falta de ejercicio o «quemando la vela por los dos extremos». Los fármacos modernos pueden producir curas aparentes de forma rápida, pero no pueden solucionar los problemas que nosotros mismos, persistentemente, nos creamos.

Las plantas medicinales no sólo aportan un alivio de los síntomas. Más importante aún es el hecho de que ayudan al cuerpo a curarse a sí mismo. Consiste menos en una bala mágica y más en un aporte equilibrado para vivir mejor. No existe ninguna dificultad inherente en el hecho de elaborar y utilizar las plantas medicinales; es sólo que, en el mundo desarrollado, la mayoría de nosotros hemos perdido la habilidad de nuestras abuelas y bisabuelas de dar las cosas por sentadas. Hemos abandonado la sabiduría básica popular transmitida durante generaciones a favor de los fármacos sintéticos, los cuales posiblemente no resistirán la prueba del tiempo.

En este espacio exponemos una muestra de las muchísimas plantas que pueden ejercer un efecto terapéutico sobre el organismo. Tras una breve descripción de cada planta, se abordan los principios activos de la misma, su localización en los distintos órganos vegetales, su acción beneficiosa sobre el ser humano y su forma de preparación, en algún caso acompañada de su uso culinario. Hemos seleccionado las especies más conocidas popularmente, sin olvidar algunas especialmente tóxicas que deben conocerse para evitarse.

Además, sugerimos remedios sencillos para una gran variedad de trastornos. Este espacio no debe ser entendido como una guía definitiva, sino como una lista de consejos prácticos que, con experiencia, pueden adaptarse para cubrir las necesidades individuales. El primer paso y el más importante es aceptar que la buena salud se encuentra en nuestras propias manos, y si somos sensibles a nuestro equilibrio interior, frecuentemente podremos curar las enfermedades menores antes de que se conviertan en problemas mayores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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