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¿CÓMO DESARROLLAR UN PROYECTO EDUCATIVO FAMILIAR?

Para desarrollar un proyecto educativo familiar es preciso:

Formarnos como padres

Muchos padres no saben cómo actuar y no están preparados para educar. Mucho cariño, buena voluntad, algunos criterios personales y los esquemas que les transmitieron los suyos es todo el bagaje con el que algunos acceden a esta importante tarea. Otros tienen un arte especial y, sin haber pasado por un proceso de formación, consiguen solventar, airosamente, la educación de sus hijos, incluso en las etapas más críticas; para ellos es suficiente. Pero muchos, la mayoría, se mueven en un mundo de inseguridades y, a veces, de culpabilidades; para ellos la información y la orientación son necesarias.

¿Por qué mi hijo es desobediente? ¿Por qué provoca situaciones difíciles? ¿Cómo se aprenden las conductas? ¿Qué debo hacer para conseguir que mi hijo tenga un buen comportamiento? Estas pueden ser algunas de las preguntas que nos surgen cuando las dudas nos acechan. Comprender cómo nuestros hijos han aprendido sus conductas, cómo podemos actuar para inculcarles un comportamiento positivo, cómo proceder para modificar sus conductas negativas, nos ayudará a desarrollar unos criterios más claros de actuación, y así aprenderemos a educarles.

Hoy la formación es un objetivo importante en nuestras vidas, nos preparamos para realizar muchas tareas, incluso algunas que jamás llevaremos a cabo; sin embargo, no nos preparamos para desempeñar la más importante, aquella que todos —o la mayoría— vamos a tener que realizar: la educación de los hijos.

Educar es una ciencia y un arte; como ciencia, le debemos dedicar tiempo para aprenderla y prepararnos. Nuestros padres actuaban por intuición y les era suficiente; hoy la educación es diferente y requiere de una formación humana y de un conocimiento espiritual (si es que ambas variables no se consideran la mismo) que haga que la acción educativa sea más eficaz. Ésta será, sin duda, la que mejores resultados nos ofrezca y la que más problemas evite. Si nos preparamos podremos tener más recursos para transmitir mayor calidad educativa en menor cantidad de tiempo.

¿En qué formarse? Debemos aprender sobre: las características evolutivas de los hijos a las distintas edades; la educación en los valores que queremos transmitir; las reglas del saber estar, las normas de la convivencia familiar; cómo se aprenden las conductas y cómo actuar para enseñar conductas positivas a los hijos; temas relacionados con la educación afectiva, la sexualidad, el desarrollo de las capacidades, la inteligencia emocional; cómo fomentar la autoestima; y tantos otros temas, más concretos, que obedecen a momentos, circunstancias o problemas puntuales.

¿Dónde formarse? Sin duda en los libros; cada día hay más y mejores libros que quieren contribuir a la orientación familiar, pero también en revistas, en páginas web relacionadas con escuelas de padres. Si necesitamos mayor ayuda porque somos conscientes de que algo estamos haciendo mal, podemos recurrir a los grupos de «escuela de padres», en los que, bajo la asesoría de un orientador o psicólogo, se transmite formación al mismo tiempo que se ayuda a desarrollar habilidades educativas.

 

Definir qué queremos transmitir a los hijos

Cuando dos personas han decidido tener hijos y formar una familia, deben empezar a pensar en cómo quieren educarles. Hoy, que vivimos en una sociedad plural, es fundamental que la pareja defina y dibuje la identidad que quiere para su familia. Es conveniente que padre y madre reflexionen conjuntamente para que existan unas mismas directrices en los procedimientos educativos que ambos desarrollen, así los hijos aprenderán unos referenciales que les darán seguridad en su vida. La educación familiar no debe ser meramente solventar lo mejor posible las situaciones que se presentan; debe dar una dirección a los actos de la vida diaria para que el hijo aprenda primero conductas positivas, y adquiera comportamientos adecuados en los distintos ámbitos en los que se desenvuelve, que, con el tiempo, se conviertan en hábitos y que a su vez generen actitudes. Tener un proyecto educativo familiar no significa que los hijos se deban ajustar a nuestras expectativas, supone, por el contrario, enseñarles a crecer, ayudarles a ser responsables y libres, para que llegue un momento en que sean capaces de elegir por sí mismos.

La educación familiar debe partir de unas creencias, unos contenidos de formación que den respuesta a preguntas como: ¿qué significa una familia para nosotros? ¿Cómo queremos que sea nuestra familia? ¿Cuáles son los valores que queremos para nuestros hijos? ¿Qué deseamos para nuestros hijos? ¿Qué deseamos de nuestros hijos? ¿Cómo son en realidad nuestros hijos? ¿Cuáles son sus fortalezas y sus limitaciones?

A partir de las creencias, el proyecto de educación familiar se concreta en unas metas, unos procedimientos, una forma de interacción padres-hijos.

 

 

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