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QUÉ NECESITA EL ALUMNO DISLÉXICO

• Un colegio cuyo proyecto educativo contemple el tratamiento a la diversidad y respete, desde el diseño general, las diferencias individuales y los distintos niveles y ritmos de aprendizaje. La escuela que quiere atender a la diversidad precisa una organización que favorezca tal diseño, así como medios e instrumentos que faciliten la labor educativa personalizada. Conocer a los alumnos, sus capacidades y niveles de aprendizaje y detectar las posibles dificultades es el primer paso para entender las peculiaridades del disléxico. La forma de demostrárselo es ofrecerle estrategias educativas, a partir de sus dificultades, que le lleven a progresar en su proceso de aprendizaje, aunque en determinados aspectos no llegue al nivel de los otros niños.

• Un programa adaptado en lengua. En esta área precisará adaptación curricular. La eficacia lectora del disléxico siempre va a estar por debajo del nivel medio del curso, su velocidad será más lenta, pero, con el tiempo, cuando vaya progresando en automatizar el nivel de descifrado, adquirirá ciertas habilidades que le llevarán a una comprensión aceptable, sobre todo cuando realice lectura interior. Su problema de memoria visual inmediata le llevará a tener dificultades con la ortografía no reglada. Su letra y la organización del espacio gráfico supondrán un problema para él, ya que el aspecto de su trabajo será más desorganizado. La evolución en estos apartados del área de lengua será más lenta y el profesor deberá procurar su progreso ajustando niveles y aceptando como normal el desfase.

• En el resto de las áreas no necesitará adaptación curricular, pero sí adecuación a su nivel de desarrollo de la lectoescritura. El alumno disléxico será capaz de comprender y procesar los programas a un nivel oral, sus dificultades se concretan cuando debe utilizar el lenguaje escrito y ahí es donde requerirá ayuda. El nivel de ayuda que precise irá relacionado con que le facilitemos medidas extraordinarias cuando las requiera, para aprender y para demostrar lo que sabe. Tendrá dificultades para el aprendizaje del currículo a través de los libros. Para el disléxico será muy importante que se entere bien de la explicación oral que el profesor da, por lo que será conveniente que esté situado en los primeros pupitres para facilitarle la atención y para que aquél pueda comprobar mejor el nivel de aprendizaje que va adquiriendo a partir de lo explicado. Tendrá dificultades con la realización de las tareas; precisará que la vía de aprendizaje no sea única y, fundamentalmente en el lenguaje escrito, sería bueno que se le permitiera demostrar lo que sabe con gráficos, esquemas... Si ha sido entrenado puede ser creativo y expresar lo que sabe de forma no convencional.

Si debe utilizar la vía escrita siempre mostrará peor lo que sabe (su respuesta será escueta y con errores de letras, de ortografía y grafía) y necesitará más tiempo. La información que recibe por cauce escrito no siempre la entiende, el profesor debe comprobar que comprende las tareas o los controles, que realmente sabe lo que debe hacer o lo que se le pregunta, ya que no siempre capta el mensaje de lo escrito y tiene facilidad para inventar lo no entendido y, a veces, lo inventado no corresponde con lo que el escrito dice. Le cuesta preguntar dudas, para no evidenciar sus dificultades.

Requiere que la información nueva se le repita más de una vez, se desorienta fácilmente y se cansa porque su trabajo le supone un sobreesfuerzo, esto le lleva a tener distracciones que dificultan el éxito. Necesitará ayuda para relacionar los conceptos nuevos con las experiencias anteriores. Puede requerir más práctica que un estudiante normal. Necesita más tiempo para organizar sus pensamientos, para terminar sus tareas, para realizar los controles.

Tiene facilidad para determinadas asignaturas, como la música, las artes plásticas, el teatro, el diseño, los deportes, la mecánica, etcétera.

• Programas de apoyo que le ayuden a progresar en sus déficits específicos. Deberán estar ajustados al nivel de evolución en que el niño se encuentra (no hay dos niños que requieran exactamente el mismo programa). Es conveniente que se trabajen al unísono los distintos déficits que el niño presenta, siguiendo una progresión gradual, al mismo tiempo que las habilidades de aprendizaje deficitarias; es fundamental que vuelva a aprender la lectoescritura (sobreaprendizaje), pero utilizando una metodología multisensorial, adecuada a su ritmo de aprendizaje, dando pasos pequeños, para realizarlo sin errores, que le facilite el éxito en cada paso. Las clases tienen que ser entretenidas y divertidas para el niño (juegos, trabajos manuales, canciones ...); nunca se deberá repetir la situación de estrés que el niño vive en el aula.

Un clima de comprensión por parte de los profesores; de entendimiento y aceptación de sus características y dificultades de aprendizaje. El profesor le manifestará unas actitudes y comportamientos de ayuda, demostrándole que entiende su estilo de aprendizaje y que le favorece con recursos que le ayudarán a aprender, a adquirir un buen concepto de sí mismo y a solucionar la frustración. El profesor deberá estimular al alumno disléxico cuando se encuentre ante situaciones de fracaso (un suspenso, una llamada de atención...), motivarle para que el desánimo no le lleve a «pasar» de aprender. Es importante hacer observaciones positivas sobre sus trabajos, transmitirle esperanza en que puede realizarlos mejor, hay que ayudarle a que comprenda sus dificultades; no se le debe someter a una situación de evidencia pública de sus errores si lo pasa mal (leer en voz alta, comentarios en alto sobre sus resultados...).

Es importante tener en cuenta que entenderle no es ser débil con él. Hay que ser exigente, pero respetando su situación de aprendizaje, su ritmo y su rendimiento. No se le debe consentir caer en la desgana y la falta de esfuerzo. Es importante ayudarle a evitar la frustración y los mecanismos de defensa para evitar el enfrentamiento.

 

 

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