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DISTINTOS TIPOS DE PADRES SEGÚN SU ACTITUD

Algunos padres influyen de manera muy negativa en el comportamiento que su hijo pueda tener hacia ellos. Otros no se sienten capaces de llevar a cabo su labor. Los hay que no están dispuestos a cambiar en nada su vida, a complicársela. Por fin, menos mal, están los padres que se ponen a la tarea, entendiéndola como misión y ocasión de disfrutar, de ilusionarse con la vida y transmitir esa ilusión a sus hijos.

 

Padres inmaduros

Hay hombres y mujeres que aspiran a disfrutar del tiempo sin percatarse de que son adultos, de que son padres, que de ellos se demanda madurez personal, de pareja y colectiva, capacidad de análisis, de reflexión, de cuestionamiento, de afrontamiento, de asunción. Madurez para entender que las soluciones —como los problemas— vienen de uno mismo y de su entorno.

Se está generando un tipo de violencia hacia los hijos por omisión, por defecto. Es la violencia de dar demasiado para no tener que dar. Permitir sin topes. Tolerar para no dejar ver el miedo que tienen algunos padres a ser adultos y veraces.

Progenitores con personalidades infantiles que no propician que sus hijos maduren, o que, desde ese estatus, hacen a sus hijos asumir el papel de «padres de sus padres».

Es característico, en este caso, poner a los hijos en situaciones en las que tienen que consolar y apoyar, de manera crónica, a los padres con problemas, convirtiendo a los menores en «el hijo que quería salvar a sus padres».

 

Padres sin tiempo para los hijos

Se oye mucho la expresión: «Les dedico poco tiempo, pero de calidad». La mujer, con su incorporación al mundo laboral, ha restado mucho tiempo de dedicación a sus hijos. El varón ha de implicarse en la educación de sus descendientes. Todo ello obliga a utilizar, sin sentimientos de culpabilidad, los ratos libres que quedan (a diario, los fines de semana, en vacaciones) en actividades compartidas. Se ha de primar la calidad e intensidad de las relaciones.

Bueno es que el tiempo sea de calidad, pero se precisa un mínimo todos los días, fundamentalmente a primera y a última hora de la jornada.

El excesivo trabajo de los dos padres y las obligaciones profesionales y sociales conllevan fatiga, estrés, angustias. Hay que procurar equilibrar exigencias: ganar el dinero suficiente, pero no dedicar todo el tiempo a ganar dinero. Debemos preguntarnos si lo que deseamos es triunfar como profesionales o como padres: ¿qué anteponemos?

Los padres que no pueden, no saben, o no quieren dedicar más tiempo a la relación con los hijos, los matriculan en múltiples actividades, son los llamados «niños-agenda», con todas las horas programadas en actividades funcionales y ajenas al hogar. Una sociedad cada vez más compleja requerirá niños más preparados, con conocimientos técnicos, de idiomas.... pero no hemos de formar esponjas de actividades e información.

En en este sentido podemos encontrar un nuevo patrón: los padres hiperactivos, que son producto de la propia ignorancia y de nuestro tiempo, pues están rodeados de tecnología, de altas expectativas y de un mercado que les dice qué hacer para ser "buenos padres"; en este contexto, el término promedio ya no es aceptable y los incita a la búsqueda de la excelencia. La idea rectora de los padres hiperactivos es darles a sus hijos una niñez perfecta. Sin embargo, los estudios demuestran que la exposición a una saturación de actividades organizadas tiene efectos negativos en la personalidad y el desarrollo intelectual de los niños, como por ejemplo la pérdida de la capacidad de tomar decisiones propias, así como el no poder desarrollar la creatividad y la individualidad. Los padres deben propiciar un balance entre los quehaceres y las tareas de sus hijos.

Hemos acelerado la vida, exigimos un aprendizaje precoz. Estamos robando a los niños su tiempo. El niño tiene derecho a no hacer nada muchas veces, aunque sea aburriéndose.

Consecuencia también de la falta de tiempo y dedicación a los hijos son los llamados «niños-llave» (muchos de ellos, hijos únicos), que, al regresar a casa, pasan muchas horas solos, sin pautas, sin normas, viendo series de televisión, hasta que llegan sus padres, lo que da lugar a muchos casos de depresión, de fracaso escolar, de rebeldía y de violencia, de tiranía hacia padres y maestros.

 

 

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