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LA RELACIÓN CON UNO MISMO Y EN LA PAREJA EN LA ILUMINACIÓN

Cuando uno es plenamente consciente, ¿sigue teniendo necesidad de una relación? ¿Se siente aún el hombre atraído hacia una mujer? ¿Se siente la mujer aún incompleta sin un hombre?

Iluminado o no, sigues siendo un hombre o una mujer, de modo que en lo relativo a tu identidad en la forma sigues estando incompleto. Eres la mitad de un todo. Esta falta de totalidad se siente como atracción hombre-mujer, el tirón hacia la energía de la polaridad opuesta, por muy consciente que seas. Pero, en el estado de conexión interna, sientes ese tirón en la superficie o en la periferia de tu vida. En ese estado, cualquier cosa que te ocurra la sientes así. La totalidad del mundo se parece a las olas en la superficie de un vasto y profundo océano. Tú eres ese océano y, por supuesto, también eres la ola, pero una ola que ha tomado conciencia de su verdadera identidad como océano. Comparado con la inmensidad y profundidad oceánica, el mundo de las olas no es demasiado importante.

Esto no significa que no te relaciones profundamente con los demás o con tu pareja. De hecho, sólo puedes relacionarte profundamente si eres consciente de Ser. Viniendo del Ser, eres capaz de concentrar la atención más allá del velo de la forma. En el Ser, hombre y mujer son uno. Puede que tu forma siga teniendo ciertas necesidades, pero el Ser no tiene ninguna. Ya es completo y total. Si esas necesidades se satisfacen, es muy hermoso, pero no supone ninguna diferencia para tu estado interno profundo. Por eso es perfectamente posible que una persona iluminada, si no satisface la necesidad de una polaridad masculina o femenina, sienta que le falta algo o que está incompleta en el nivel externo de su ser, y al mismo tiempo puede estar totalmente completa, satisfecha y en paz por dentro.

 

En la búsqueda de la iluminación, ¿el hecho de ser gay es una ayuda, un obstáculo, o es indiferente?

Al acercarte a la edad adulta, la incertidumbre respecto a tu sexualidad, seguida de una toma de conciencia de ser «diferente» a los demás, puede obligarte a desidentificarte de los patrones de pensamiento y conducta socialmente condicionados. Esto elevará inmediatamente tu nivel de conciencia por encima del de la mayoría inconsciente, cuyos miembros asumen sin cuestionar todos los patrones heredados. En este sentido, ser homosexual puede ser una ayuda. El hecho de ser marginal en alguna medida, alguien que no «encaja» con los demás o que es rechazado por ellos por la razón que sea, te hace la vida difícil, pero también te da cierta ventaja en lo relacionado con la iluminación. Te saca de la inconsciencia casi por la fuerza.

Por otra parte, si a continuación desarrollas un sentido de identidad basado en la homosexualidad, has escapado de una trampa para caer en otra. Asumirás funciones y representarás papeles dictados por la imagen mental homosexual que tienes de ti mismo. Caerás en la inconsciencia. Te volverás irreal. Debajo de la máscara de tu ego, serás muy desgraciado. Si esto llega a ocurrirte, el hecho de ser homosexual puede convertirse en una traba. Pero siempre tendrás otra oportunidad, por supuesto. La infelicidad aguda puede ser un gran despertador.

 

¿No es cierto que necesitas tener una buena relación contigo mismo y quererte antes de poder tener una relación satisfactoria con otra persona?

Si no puedes sentirte a gusto cuando estás solo, buscarás una relación para remediar tu inquietud. Puedes estar seguro de que la incomodidad reaparecerá bajo otra forma dentro de la relación, y probablemente pensarás que tu pareja es responsable de ello.
Lo único que tienes que hacer es aceptar plenamente este momento. Entonces puedes estar cómodo en el aquí y ahora, permanecer a gusto contigo mismo.

Pero ¿necesitas tener una relación contigo mismo? ¿Por qué no puedes simplemente ser tú mismo? Para tener una relación contigo mismo te divides en dos: «yo» y «mi mismo», sujeto y objeto. Esta dualidad mental es la causa fundamental de toda la complejidad innecesaria, de todos los problemas y conflictos de tu vida. En el estado de iluminación, tú eres tú mismo: «tú» y «tú mismo» se funden en uno. No te juzgas, ni sientes pena por ti, ni te sientes orgulloso de ti, ni te quieres, ni te odias, etc. La división causada por la conciencia autorreflexiva queda sanada, la maldición desaparece. Ya no hay un «yo» que tengas que proteger, defender o alimentar. Cuando estás iluminado, hay una relación que dejas de tener: la relación contigo mismo. Una vez que has renunciado a ella, todas las demás relaciones serán relaciones de amor.

 

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