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APRENDER A CONTROLAR LA MICCIÓN

En la mayoría de los casos lo que se hace en el seno familiar para facilitar el aprendizaje es suficiente para que el niño desarrolle todas y cada una de las sorprendentes habilidades que adquiere en los primeros años de su vida. Le ayudamos cuando le permitimos que nos vea usar el baño; cuando le sentamos a él después de las comidas, momento en que es más probable que tenga ganas de evacuar; cuando, ya sin pañal, le corregimos por hacerse pis encima y le elogiamos cuando lo hace en el baño; cuando le pedimos que aguante un poquito (minutos) antes de atender la urgencia urinaria. Sin embargo, le impedimos aprender cuando el niño ya controla de día y le sugerimos que vaya al baño frecuentemente; o cuando le ponemos ropa que a él no le es fácil desabrochar, cuando le restringimos los líquidos por la tarde o la noche o cuando, temerosos de que se moje, por razones propias de los adultos (prisas, o no disponer de ropa de recambio) le sugerirnos que vaya al baño.

En este asunto, la recomendación del psicólogo a los padres es simple Y general: estad tranquilos y confiados, vuestro hijo aprenderá tarde o temprano, los niños no son igual de rápidos en todo y unos son más precoces que otros. Pero es obvio que hay que ocuparse de ellos y facilitarles el aprendizaje. Lo cómodo es que aprendan rápido porque nos hacen a los adultos la vida más fácil, pero queremos hijos y criarlos estando cerca de ellos para que logren lo que sin duda desean: crecer. Por tanto, desear que los niños se comporten como adultos, ponerse nervioso por sus pequeños fracasos o impacientarse, no acarrea más que infelicidad propia y para quienes nos rodean.

 

 

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