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ULISES Y PENÉLOPE
Creer el uno en el otro a pesar de todo

 
EL MATRIMONIO DE ULISES Y PENÉLOPE ES SOLO UNA PEQUEÑA PARTE DE UNA GRAN SAGA DE LA GUERRA DE TROYA. PERO CONSTITUYE UNA NOTABLE REPRESENTACIÓN MÍTICA DE LA LEALTAD Y DE LA FE QUE PUEDEN EXISTIR EN UN MATRIMONIO, A PESAR DE LAS PRUEBAS Y TENTACIONES QUE PUEDAN ASALTARLES A AMBOS.
 
 
ULISES y Penélope, gobernantes del reino insular de Ítaca, se alegraron del nacimiento de Telémaco, su único hijo. Cuando se le llamó para luchar en la guerra de Troya, Ulises no estaba de acuerdo en dejar a su joven esposa y a su niño para ir a una guerra que preveía larga y ardua; de modo que fingió estar loco. Por eso, cuando los jefes guerreros Agamenón y Palamedes arribaron a la rocosa isla para pedirle que se uniera a ellos, lo encontraron ocupado sembrando sal en los campos que estaba arando con un asno y un buey uncidos juntos. El astuto Ulises tenía la esperanza de que esto los persuadiría de que estaba loco e incapaz para luchar. Pero Palamedes era más astuto todavía y, cogiendo al niño Telémaco, lo colocó en el camino del arado. La rápida reacción de Ulises para salvar a su hijo probó que no estaba loco, después de todo, y a regañadientes se tuvo que unir a la flota que partió hacia Troya.

La cruenta guerra de Troya se prolongó durante diez años. Cuando por fin Ulises logró iniciar su vuelta a casa, se le interpusieron más obstáculos todavía durante el viaje de regreso. De forma inadvertida ofendió a Poseidón, y el dios del océano envió muchas tormentas y vientos para hacer que el barco de Ulises perdiera el rumbo. Tuvo que superar numerosas pruebas y tentaciones, y durante algún tiempo lo sedujeron los encantos de la maga Circe, de la bella ninfa Calipso y de la princesa Nausícaa. Pero, por encima de todo, en su mente siempre estaban presentes su esposa y su hijo; y aunque le llevó otros diez años, finalmente logró completar su viaje a casa.

Entre tanto, Penélope se mantuvo en la esperanza de que su amado esposo lograría regresar con ella y con Telémaco. Durante su ausencia se presentaron muchos pretendientes en Ítaca, tratando de persuadirla de que abandonase la esperanza de volver a ver a Ulises y se casara con alguno de ellos. Todos codiciaban el reino de la isla. Y Penélope era todavía muy hermosa. Tuvo que hallar un modo de rechazar a los pretendientes (algunos dicen que fueron no menos de ciento doce), por lo que prometió que, una vez hubiese terminado de tejer un sudario para su suegro, elegiría a uno de ellos. Sin embargo, aunque trabajaba intensamente en su tejido durante el día, por la noche deshacía secretamente el trabajo que había hecho, de modo que nunca completaba su tarea. Aunque era difícil seguir creyendo en el regreso de Ulises después de veinte años, Penélope se las arregló para mantener su fe y lealtad, y fue recompensada con el definitivo regreso de su esposo y su feliz reunión.

 

COMENTARIO.

El mito de Ulises y Penélope muestra una relación capaz de resistir el paso del tiempo, las tentaciones y la separación prolongada. Pero esto es solo porque ambas personas mantienen su fe el uno en el otro, rehusando desprenderse de sus ideales comunes. Ambos son sometidos a grandes pruebas y, de vez en cuando, también ambos cometen errores. En algunas versiones del mito, tanto Penélope como Ulises ceden a otros amores, lo que quizá sea comprensible, teniendo en cuenta su separación durante veinte años. Sin embargo, su amor y dedicación mutuos y hacia su hijo los une de manera absoluta y los sostiene a ambos a lo largo de tiempos tan difíciles. En La Odisea, la gran epopeya de Homero, Ulises hace que sus pensamientos sean para Penélope y Telémaco siempre que se encuentra en peligro de quedarse con alguna de las diversas mujeres que lo tientan a lo largo del viaje. Podrán conseguir seducirlo pero, en realidad, no pueden tocar su corazón porque este ya tiene dueño.

La imagen de Penélope tejiendo ha captado la imaginación de los lectores durante más de dos mil años. Se trata de un sudario que teje de día y que deshace de noche. ¿Qué podría significar esto como imagen de su lealtad, a pesar de que le ofrecen compañía capaz de mitigar su soledad? El sudario refleja el motivo de la muerte: la muerte del amor, el olvido del pasado, el final de anteriores lazos y apegos. Aunque cuando todos la ven continúa con su trabajo, al quedarse sola lo deshace, rehusando renunciar al amor, al recuerdo y al pasado entretejido que comparte con su esposo ausente.

Tejer es también una imagen arquetípica de la vida misma; un paño hecho con muy diversos hilos, experiencias, sentimientos y acontecimientos. Todos tenemos nuestra propia historia, que comenzamos a tejerla al nacer y la terminamos al morir. Penélope rehúsa aceptar que el paño tejido que representa su vida anterior esté concluido. No mira ni al pasado ni al futuro. Vive el aquí y el ahora, leal a sus instintos y sentimientos, rehusando verse obligada a acabar can la esperanza y, no obstante, desistiendo igualmente de caer presa de fantasías infructuosas. De hecho, vive total y definitivamente en el momento, y el pretexto del sudario es solo un medio de protegerse de ser importunada por los pretendientes. Esta capacidad de tomar cada momento como viene, y permanecer leal a su propio corazón, a pesar de lo que los demás digan qué es la realidad, puede que sea la verdadera clave de la resistencia de este matrimonio mítico. En cuanto a Ulises, el pensamiento de su esposa e hijo lo mantienen alineado con sus valores y deseos más profundos. Por lo que a Penélope se refiere, la capacidad de permanecer tranquila y serena en el momento, rehusando decirse a sí misma: «El amor se ha terminado», es algo en lo que tendremos que trabajar seriamente si queremos encontrarlo. La naturaleza del amor desafía al tiempo, a la distancia y a la pérdida física; y, junto con un arte sublime y algunos momentos de visión mística, es quizá lo único que nosotros los mortales podemos experimentar que posea la capacidad de ofrecernos una vislumbre de lo eterno. Si podemos encontrarlo, aun cuando sea durante breves momentos, en el marco de una relación estrecha, puede que hayamos descubierto uno de los grandes secretos de la inmortalidad.

Sería también interesante investigar qué es lo que permite que estas dos figuras míticas se mantengan mutuamente fieles. ¿Habría sobrevivido el amor de Ulises y Penélope a la vida diaria en Ítaca durante veinte años?, ¿o tal vez fueron los ideales de ambos, nutridos por la ausencia y el anhelo, los que les ayudaron a mantener vivo el romance? En El Profeta, Jalil Gibrán (1883-1931) dice respecto al matrimonio:

Deja que haya espacios en tu unión...
Y permaneced juntos aunque no demasiado cerca uno de otro.
Pues los pilares del templo se mantienen separados,
y el roble y el ciprés no crecen bajo su mutua sombra.

 

 

 

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