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¿AÚN PUEDO TENER ESPERANZA DE QUE LA RELACIÓN CONTINÚE?

Con frecuencia muchas personas se plantean si aún pueden tener esperanza de que la relación de pareja continúe. Antes de formularnos esta pregunta, deberíamos haber respondido a otra interrogante, que es previa y, en gran medida, condiciona la respuesta anterior.

Sólo merece la pena hablar de esperanza en aquellos casos en que la relación afectiva nos ha llenado de felicidad, pero también de seguridad y equilibrio. Cuando la incertidumbre y la insatisfacción han sido las constantes de ese supuesto amor, ¿para qué queremos que continúe?, ¿para seguir sufriendo?, ¿para esperar, contra todo pronóstico, que la relación cambie y que la otra persona se transforme en lo que desearíamos y no en lo que es...?

¡Con qué frecuencia nos agarramos a relaciones equivocadas! Nos engañamos en un principio y, lejos de rectificar, pretendemos seguir engañándonos, reinventando los hechos, transformando la realidad y esperando imposibles.

 

Cuando la historia pasada nos ha traído dolor, un dolor inútil, causado no tanto por las situaciones adversas, sino por personas que sienten, analizan, valoran y priorizan de forma diferente, ¡no merece la pena alimentar la esperanza!

 

Por el contrario, cuando ambos hemos vivido una relación tan intensa como compartida, tan profunda de sentimientos como llena de generosidad, tan plagada de amor como de cariño, tan repleta de respeto como de admiración, ¡MERECE LA PENA VOLVERLO A INTENTAR!, y lo haremos con una única premisa: ¡QUE LOS DOS LO QUERAMOS!, que ambos estemos en el mismo punto de partida, que lo deseemos con la misma intensidad, que ninguno se sienta presionado ni condicionado por el otro, que el motor sea seguir haciendo crecer ese amor, que tanta felicidad nos ha proporcionado.

Cuando sintamos que la otra persona aún nos quiere como nosotros deseamos que nos quiera, y que nosotros seguimos sintiendo ese éxtasis, que sólo hemos alcanzado cuando hemos experimentado el amor que nos llena de plenitud, entonces podremos tener esperanza y pondremos todas nuestras energías para vivir, si cabe con más plenitud, ese amor que tanto nos llena.

Lo contrario no tiene sentido y, como antes comentábamos, las mujeres, con más frecuencia que los hombres, tienden a resistirse y les cuesta dar por terminada una relación que está condenada al fracaso. En un intento tan estéril como doloroso, desean que vuelva a crecer lo que hace tiempo se quemó, incluso lo que nunca llegó a germinar, o sólo existió en su imaginación.

 

Dejemos la esperanza para aquellas relaciones que pueden desembocar en amor compartido y en cariño mutuamente sentido; y alejémonos serenamente de lo que sólo puede conducirnos al dolor y al desencuentro.



En la misma línea, podemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿merece la pena intentarlo?

 

 

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