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REFLEXIONES SOBRE LA RELACIÓN DE PAREJA

¿Resulta tan difícil que las relaciones afectivas sigan siendo gratificantes para la pareja, a pesar del paso del tiempo, de la llegada de la rutina, de las dificultades de la convivencia, del final de la novedad y la pasión, de los problemas del día a día, de esa larga lista de responsabilidades y dificultades con las que tenemos que enfrentarnos en nuestras vidas...? Desde luego no es fácil, pero tampoco imposible.

Si tuviéramos que resumir en unas líneas nuestra valoración final, las conclusiones serían:

— Si aprendemos a observar, si reconocemos nuestras diferencias, si no esperamos imposibles, si actuamos desde el afecto profundo y positivo, pero también desde el realismo pragmático, ¡tenemos razones para sentirnos optimistas!

— Ya hemos comentado en espacios anteriores que el éxito de una relación no es su permanencia en el tiempo, sino la vigencia de los sentimientos y las emociones que nos llenan de felicidad y plenitud.

— Siempre habrá hombres y mujeres que no sepan amar, que sean incapaces de actuar con generosidad y equilibrio; en esos casos estaremos atentos a las «alarmas» que nos indican el peligro o el final irreversible de la relación. Resistirse y no aceptar lo inevitable constituye uno de los errores que hay que erradicar en nuestras relaciones.

— El final de una relación dolorosa siempre es el principio de una etapa de esperanza, pero no debemos ser impulsivos y actuar desde la impaciencia. No conviene empezar una nueva relación con las heridas abiertas, pues sangraríamos ante las primeras dificultades. Las heridas necesitan cicatrizarse, como las personas necesitan recuperarse de las emociones que les hicieron sufrir, y de los sentimientos que rompieron sus expectativas y acabaron con sus sueños.

— Desde aquí damos un SÍ con mayúsculas al amor de verdad, y un NO rotundo al engaño, a la manipulación y a la falta de respeto hacia la dignidad y los sentimientos de la pareja.

— Cuando una relación falla, no falla la naturaleza, falla la persona que no sabe amar. No es cierto que en el fracaso de una relación existan siempre dos culpables. Con frecuencia una de las personas ha hecho todo lo imposible por salvar ese sentimiento de afecto, que en un principio ambos parecían compartir, pero que el tiempo y los hechos demostraron que sólo uno de ellos lo experimentó; porque no sabe amar quien es incapaz de vivir desde la generosidad, desde la coherencia y desde la verdad.


A veces nos confundimos y nos engañamos en nuestro intento por encontrar el amor que buscamos. Es normal que nos ocurra, porque frecuentemente los deseos se imponen a las realidades.

 

 

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