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EL JUICIO DE SALOMÓN
El poder requiere sabiduría

EL RELATO BÍBLICO DEL JUICIO DEL REY SALOMÓN CONSTITUYE UN BRILLANTE EJEMPLO DE LA IMPORTANCIA DE LA HUMILDAD Y DE LA SABIDURÍA CUANDO TENEMOS LA RESPONSABILIDAD DE DIRIGIR  LAS RIENDAS DEL PODER. SALOMÓN GOBIERNA NO SOLO CON LA MENTE, SINO CON EL CORAZÓN; Y SU SABIDURÍA ES UN DON DE DIOS, PORQUE CARECE DE ARROGANCIA Y DE CODICIA. EN ESTE SENTIDO, CONSTITUYE UNA FIGURA RARA ENTRE LOS GOBERNANTES ANTIGUOS Y MODERNOS.
 
CUANDO murió el rey David, padre de Salomón, este se convirtió en rey de todo Israel. Y el Señor se apareció a Salomón en un sueño y le dijo:

—Pídeme lo que quieras. Y el rey Salomón le contestó:

—Has tenido gran misericordia con tu siervo, mi padre David. Ahora me has hecho rey, y solo soy un niño pequeño; no sé cómo debo entrar o salir. Dame, por lo tanto, un corazón comprensivo para juzgar a mi pueblo y para poder discernir entre el bien y el mal.

Y este discurso complació al Señor, que dijo:

—Como me has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, riquezas o la vida de tus enemigos, he obrado de acuerdo con tus palabras. Te he concedido un corazón sabio y comprensivo.

Y Salomón se despertó de su sueño.

Posteriormente acudieron a verle dos mujeres que eran rameras y las condujeron ante él. Y la primera mujer dijo:

—Oh Señor, esta mujer y yo moramos en la misma casa; y yo tuve un hijo en esa casa. Y sucedió que al tercer día del parto, esta mujer parió también. Estábamos juntas y no había ningún extraño con nosotras en el lugar. Y el hijo de esta mujer murió durante la noche. Ella se levantó a medianoche y se llevó a mi hijo de mi lado mientras dormía, y dejó a su hijo muerto sobre mi pecho. Y cuando me levanté por la mañana para dar de mamar a mi hijo, oh sorpresa, estaba muerto. Pero cuando me detuve a pensarlo bien, supe que no era mi hijo.

Y la segunda mujer dijo:

—No, el niño vivo es mi hijo, y el muerto es el tuyo. Y la primera mujer dijo:

—No, el muerto es tu hijo, y el que vive es el mío. Y así continuaron peleando delante del rey. Entonces Salomón dijo:

—Una de vosotras dice: «El que vive es mi hijo», y la otra dice: «No, es mi hijo el que vive». ¡Traedme la espada!

Y trajeron una espada ante el rey. Y Salomón dijo:

—Dividid la criatura en dos, y dadle la mitad a una, y la otra mitad a la otra.

Entonces habló la primera mujer;

—Oh Señor, ¡dadle a ella la criatura y no la matéis de ningún modo! Pues prefiero que viva aunque no lo tenga conmigo antes de que sufra algún daño. Pero la segunda mujer dijo:

—No, que no sea ni para mi ni para ti, ¡divididle! Entonces el rey dijo;

—Dad la criatura a esta primera mujer, y no lo matéis, pues ella es su madre. Y todo Israel supo del juicio que el rey había hecho, y todos le temieron, porque vieron que la sabiduría divina moraba en él.

 

COMENTARIO: El poder —sea político, financiero social o emocional— conlleva, una, gran responsabilidad, como nos ilustra el relato bíblico del rey Salomón. Este sabe muy bien que un rey no es nada sin aquellos que gobierna; su pueblo es más importante que su propia gloria. Por eso, cuando Dios le pregunta, qué don desea, pide un juicio esclarecido para poder gobernar a su pueblo con prudencia. Desgraciadamente, la humildad que muestra Salomón en el momento que hereda el trono se echa de menos en muchas personas que se hallan en posiciones de poder, tanto en el mito como en el mundo real. Muy bien podríamos preguntarnos en qué clase de mundo viviríamos si los que están por encima de nosotros tuvieran aunque fuese un poco, de la sabiduría de Salomón.

El fundamento del famoso juicio de Salomón no reside en si se debe declarar la guerra, si hay que subir o bajar las tasa de interés o si se van a subir los impuestos. Gira alrededor de la desdicha de dos mujeres corrientes, una de las cuales ha perdido un hijo. Este es el asunto central del gobernar, pues si no podemos molestarnos por las preocupaciones cotidianas y emocionales de nuestros congéneres, quizá no tengamos ningún derecho a reclamar una posición de poder. A menudo es característico de posiciones sociales elevadas quedar gradualmente aislados de la vida que fluye a nuestro alrededor y dejar de comprender las cosas que hacen llorar o reír a otros seres humanos. Muchas personas que han alcanzado metas importantes en el mundo se han olvidado, de algún modo, de lo que significa estar pendientes de un niño, de sentirse tristes por la pérdida de una mascota o de sonreír ante una bella puesta de sol. La famosa sabiduría de Salomón no se basa en el poder militar ni en la perspicacia financiera, sino en su comprensión del amor, pues es capaz de ver claramente que la madre del hijo vivo es la que prefiere renunciar al niño antes que verlo sufrir.

El mundo no es un lugar perfecto, ni los seres humanos somos perfectos. La sabiduría de Salomón no es algo que podamos esperar alcanzar, excepto quizá en vislumbres momentáneos al tomar una decisión. Debemos tratar de acordarnos de a quién y a qué servimos en verdad, cuando reclamamos el título de gerente, director, miembro del parlamento, presidente o primer ministro.

Debido a la profunda implicación del juicio de Salomón, este se gana el respeto de todo su pueblo y consigue gobernar sin revoluciones ni rebeliones. He aquí un claro mensaje para aquellos que han trabajado en puestos de poder y se han sentido amenazados por temor a perder lo que han ganado. A menos que el poder sea moderado, e incluso quizá motivado, por un espíritu de humildad y un deseo auténtico de servir, no podrá durar mucho y habrá sufrimiento para todos.

 

 

 

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